La lactancia materna: prioritaria y posible

La celebración, a comienzos del mes de agosto, de la “Semana mundial de la lactancia materna” invita a algunas reflexiones relacionadas con las inmensas bondades que esta práctica conlleva para la relación madre-hijo.

Hace varias décadas, el pediatra Bo Vahlquist afirmó muy asertivamente que: “En todas las especies de mamíferos el ciclo reproductivo comprende tanto el embarazo como la lactancia: en ausencia de esta última, ninguna de estas especies, incluida la humana, podría haber sobrevivido”. La interacción maternoinfantil durante el amamantamiento se considera, en concepto del experto Cesar Victora, como “un diálogo biológico en el cual el lactante transmite información a la madre sobre sus necesidades y esta responde alterando la cantidad y composición de la leche de acuerdo con ellas”.

Las anteriores y muchas otras bondades deben traducirse en un incremento cada vez mayor de esta práctica vital y trascendente para el ser humano, relacionada con la calidad de vida presente y futura que todos anhelamos. Pero, desafortunadamente, ello no ocurre así en una gran cantidad de países, incluyendo el nuestro, donde la frecuencia de este proceso sigue siendo dolorosamente baja.

Las campañas actuales y futuras de todas las entidades relacionadas con la salud deben traducirse a la mayor brevedad en un aumento real de la frecuencia y duración del proceso de amamantamiento, habida cuenta de que los estudios revelan que una ampliación de la lactancia materna a un nivel casi universal podría evitar 823.000 muertes anuales de niños menores de cinco años y 20.000 muertes anuales maternas por cáncer de mama.

Este es, entonces, el gran reto que debemos asumir todos y cada uno de nosotros.