La función del cuidador adulto en la promoción de hábitos alimentarios saludables desde la niñez

La función del cuidador adulto en la promoción de hábitos alimentarios saludables desde la niñez

Dado el objetivo de vivir más y mejor, surge la importancia del adulto cuidador de niños, niñas y adolescentes como educador y orientador, en el ámbito de los buenos hábitos alimentarios desde etapas tempranas de la vida.

Es necesario que estos adultos, con el asesoramiento permanente y efectivo de los profesionales de la salud (médicos generales, pediatras, enfermeras y nutricionistas), conozcan lo que es normal en el desarrollo de la conducta alimentaria, de tal modo que situaciones como la aversión a alimentos nuevos neofobia), la inapetencia usual del segundo año y las preferencias alimentarias de los niños ocupen un lugar preponderante en el acompañamiento.

El apoyo de los profesionales de la salud debe tender a disminuir la habitual ansiedad de los padres acerca de sus habilidades en la alimentación de sus hijos, mediante la utilización de las llamadas guías anticipatorias que se definen como conceptos básicos sobre aspectos educativos aplicados en el examen periódico de la salud, para estimular cambios en el comportamiento, mejorar la adhesión al tratamiento y modificar el riesgo de enfermar y morir. Estas guías permiten esclarecer conceptos erróneos, introducir nueva información y reforzar prácticas familiares saludables.

Un ejemplo de la temática que pudiera cobijarse bajo el concepto de guía anticipatoria tiene que ver, por ejemplo, con la promoción de la alimentación materna exclusiva durante los primeros seis meses de edad, el concepto de neofobia, el concepto de inapetencia fisiológica en el segundo año de vida y la expresión de la Regla de las responsabilidades asignadas con respecto a la alimentación por la nutricionista estadounidense Ellyn Satter, en el sentido de que los padres deciden lo que se sirve en la mesa, el cómo  y el cuándo y los hijos deciden lo que se van a comer y en qué cantidad.

Es necesario entender que la educación nutricional sola no tiene un efecto contundente, si no está asociada con el necesario cambio medioambiental que se exprese con acciones estatales comprometidas con los hábitos saludables y el influjo de los medios masivos de comunicación social que, debemos decirlo con preocupación, ejercen en los tiempos actuales una presión desfavorable hacia los buenos hábitos alimentarios en el sentido de que están predominantemente enfocados al hecho de que lo bueno para comer se transforma en lo bueno para vender a despecho de su valor nutricional, como lo anota el antropólogo estadounidense Marvin Harris.

Está claro entonces que la vida humana es finita, pero también debe estarlo el hecho de que vivirla con calidad desde el comienzo hasta su final debe constituirse en un baluarte de las acciones de salud, familiares y educativas, que lleven a hacer este empeño posible en el contexto de una relación armónica y sinérgica entre todos los protagonistas, por lo que debemos luchar denodadamente porque desde la niñez se proyecten estos objetivos acordes con la profunda reflexión de Jorge Luis Borges en el sentido de que el hombre es la larga sombra que el niño extenderá en el tiempo.

 

 

Olga Liliana Suárez Díaz
Fonoaudióloga
Especialista en Comunicación Organizacional