La máquina del tiempo: del pensamiento del niño al del adulto

Por: Miguel Barrios Acosta
Pediatra puericultor
Universidad Nacional de Colombia

“Sofía Amundsen volvía a casa después del instituto. La primera parte del camino la había hecho en compañía de Jorunn. Habían hablado de robots. Jorunn opinaba que el cerebro humano era como un sofisticado ordenador. Sofía no estaba muy segura de estar de acuerdo. Un ser humano tenía que ser algo más que una máquina∫.

(Fragmento de El mundo de Sofía por Jostein Gaarder)

Los padres sueñan con poder ver a sus hijos destacándose como los más inteligentes. La inteligencia es un valor de nuestra cultura y se piensa que, por medio de ella, se puede conseguir ascenso en la escala social; sin embargo, no hay uniformidad sobre lo que se entiende por inteligencia. Para algunos, esta es la capacidad que tiene el ser humano para resolver los problemas cotidianos que le da la vida y para hacer productos que sean valorados por la sociedad en la que ese individuo vive. Los cambios del desarrollo cognoscitivo se han asociado con el desarrollo progresivo de la inteligencia.

Desde esa perspectiva, los padres deben entender las habilidades de conocimientos de los adolescentes en dos grupos: una habilidad que le sirve para responder y resolver los problemas que se plantean en su vida, y la otra para producir resultados que deben ser apreciados en el medio en el que ellos viven. El ejemplo más significativo de lo anterior es el de los deberes escolares por los que deben dar cuenta diariamente.

Considerando esas dos esferas en las que se aplica el cambio del pensamiento en el adolescente se plantean para adultos y jóvenes dudas y retos muy importantes. Uno de los cambios más significativos que se da en la esfera mental de los adolescentes es el del manejo del tiempo. Los niños viven fundamentalmente en el tiempo presente, en el que el mundo de estímulos que reciben los fascina permanentemente. De forma progresiva, el ser humano va adquiriendo la capacidad de vivir en mundos ausentes mediante la representación mental que va construyendo de las cosas y los signos y significados que les asigna: esta capacidad le permite al hombre su proyección hacia el futuro.

Los adolescentes viven esa transición de vida pasando progresivamente de sentir, entender y actuar en respuesta a las necesidades y problemas que se les plantean en tiempo presente hacia un estado de análisis con conocimiento en el que sus sentimientos, raciocinios y conductas deben, además, contemplar las consecuencias que sus actos traerán para el futuro.

Y, precisamente, muchos de los problemas y situaciones de riesgo a los cuales se someten los adolescentes tienen relación directa con sus limitaciones para proyectar las consecuencias de sus acciones de hoy en un futuro. Esta capacidad de proyectarse al futuro, que es difícil de alcanzar y mantener para todas las personas, incluso para los adultos, está vinculada estrechamente con las habilidades para la planeación, que es una de las funciones más avanzadas de la mente humana.

Cuando un adolescente es capaz de pasar ese puente ha adquirido una de las capacidades más importantes para adaptarse a la vida del mundo adulto, mundo que se preocupa por la pensión de la vejez, la seguridad de tener una vivienda, etc. Muchos de los problemas en la interrelación entre adultos y adolescentes tienen que ver con la incapacidad de los padres o cuidadores para ubicarse en la temporalidad que viven los adolescentes. El ejemplo típico son las angustias de los padres y la tranquilidad de los jóvenes por el tiempo necesario para preparar la prueba de Estado al final de la educación secundaria.

Esa capacidad de proyección hacia el futuro es dependiente del grado de maduración del cerebro. Así como existen muchas adolescentes que tienen su primera menstruación a los 11 años y otras la tienen hacia el final de sus 13, el cerebro también tiene sus ritmos individuales de maduración. Es fundamental que los padres entiendan que hay una enorme variabilidad en la madurez de la conducta de los jóvenes de una misma edad, por lo cual deben respetar esos ritmos de maduración.

