La función de los cuidadores adultos en la educación sexual

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Los niños y los adolescentes necesitan de adultos con actitudes que demuestren sensibilidad y aceptación; nadie puede pretender tener una actitud sensible y receptiva hacia los demás si no la tiene hacía sí mismo, ni podrá llevar a cabo una adecuada educación sexual si no parte de la base de tener una reflexión sobre su propia sexualidad y su salud mental.

Todos los adultos, unos más, otros menos encuentran alguna dificultad para responder a las necesidades de los niños y los adolescentes en aspectos de sexualidad y para encarar la tarea de la educación sexual. Esto tiene que ver con que dicha tarea no se reduce a la mera transmisión de conceptos, sino que se relaciona íntimamente con el proceso de estructuración que cada uno construyó a lo largo de su desarrollo. Y no se trata de pretender que se vuelva una tarea fácil, se trata de buscar solucionar con los medios adecuados las dificultades que la entorpecen para así hacerla posible en mejores condiciones.

De lo expuesto puede concluirse que la educación sexual:

  • No se da, como un producto acabado, en un momento determinado. Es algo que se construye en los intercambios cotidianos de niños y adolescentes con los adultos, en los distintos espacios de formación y socialización.
  • No debe tener una intención normativa, sino un espíritu formativo dirigido al desarrollo integral de la persona.
  • No se limita a la información sobre aspectos anatómicos y fisiológicos, pero los incluye.
  • Es una tarea que todo adulto hace, aunque no se proponga hacerlo.
  • Es deber de todos los adulos, especialmente de los que tienen relación directa con niños y adolescentes, asumir la responsabilidad que les compete en la educación sexual y de los individuos en procesos de crecimiento y desarrollo.

Adolfo León Ruíz Londoño
Psicólogo

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