La misión del maestro

Albert Camus escribió a su maestro de último año de primaria, en 1957, poco después de recibir el Premio Nobel de Literatura, una carta que revela todo el amor y la intensidad del vínculo afectivo entre los dos y corrobora como este maestro quedó dibujado en el alma de Camus, pues contribuyó a que el Albert niño, se construyera a sí mismo de una forma diferente a como se hubiera esperado, porque Camus fue un niño rodeado de miseria económica y social, con una familia de inmigrantes de Argelia, una abuela maltratadora, una madre silenciosa y un padre fallecido en la guerra, poco después de su nacimiento.  Pero este maestro de la última clase de primaria, logró reemplazar al padre, poniendo todo su empeño en modificar el destino de este niño.

Para trabajar en el proceso educativo con niños y niñas, es necesario que el adulto que ejerza esta función comprenda que su labor no es la de un fabricante sino la de un partero; es la de estar allí, en la cotidianidad, no ensenándole filosofía sino a filosofar, no operaciones matemáticas de memoria, sino a entender esta ciencia.

Estar allí con paciencia esperando que el fruto nazca, estimulando en el respeto, apoyando en las dificultades, trabajando en la lúdica, con la ternura y el amor; creando así el único espacio posible para construir el sujeto humano. Deberá tener claro que el proceso educativo es un acto de amor, y como todo acto amoroso se construye en el respeto, en aceptar las diferencias de cada niño y de cada niña, en saber que en el contexto del estímulo y del juego todo es posible.

Carmen Escallón Gongora
Pediatra puericultora
Terapeuta de familia