Consejeria en lactancia materna

Estrategias para promoverla, protegerla y apoyarla

Por: Giomar Indira Álvarez Dávila
Residente de Pediatría – Universidad de Antioquia
Asesora: Paula Andrea Henao Mejía
Pediatra – Consultora internacional en lactancia materna (IBCLC, por su sigla en inglés)

Los beneficios de la lactancia materna son para todos: en los niños menores de cinco años disminuye un 13% la mortalidad por desnutrición, diarrea e infecciones respiratorias; en las madres reduce la depresión posparto, favorece la pérdida de peso, contribuyendo a bajar el sobrepeso y la obesidad, e igualmente disminuye el cáncer invasivo de seno (entre 4 y 7% por cada año de lactancia materna), y con la lactancia prolongada, el riesgo de cáncer de ovario se reduce en un 30%.
La leche materna está disponible en todo momento para el bebé y se consume bajo condiciones que involucran poca o nula manipulación, lo que se traduce en un menor gasto de recursos naturales y, por ende, de generación de residuos contaminantes; de esta manera, se benefician la sociedad y el medio ambiente.
Es por esto por lo que, en pro de obtener y garantizar el goce de los beneficios de la lactancia materna, durante décadas se han adelantado estrategias a nivel mundial para promover, proteger y apoyarla, como son: el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna, adoptado por la Asamblea Mundial de la Salud el 21 de mayo de 1981; la Declaración de Innocenti, en 1990; la cual, en mayo de 2002, los estados miembros de las Naciones Unidas reafirmaron su pertinencia, con la Estrategia Mundial para la Alimentación del Lactante y del Niño Pequeño.

