La ingestión de cuerpos extraños

Los niños tienen una tendencia natural a explorar con su boca todo lo que esté a su alcance y es inútil, imposible e incluso contraproducente impedírselo o prohibírselo. El error está en dejar a la mano objetos pequeños que puedan ingerir voluntaria o accidentalmente, porque existe el riesgo de que se obstruya el tubo digestivo o, lo que es peor, el aparato respiratorio.  Sería interminable hacer la lista de los más peligrosos, pero puede decirse que todos lo que pasen por la boca lo son.  Especial riesgo tienen por lo común, las monedas, las canicas, los dulces pequeños o las semillas de frutas, entre las que se destaca el mamoncillo que constituye un verdadero reto para los endoscopistas por las dificultades que ofrece para atraparlo con las pinzas y extraerlo. Es relativamente común el accidente del niño (o adulto) que mientras come mamoncillos, mira hacia el árbol para elegir cuáles más alcanzar y se le va la pepa a la glotis, lo atora y lo asfixia.

El hueso en la sopa, tan socorrido, merece especial mención, pues nutricionalmente no tiene ningún valor y, en cambio, ha sido la causa de muchas muertes por asfixia o por perforación del esófago y hasta de la arteria aorta.  Sin embargo, es menos grave que el objeto se vaya por la vía digestiva; la mayoría de las veces no pasa nada y todo lo que hay que hacer es esperar hasta que el propio organismo lo elimine. Es increíble la habilidad del intestino para defenderse de cuerpos puntiagudos, tales como alfileres o agujas, que llegan a evacuarse por el ano sin causar daño en ninguna parte.  En esos casos, es un error administrar purgantes o laxantes porque aumenta las contracciones intestinales y podrían fomentar una perforación.  Pero si al cabo de tres días no se ha eliminado el objeto, hay que consultar al médico, pues es importante localizarlo.

Cuando el cuerpo ingerido es grande puede quedarse atrapado en el esófago, lo cual se reconoce porque, después del accidente, el niño es incapaz de pasar sólidos o los devuelve sistemáticamente. Si esto sucede, naturalmente, es necesario acudir al médico.

Si el niño se pasa una batería de las que se usan para relojes, calculadoras, audífonos, etc., la consulta médica debe ser inmediata, ya que existe la posibilidad de que ciertas sustancias que contiene perforen el esófago. En tales casos, no se recomienda hacerlo vomitar porque es preferible que la batería esté en el estómago.

En materia de cuerpos extraños, lo más grave que puede ocurrir es que se alojen encima de las cuerdas vocales, entre ellas o un poco más abajo en el trayecto de la tráquea, porque así se interrumpe completamente la respiración y la persona puede morir si no hay nadie cerca que sepa auxiliarla.

Francisco Javier Leal Quevedo
Pediatra puericultor