La navidad y nuestro niño interior

La navidad y nuestro niño interior

Los expertos señalan que en los tiempos que corren la función del adulto en la dinámica familiar acerca de la relación con los hijos afronta una fuerte crisis, que se traduce con frecuencia en sentimientos de culpa, perplejidad, inseguridad y falta de firmeza.

El temor a parecer autoritarios y a ser tildados de retrógrados incita a los padres a paralizarse frente a dos funciones primordiales de la acción parental, como son la instauración de pautas de crianza y la fijación de límites, lo que confiere a la relación con los hijos una connotación permisiva.

A muchos padres de hoy, señalan los expertos, les cuesta asumir las riendas del hogar, desconociendo que el fundamento de la trascendencia de una sociedad está en la transmisión de valores y principios de una generación a otra.

La autoridad es una expresión replicativa de la ley, que debe reunir las características de serenidad y firmeza en un contexto benevolente, que le permita al niño caminar gradualmente hacia la libertad en un entorno seguro y asertivo, en lo que tiene que ver con su comportamiento social.

Con razón se afirma que el protagonismo de la familia en la socialización inicial de los niños atraviesa por un preocupante eclipse, asignándole equivocadamente esta labor primordial a la institución educativa, con la expectativa de que los maestros la asuman en los aspectos que los padres no quisieron o no pudieron afrontar con sus hijos.

Se hace necesario entonces reasumir el rol del adulto sin claudicaciones y sin sentimientos de culpa, de tal modo que se pueda en un ambiente democrático y dialógico servir de guías y orientadores de los niños, niñas y adolescentes en el discurrir cotidiano

En este nuevo rol el afecto y el ejemplo deben ocupar un lugar preponderante, en procura de convertirnos en referentes apreciados y reconocidos por los hijos, en el contexto de la sabia afirmación de que los niños necesitan más modelos que críticos.

En la actualidad se manifiesta una situación paradójica en el sentido de lo que se ha llamado la moratoria adolescente, es decir, que la asunción de la adultez por parte de los jóvenes no constituye una urgencia para su proyecto de vida.

Por otra parte, muchos padres dentro de la crisis del rol adulto asumen una actitud adolescente, de claro corte light y con tendencia al disfrute excesivo y a la ausencia de compromisos.

Ante lo anterior, somos los adultos los llamados a asumir el papel que nos corresponde, claramente señalado por Fernando Savater cuando afirma que para que una familia funcione educativamente, es imprescindible que alguien en ella se resigne a ser adulto.