En 1991, empezó la Iniciativa Hospital Amigo del Niño (IHAN), que incluye los 10 pasos para una lactancia exitosa. Este programa ha sido adaptado en todo el mundo y varios estudios han evaluado su impacto en la lactancia materna.
En Colombia, esta iniciativa ha tenido un avance conceptual y metodológico, en respuesta a las necesidades del país, por lo que, en 1991, se formuló una propuesta más amplia y armónica denominada: Instituciones Amigas de la Mujer y la Infancia (IAMI) con enfoque integral, y en la ruta de atención materno perinatal se incluyó la consejería en lactancia materna para orientar y fortalecer la práctica correcta del amamantamiento como actividad obligatoria de la atención en salud.
Metas en lactancia materna
La duración promedio de la lactancia exclusiva en el país es de tan solo 1,8 meses, mientras que la duración total es de, aproximadamente, 14,9 meses. Existe un dato esperanzador, pues el inicio temprano, en la primera hora de vida, es de 72,7%, lo cual, posiblemente, se relacione a futuro con una mejora en los demás indicadores.
Motivos de abandono de la lactancia materna
Al tratar de esclarecer los motivos para el incumplimiento de las metas, se han buscado las causas del abandono de la lactancia materna. La Encuesta Nacional de la Situación Nutricional en Colombia (ENSIN 2005), un estudio realizado por la Facultad Nacional de Salud Pública, en la ciudad de Medellín, en 2013, y otro efectuado por la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Manizales, en 2019, reportaron las mismas causas para el abandono de la lactancia materna: rechazo por parte del niño, poca producción de la madre y el regreso al trabajo de esta. Como se expondrá a continuación, estas causas son susceptibles de intervención:
• Regreso de la madre al trabajo
La licencia de maternidad, regulada por la Ley 1822 de enero de 2017, garantiza a las madres trabajadoras poder acompañar a sus hijos durante las primeras 18 semanas de vida de su hijo. Una vez cumplido este tiempo, la estrategia Salas Amigas de la Familia Lactante en el Entorno Laboral, regulada por la Resolución 2423 del 8 de junio de 2018, garantiza que las madres dispongan del tiempo y espacio para la extracción de la leche materna. Aunque muchas mujeres no gocen de estas garantías, debido a las altas tasas de empleo informal en el país, aún cuentan con la posibilidad de crear sus bancos de leche para continuar con la lactancia materna.
• El bebé rechaza el pecho
Suele estar asociado con las “crisis de la lactancia” o “brotes de crecimiento”, que, generalmente, se presentan a las dos semanas, seis semanas y tres meses de edad; están relacionados con periodos de rápido crecimiento, en los que el bebé parece estar hambriento y pide que le den de mamar muy frecuentemente. Si el bebé continúa amamantándose con frecuencia, el aumento en la estimulación conllevará a un incremento en la producción de leche, por lo que, en pocos días, el bebé volverá a mamar con menos asiduidad.
Se ha determinado que, además de la gran demanda, a las seis o siete semanas puede haber un cambio en la composición de la leche, variando su sabor de forma transitoria, lo que puede provocar una conducta inusual en el niño.
A los tres meses, la ganancia de peso es menos acelerada que en los primeros tres meses, asociada con el desarrollo neurológico en el que el proceso favorece que se distraigan fácilmente durante el amamantamiento, y los bebés son expertos en el proceso de succión-deglución, por lo que les tomará tan solo unos pocos minutos saciar sus requerimientos.
Tanto la madre como la familia pueden interpretarlo como: “No tiene hambre”, “no quiere comer”, “rechaza a la madre, su pecho o su leche”. Conocer, ser conscientes, acompañar y ser pacientes en estos periodos normales del crecimiento y desarrollo del bebé favorece la continuidad de la lactancia materna.
• Poca producción láctea (hipogalactia)
En pocos casos se presenta una verdadera baja de producción que no cubra los requerimientos del lactante. La mayoría de las veces es solo una percepción de la madre. Una ayuda para evaluar de forma indirecta la producción láctea consiste en medir el peso, la velocidad de crecimiento, la orina y las deposiciones.
Cuando se presenta una verdadera hipogalactia, puede ser por poco desarrollo mamario con escaso tejido glandular y condiciones hormonales que impiden la adecuada producción de leche (hipogalactia primaria), o por dificultades en el manejo de la lactancia, bien sea por separación prolongada de la madre y el bebé o vaciamiento insuficiente del seno por inconvenientes en la técnica con mala transferencia de leche (hipogalactia secundaria).
Con el fin de enfrentar las situaciones que se puedan dar con respecto a la lactancia materna y que propician su abandono necesitamos apoyarnos de la consejería en lactancia materna.

Consejería en lactancia materna
La consejería a una madre no es decirle lo que debe hacer, es ayudarla a que decida lo que es mejor para ella. Es escucharla y tratar de entenderla sobre cómo se siente. Es ayudarla a desarrollar la confianza, de modo que ella mantenga el control de su situación.
Sus objetivos directos son: potenciar la confianza de la madre, acompañarla con información precisa, pertinente y práctica sobre las necesidades físicas, nutricionales y emocionales del niño y la familia lactante; que les permita tomar, de manera consciente e informada, las mejores decisiones.
Para lograr esos objetivos se requiere tener unos conocimientos y habilidades. En cuanto a los conocimientos, se debe recordar la anatomía y fisiología de la lactancia. La estimulación que produce la succión en las terminales nerviosas de las areolas y el pezón llega al hipotálamo, que, a su vez, envía señales a la hipófisis para la producción y liberación de prolactina y oxitocina. La prolactina estimula la producción de leche en los alvéolos o lobulillos, y la oxitocina, por su parte, genera la contracción de las fibras musculares que rodean a las glándulas productoras, impulsando la leche a los conductos mamarios. También es necesario conocer las técnicas de amamantamiento.
En cuanto a las habilidades, son útiles en todas las interacciones sociales y no son exclusivas para la consejería en lactancia materna. Estas fueron definidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y clasificadas en dos grupos así: 1. Habilidades para escuchar y aprender; 2. Habilidades para reforzar la confianza y dar apoyo.

