Las emociones en la formación de niños y adolescentes

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Un día de 1978, Melburn A. McBroom, experimentado piloto estadounidense, y quien ya era conocido por ser un piloto autoritario que tenía atemorizados a quienes trabajaban con él, debía aterrizar el avión en el que llevaba más de 185 personas a bordo.

Pocos minutos antes de llegar al aeropuerto de Portland detectó un problema en el tren de aterrizaje que lo obligó a dar vueltas sobre la pista mientras intentaba compulsivamente que el mecanismo se activara. Los copilotos le tenían muchísimo miedo a McBroom y no se atrevieron a ayudarle por temor a sus ataques de ira. Luego de perder todo el combustible, el avión se estrelló: murieron 10 personas y más de 175 quedaron heridas de gravedad.

Este accidente está catalogado como uno de los más trágicos en la historia de la aviación estadounidense y ha servido de referencia para fortalecer la formación de nuevos pilotos. La tripulación tuvo graves dificultades a la hora de gestionar los impulsos emocionales, comunicarse con asertividad y empatía, así como manejar el estrés y resolver problemas de forma flexible.

Hechos como este ocurren a diario cuando no se logran incorporar las emociones en lo que se hace. Probablemente no haya muertos, pero sí ocurren pérdidas en las relaciones familiares y sociales, descensos en la productividad, e incapacidad para aprender y tomar las decisiones necesarias.

¿Por qué se condenan las emociones?

Lamentablemente es usual que se condene la capacidad de emocionarse y se vea como algo que se debe ocultar y que obstaculiza el desarrollo. En la antigua Grecia se planteaba que las emociones podían afectar el juicio y, por ello, tenían que estar controladas por la conciencia.

En la Edad Media se pensaba que la parte racional del alma estaba en lucha para controlar los deseos y los apetitos humanos, pero, dada la incapacidad de hacerlo, se debía hacer penitencia y controlar las emociones.

Acerca del mundo emocional, el filósofo francés René Descartes enseñó que las emociones son un tipo de pasión y estas hacen que el juicio sea confuso. Desde su perspectiva, la conducta humana es el resultado del alma racional, mientras que la conducta impulsiva (irracional) es propia de las emociones.

De esta concepción se desprenden expresiones sociales como ™tú eres muy emocional∫ como símbolo de fragilidad y debilidad, con lo cual se aprende a reducir lo ™emocional∫ a manifestaciones de llanto o agresividad. Lo cierto es que decidir que se impedirá el sentir una emoción es tan improbable como afirmar que el corazón se detenga por voluntad propia.

El naturalista inglés Charles Darwin, pionero de la observación de la conducta animal y humana, afirmó en 1872 que las emociones son heredadas biológicamente y han desempeñado un papel esencial en la adaptación del organismo a su entorno a lo largo de toda la vida y que su función fundamental ha sido aumentar las oportunidades de supervivencia de la especie.

¿Qué son las emociones?

El pedagogo y psicólogo español Rafael Bisquerra define la emoción como ™un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a la acción∫.

Por su carácter biológico, las emociones tienen una característica universal y, por lo tanto, son comunes en todas las sociedades y culturas. De acuerdo con lo anterior, todos los seres humanos traen incorporado en su biología la posibilidad de sentir alegría o tristeza, pero dependerá de cada cultura lo que impulse a cada persona el sentir esa emoción.

Según lo anterior, nos emocionamos igual, pero por razones diferentes que tienen origen en la personalidad y la cultura. Por ejemplo, en la rabia el cerebro impulsa al corazón para que pueda latir más fuerte, así como para enviar más sangre a los brazos y a las piernas de manera que el sujeto con rabia se predisponga al ataque. Sin embargo, los aprendizajes que una persona ha tenido a lo largo de su vida, así como la cultura donde está inmersa, podrían motivar, por razones diferentes, el que sienta rabia.

Las emociones y sus funciones

Aunque se reconoce la existencia de unas emociones básicas, no hay un acuerdo de cuáles son. En el listado de las más frecuentes se encuentran: ira, miedo, tristeza, asco, sorpresa y alegría.

Estas funciones se pueden describir de la siguiente manera:

  • Facilitan la adaptación a las situaciones y al ambiente: ante un peligro se siente miedo, lo cual predispone a huir para asegurar la supervivencia.
  • Predisponen a la acción y, de esta forma, motivan y estimulan los comportamientos.
  • Informan a la persona y a los otros sobre el propio sentir.
  • Estimulan la comunicación para influir en los demás.
  • Son fundamentales en la toma de decisiones, ya sea de forma incon- sciente o automática ante la presencia de peligros.
  • Impactan en procesos mentales, como la percepción, atención, memoria, razonamiento, y creatividad.
  • Fortalecen el desarrollo personal, pues ayudan a centrar la atención sobre temas de interés particular.
  • Se integran para evaluar la percepción de bienestar y felicidad.

Las emociones tienen funciones motivadoras, adaptativas, informativas, y de carácter social y personal que impactan en los procesos mentales, la toma de decisiones y el bienestar de las personas.

