La participación juvenil

La conmoción social que ha afrontado nuestro país en los meses recientes, ha puesto de manifiesto la exigencia sentida de la participación de la juventud como un elemento determinante del sistema democrático.

En la Convención sobre los Derechos del Niño, vigente desde 1989, la participación está definida como uno de los derechos fundamentales asociado con la supervivencia, el desarrollo y la protección. A pesar de que los niños y jóvenes representan aproximadamente el 35% de la población mundial, sabemos poco acerca de lo que a ellos les gusta o lo que les gustaría que cambiase. Como asertivamente afirma el reconocido estudioso de la infancia Francesco Tonucci: “Hablamos mucho de los niños y niñas, pero casi nunca les preguntamos nada”.

La familia es la primera instancia para el desarrollo de la participación infantil y cada periodo de la vida necesita tipos de participación diferentes, conforme con la evolución creciente de las facultades de los niños y los adolescentes.

Posteriormente, la institución educativa debe potenciar este proceso mediante el estímulo, el ejemplo y el acompañamiento adecuado que un educador comprometido está en capacidad de brindar. La siguiente instancia promotora de la participación la constituye el nivel municipal, bastión fundamental para la consolidación progresiva del concepto de ciudadanía.

Las corrientes actuales de pensamiento que evidencian el cambio del adultocentrismo (donde se antepone el interés del adulto al de los niños) hacia el vinculocentrismo (relación armoniosa y participante entre los adultos y los niños), promueven la participación infantil y juvenil como un derecho y no como una dádiva, reconociendo que los niños pueden enseñarnos muchas cosas si nuestras actitudes estimulantes y receptivas están presentes.

Para concluir, debemos asumir nuestro deber como promotores de la participación infantil y juvenil en la dinámica democrática, pues, como sabiamente lo expresa el filósofo español Fernando Savater: “Los ciudadanos democráticos no surgen como los cardos, así sin más, libremente, sino que son producto de la misma democracia”.