La vida sí es sueño

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Por: Ana María Gómez Campos

Con la asesoría de Roberto Chaskel

Psiquiatra infantil

 

Los miedos y las pesadillas a la hora de dormir, así como las dificultades para conciliar el sueño, no son ajenos a los niños. Pero algunos problemas solo resultan de los malos hábitos desde el nacimiento y pueden tener consecuencias en la edad adulta. ¿Qué hacer?

Unos hablan de monstruos, del coco, sombras y seres imaginarios que aparecen en las noches en sus habitaciones, los asustan y no los dejan dormir; otros se despiertan tan angustiados por sus pesadillas que le tienen pánico a quedarse solos, y también están los niños que hablan o caminan dormidos.

Quienes piensan que el sueño de los bebés y niños es imperturbable y siempre sano sin importar su estilo, se equivocan. Por eso, si la hora de ir a la cama poco o nada tiene de momento de descanso, porque su niño se queja, le tiene miedo a la oscuridad o no puede dormir, vale la pena revisar los hábitos.

Conviene saber que los patrones, tanto de sueño como de alimentación, se instauran desde el nacimiento, por eso la madre tiene en muy buena parte el control de estos. “Cuando el bebé no está durmiendo, está comiendo. Es ahí donde se establecen pequeños periodos de sueño y despertar que van cambiando hasta que el niño empieza a estar más despierto de día que de noche. Pero no todos los niños tienen los mismos patrones de sueño y esto ya ha sido comprobado por diversos estudios”, dice el psiquiatra infantil Roberto Chaskel.

Las madres pueden implementar técnicas para dormir a sus hijos: cantarles, hablarles, ponerlos cerca al pecho para que escuchen su corazón, además de realizar una serie de métodos relajantes como mecerlos en los brazos o en la cuna. Luego acomodarlos, verificar la temperatura (según la ciudad) y que no haya ruido en la habitación. Si esos tres elementos están ahí, el bebé dormirá tranquilamente.

Después de la sexta semana se puede incluir en la cuna un objeto que le permita comodidad o que el niño pueda reconocer, como una manta, un muñeco suave, o una sábana especial. El olor le hará sentirse seguro. Se sabe que los bebés son más olfatorios que los adultos y también táctiles.

En cuanto a la alimentación, el bebé debe comer a demanda por seis semanas, es decir, cuando le provoque. “Pero después del sexto mes, lo ideal es que pase toda la noche (mínimo 7  horas) sin despertarse para alimentarse. Así se empiezan a desarrollar los patrones sanos  de sueño”, indica el especialista. A su juicio, el mejor término para definirlos es ‘arquitectura del sueño’, en la que los hábitos que los padres les inculquen son definitivos. Se sabe que los bebés con grandes dificultades para dormir durante los primeros nueve meses tienden a no dormir  tranquilamente en los primeros tres años. Y los que duermen bien, fácilmente lo hacen solos. “La recomendación para los padres es asegurarse de que al primer año el niño tenga un lugar fuera de la habitación de ellos y que pase casi 12 horas durmiendo para que su rutina sea adecuada. Si duerme bien no buscará el cuarto de los padres”, agrega.

Se recomienda también poner en su habitación, en caso de necesidad, luces de un voltio para que reconozca el espacio en el que está, si el problema es la oscuridad. Hay reconocimientos que no son visuales, sino olfativos, auditivos, táctiles y de rutina, que lo invitan a dormir, como oír a la mamá cantar, rezar, leerle un cuento, darle besos, ponerle el muñeco en la cama. Y en cuanto a los padres que llegan a despertar a los niños, esto jamás se debe hacer porque altera el buen desarrollo de la arquitectura del sueño. En el primer año no hay miedos. Son las madres las que por la ansiedad de separación pueden inculcárselos.