 

Las siguientes ilustraciones representan algunas emociones

y sus respectivas funciones:

 

 Miedo: Impulsa a la huida ante un peligro real e inminente para asegurar la supervivencia. Cuida desde la precaución y la prevención por algo que se puede perder.

Rabia: Da la fuerza necesaria para ir por lo que importa. Pone límites a lo que se quiere y asegura la dignidad.

Tristeza: Con ella se envía un mensaje de auxilio a los demás. Permite reconstituir la energía y los recursos personales. Ayuda a aprender sobre una pérdida, a reflexionar, resignificar y buscar nuevos planes.

Asco: Favorece la repulsión a algo que puede ser ingerido, tocado o escuchado.

Alegría: Facilita la continuación con los planes hasta el logro de los objetivos, así como celebrar y establecer lazos con otros.

Amor: La atracción hacia otra persona. También sirve para asegurar la continuación de la especie.

 

¿Cómo podrían integrarse las emociones en la crianza, educación y socialización de los niños y adolescentes?

Bisquerra propone un modelo de competencias emocionales entendidas como “el conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para tomar conciencia, comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales”.

Con el acompañamiento adecuado en la familia y la escuela se facilita el desarrollo de dos competencias básicas: la conciencia emocional y la regulación de las emociones. La conciencia emocional consiste en conocer las propias emociones y las emociones de los demás. La regulación de las emociones, entre tanto, se refiere al desarrollo de la gestión de la frustración, el manejo de la ira y la capacidad de retrasar las gratificaciones, entre otros. Es necesario enfatizar que, en la actualidad, no se habla de controlar la emoción, sino de regularla, de gestionarla.

Este modelo de competencias emocionales permitiría que en la familia y la escuela los niños puedan:

  • Adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones.
  • Desarrollar la habilidad para identificar las señales emocionales en el cuerpo.
  • Identificar las emociones de los demás.
  • Denominar las emociones correctamente.
  • Desarrollar la habilidad para regular las propias emociones.
  • Subir el umbral de gestión de la frustración.
  • Desarrollar la habilidad para generar emociones.
  • Desarrollar la habilidad para automotivarse.
  • Adoptar una actitud positiva ante la vida.

 

¿Cómo podrían vincularse la comprensión de las emociones

con la inteligencia emocional?

Si bien es fundamental comprender las emociones y hacer conciencia de ellas, resulta necesario comprender que el desarrollo de las competencias facilita el incremento de la inteligencia emocional.

Reuven Bar-On, psicólogo estadounidense creador del término EQ (coeficiente emocional) como sistema de medida de la competencia emocional y social, define la inteligencia emocional como “el conjunto de habilidades personales, emocionales y sociales que influyen en la adaptación y el afrontamiento ante las demandas y presiones del medio”.

Para desarrollar este conjunto de habilidades que conducen a la inteligencia emocional, los cuidadores adultos deben acompañar a los niños y adolescentes a reflexionar sobre:

  • ¿Cómo perciben su confianza, su disposición al reto y sus emociones?
  • ¿Cómo expresan asertivamente y de forma autónoma lo que piensan?
  • ¿Cómo se relacionan con otros de forma empática?
  • ¿Cómo se integran las emociones a su toma de decisiones?
  • ¿Cómo gestionan las situaciones que les generan estrés?

Es clave adecuar la formulación de la pregunta de acuerdo con la madurez progresiva del niño o adolescente.

Reflexionar en torno a las preguntas posibilita que se pueda mejorar el relacionamiento emocional, lograr mejores resultados e incrementar la percepción de bienestar personal y social.

Para desarrollar este conjunto de habilidades en los niños y adolescentes, es imprescindible usar metodologías prácticas y reducir la exposición teórica. La utilización de reflexiones, ejercicios de relajación, discusiones grupales, juegos, música, pintura, uso de literatura adecuada al desarrollo del niño, entre otras, pueden ser herramientas convenientes y apropiadas.

Adicional a lo anterior, también implica que cualquier persona que participe de estos espacios no se vea obligada a exponer sus emociones y experiencias sin su consentimiento. Una estrategia para construir confianza con los niños y adolescentes podría ser que los adultos expongan su propia experiencia e incorporen en la reflexión tanto la realidad académica como las situaciones sociales y comunitarias a las que se ven expuestos.

*Lecturas recomendadas

  • Bisquerra R. Psicopedagogía de las emociones. Madrid: Editorial Síntesis; 2009.
  • Darwin C. La expresión de las emociones. Pamplona: Gráficas Astiarraga; 2014.
  • Goleman D. El poder de la inteligencia emocional. Barcelona: Ediciones B Colombia; 2013.

 

“Cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso

con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento

correcto, por el motivo correcto, y

de la forma correcta… eso no es fácil”.

Aristóteles

Por: Gabriel Jaime Vásquez Mejía
Sociólogo, especialista en Gerencia del Desarrollo Humano
Coach ontológico y en inteligencia emocional

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