La palabra tiene la palabra

Los cuentos son los guardianes de la memoria colectiva del planeta, son reparadores, y sanadores de diferentes crisis. El cuento lleva voces pasadas, es un transmisor de esperanza, es una especie de  bálsamo para vivir la vida de una manera más plausible. Los cuentos dan sentido a las experiencias de los seres humanos, le regalan la palabra a sus esperanzas, a sus tristezas, a sus dolores, a sus deseos.

Como sanadora, he sentido que el cuento me ha permitido abordar con la infancia y los padres, temas tan dolorosos y sagrados como la vida, la muerte y otros,  que estaban condenados a quedar sepultados en el silencio. Los cuentos sanadores o terapéuticos, conjuran las palabras y construyen mundos, desde donde se logran reparar algunas heridas, transforman la dura realidad vivida, se rompen miedos, creando espacios nuevos, espacios afectivos que nos devuelven la esperanza. El cuento ofrece ejemplos de soluciones temporales o permanentes a los conflictos humanos.

El cuento, no es puro cuento, es una metáfora desde la cual se recrea la vida, se recupera la dignidad y la humanidad y se logra amortiguar el peso de la existencia. Los cuentos son verdaderos juguetes mentales que necesitamos para explorar la realidad emocional. El cuentero muestra lo que los demás no ven, o lo han visto, pero lo han olvidado. El cuento es un medio privilegiado para que el niño, adolescente y adulto pueda elaborar su mundo interior y, en consecuencia, de manera indisolublemente ligada, para establecer su relación con el mundo exterior. Es un espacio que le permite ante todo, descubrirse o construirse.

Agradezco a la Sra. Había una Vez, a su inseparable Entonces, al señor Colorín, Colorado, a las hadas, a los gnomos, a los príncipes, princesas, ogros, brujas, caballos, a los reinos encantados, a las viejas, a los niños, a los locos y a los cuerdos,  y a tantos otros que habitan el mundo de los cuentos y que me han permitido a mí y a mis pacientes aumentar la dimensión reparadora, aumentar la confianza en la vida y enriquecerla.

Carmen Escallón Góngora

Pediatra y terapeuta de familia