Pero es necesario hacer claridad en que las capacidades intelectuales de los hombres, en principio, nada tienen que ver con las determinaciones genéticas. Cuando un niño normal nace tiene todas las potencialidades para alcanzar el máximo grado de desarrollo intelectual del ser humano. En otras palabras, a menos que exista una enfermedad o daño del cerebro, como lo que sucede cuando le falta el oxígeno al niño en el momento del parto, el cerebro del niño y el adolescente puede y debe florecer para solucionar todos los problemas que les plantea la vida y para funcionar adecuadamente.

Si la biología del ser humano permite esa potencialidad de crecimiento, ¿de qué depende el grado variable de desarrollo intelectual entre las personas? Es el medio ambiente el factor más importante para facilitar toda la promesa biológica: el mejor caldo de cultivo para el pensamiento y la inteligencia es el amor.

Cuando el adolescente vive en un medio en el que es aceptado y respetado, sus capacidades intelectuales germinan. Pero, por el contrario, cuando se encuentra ante una persona, jefe, padre, profesor u otra figura de autoridad que lo regaña y critica constantemente, su mente se bloquea, se le olvidan cosas que sabía y es incapaz de expresar sus pensamientos y opiniones.

Además del amor se requieren algunas condiciones adecuadas para el desarrollo intelectual: estímulos progresivos ajustados al nivel de desarrollo del adolescente que le planteen retos superables e inspiradores, así como el aprecio por el desarrollo de las habilidades del pensamiento. Así se puede entender que es poco probable que el adolescente encuentre estimulante la lectura si ve que sus padres pocas veces leen.

Capacidades del pensamiento del adolescente

Es deseable para el desarrollo de las capacidades intelectuales el acceso a los medios de comunicación. Lo que se ha llamado la `sociedad del conocimiento’ tiene que ver con la disponibilidad ilimitada de la información por internet. Se requiere que el adolescente adquiera la capacidad para buscar, analizar, interpretar y apropiarse de la información útil de la red, así como también para hacer los filtros y desechar toda la información no pertinente. De igual forma, se necesita que cuente con las condiciones nutricionales mínimas para el desarrollo de su pensamiento, pues “una mente hambrienta no piensa”.

La literatura ha descrito unas características típicas del pensamiento del adolescente que se relacionan con aspectos distintivos de esa etapa de la vida. El fenómeno de la `audiencia imaginaria’ es uno de ellos: consiste en que en la cabeza del adolescente todas las personas a su alrededor están pendientes de todos y cada uno de sus actos. Este fenómeno se relaciona con el de la `fábula personal’, que consiste en que el adolescente se siente único y especial y, por lo tanto, las cosas le pueden pasar a los demás, pero no a él que es tan especial. Estas características del pensamiento adolescente se han vinculado con las conductas de riesgo en las que, con frecuencia, incurre.

Las capacidades del pensamiento del adolescente van cambiando según las exigencias y demandas del medio ambiente. Uno de los factores determinantes del cambio es el incremento en las demandas de aprendizaje del medio escolar. La primera gran modificación y estímulo viene de la transición de la primaria al bachillerato, pero ese es solo el comienzo, pues los grandes retos, sin duda, vendrán dados por las exigencias de la educación superior.

Las demandas familiares y sociales cada vez más exigentes sobre aspectos de conducta y resolución de problemas por parte de los adolescentes son medios muy útiles para el estímulo del desarrollo intelectual.

Finalmente, hay que tener en cuenta la gran influencia que ejercen las instituciones educativas en la manera de pensar y los valores de los adolescentes. Por ejemplo, no es lo mismo para una adolescente estudiar en un colegio femenino y católico que en otro mixto y oficial, ya que la filosofía, los valores y las normas de cada uno de esos espacios determinan una educación distinta para los estudiantes. Es, por lo tanto, responsabilidad de los padres la búsqueda de instituciones educativas que le generen coherencia entre las enseñanzas y ejemplos aprendidos en casa con los de la escuela.

Recomendaciones

  • Escojan cuidadosamente el colegio donde se educarán sus hijos, procurando que compartan los mismos valores y principios que en el hogar.
  • Ajusten el nivel de estímulo escolar hacia su hijo según sus capacidades y deseos.
  • Sean un modelo: cultiven y desarrollen habilidades intelectuales.
  • Respeten los ritmos de maduración de sus hijos: denles tiempo para que adquieran la capacidad de proyectarse en el futuro.