El desarrollo de temores puede darse hacia los 30 meses, pero si los niños tienen una rutina para ir a dormir eso no sucederá. La falta de esta, en cambio, sí puede generar ansiedad y miedo. Pero, según el doctor Chaskel, los primeros en empezar a inculcarlos son los padres cuando les preguntan: “¿Qué viste?, ¿Un  fantasma?”. En vez de eso deberían convencerlos de que no hay nada allí, que no deben temer. Tampoco les deben dejar la luz ni el televisor encendidos.

Los problemas

Existen ocasionalmente  tres grandes dificultades que los niños presentan durante el sueño: sonambulismo, terrores nocturnos y hablar de noche, y se manifiestan en las seis  primeras horas de sueño.

El sonambulismo afecta al 10 % de los niños alguna vez en la vida, entre los 5 y los 12 años. Es más frecuente en los hombres. Se identifica porque el niño se incorpora de forma brusca de la cama y puede levantarse y empezar a caminar. Sus ojos están abiertos y la mirada fija. Estos episodios suelen durar unos minutos y a menos que se le despierte mientras sucede, no recordará nada al día siguiente.

Lo que deben saber los padres es que si se presenta más de tres veces en un mes, deben consultar al pediatra. Si el caso se da, conviene llevar al niño a su cuarto sin hablarle y acomodarlo para que se vuelva a dormir y disponer los muebles de la casa de manera que no sufra accidentes. De acuerdo con el psiquiatra, no se trata necesariamente de una enfermedad y puede resolverse con consejos y, ocasionalmente, con el uso de medicamentos.

Si el niño habla dormido (somniloquio), tampoco conviene despertarlo. Es una condición en la que se debe tener paciencia y acompañarlo. Con frecuencia pronuncia palabras ininteligibles que pueden acompañarse de risas, gritos o llantos. Si es recurrente, hay que consultar con el pediatra.

En cuanto a los terrores nocturnos y pesadillas, pueden aparecer entre  los 18 meses  y los cuatro años. Por lo general, los niños empiezan a llorar o a gritar sin parar y respiran irregularmente. Este trastorno tiene una incidencia del 1%.

 

Los terrores nocturnos normalmente desaparecen con el tiempo y no suelen necesitar tratamiento con medicamentos. Pero es importante resolverlos con la ayuda del pediatra.

Cuando se presenta cualquier trastorno, los padres deben evaluar qué eventos pueden generarlos: si ellos mismos tienen patrones caóticos, si hay disfunción en la pareja (que los niños siempre captan), si presenta problemas en el colegio, si es una forma de llamar la atención, o si se trata de una situación de maltrato.

A futuro

Cuando se dejan pasar desapercibidos, los trastornos de sueño pueden tener consecuencias en la vida futura: les va mal en el colegio, tienen dificultades de aprendizaje, son niños más irritables, pelean con sus compañeros, con sus padres y, por supuesto, viven somnolientos .

Se ha encontrado una relación entre los trastornos de sueño y el desarrollo del lenguaje. Por eso, los niños a los seis años no deberían dormir menos de nueve horas.

De la misma manera que se le enseña a un niño a comer se le debe inculcar la costumbre de dormir bien. Los padres deben ayudarle a diferenciar entre un peligro real y uno imaginario, en vez de alentar sus pesadillas con seres terroríficos. Ellos deben entender que no existen y que sus temores solo hacen parte de la fantasía. Entonces dormirán plácidamente. El sueño es una necesidad del organismo, pero dormir es un hábito y por eso se aprende.

RECUADRO

Para poner en práctica

– El papel de los padres es clave en el desarrollo de los hábitos de sueño de los niños. Por eso, se deben establecer pautas claras desde edades muy tempranas.

– La habitación del niño debe ser un lugar tranquilo y en oscuridad, con una temperatura adecuada y una cama confortable.

– El niño debe tener un momento para despertarse y levantarse y un  intervalo de tiempo agradable antes de  irse a dormir.

– Un baño relajante puede ser una opción antes de dormir.

– Acostar y levantar a los niños a la misma hora habitualmente funciona para inculcar una rutina.

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