Habilidades para escuchar y aprender
• Comunicación no verbal útil. Reflejar, o no, interés y respeto por lo que el otro está diciendo. Cuidar los gestos, la postura, la mirada, los sonidos y el tono de voz.
• Emplear respuestas y gestos que demuestren interés. De la mano con la comunicación no verbal. Esto estimula que el otro hable con mayor facilidad y confianza. Estas respuestas incluyen gestos como asentir con la cabeza y sonreír. Frases como: “¿En serio?”, “¿no me diga?”, “¡Uuuh!”.
• Realizar preguntas abiertas. Favorece la fluidez y espontaneidad en la conversación. Generalmente inician con: ¿cómo?, ¿dónde?, ¿quién?, ¿qué?, ¿por qué? Lo opuesto son las preguntas cerradas, que se responden con un sí o un no y dan muy poca información.
• Parafrasear lo que la madre dice. Esta es una manera muy útil de demostrar que se está escuchando. Permite aclarar las interpretaciones que se hacen sobre lo escuchado y promueve que el otro hable más.
• Ser empático. Comprender el sentir del otro, sus opiniones y puntos de vista, sus miedos y fortalezas. El ser empático facilita las demás habilidades.
• Evitar palabras que juzgan. No solo se refiere a los señalamientos o acusaciones, sino también al uso de algunos calificadores (suficiente, correcto, equivocado, bueno, apropiado), que pueden ser interpretados o asumidos como una crítica o juicio.

Habilidades para reforzar la confianza y dar apoyo
• Aceptar lo que la madre piensa y siente. Aceptar no es igual a estar de acuerdo, pero tampoco en desacuerdo; se trata de reconocer el contexto y los imaginarios del otro. Desde la empatía, validar su opinión y propiciar el momento para aclarar conceptos.
• Reconocer y elogiar las buenas acciones. De esta manera, igualmente se estimula para que las buenas prácticas se continúen.
• Dar ayuda práctica. Favorece una mejor disposición del otro para recibir nueva información (darle algo de beber, hacerlo sentir cómodo).
• Dar información pertinente y corta. Después de haber escuchado al otro, es necesario pensar en su situación y decidir cuál es la información más relevante y útil para ese momento. Se debe utilizar un lenguaje sencillo evitando decir demasiadas cosas. De igual forma, ayudarle a comprender el proceso es más útil que decirle inmediatamente qué es “lo que debe hacer”. La pertinencia de la información la define el momento, contexto y particularidades del otro.
• Dar una o dos sugerencias y NO órdenes. Dar sugerencias permite al otro pensar y discutir sobre la posibilidad de practicarlas, de manera que puedan surgir otras opciones; estimula a que el otro piense en alternativas más prácticas. Esto es de particular importancia en el caso de la alimentación del lactante y del niño pequeño, donde frecuentemente existen diferentes opciones de alimentación y en la que la familia y la cultura tienen gran injerencia.

Es fundamental reconocer la autonomía del otro, quien, finalmente, tomará la determinación sobre la situación de acuerdo a lo que mejor se ajuste a su realidad y posibilidades.

Conclusión
La consejería en lactancia materna es una herramienta útil para el acompañamiento de las familias lactantes, a partir de la cual es posible construir una experiencia positiva de lactancia e intervenir las diferentes situaciones que propician su abandono.
¡Proteger, promover y apoyar la lactancia materna es una responsabilidad de todos!

Lecturas recomendadas
• Caicedo Martínez NS, Carrillo Pineda M, Ocampo Rivera DC, et al. Educación para la lactancia materna. Una propuesta pedagógica. 1.a ed. Vol. 1, Colección Investigación/Salud Pública. Editorial Universidad de Antioquia. Medellín. 2017.
• Ministerio de Salud y Protección Social. República de Colombia. Instituciones Amigas de la Mujer y la Infancia Integral (IAMII). Lineamientos para la implementación y fortalecimiento de la estrategia IAMII. 2016.
• OMS. Consejería para la Alimentación del Lactante y del Niño Pequeño: Curso Integrado. 2009. P. 268.