La fijación de límites en el contexto de la crianza

La fijación de límites en el contexto de la crianza

Una crianza que forme para la vida debe implicar necesariamente la imposición de límites. Séneca afirma en forma muy clara que no hay vientos favorables para quien no sabe a dónde va.

Por: Juan Fernando Gómez Ramírez
Pediatra y puericultor

Los niños y niñas necesitan saber hacia dónde van en el discurrir de la crianza y somos los adultos significativos (padres y maestros, entre otros), los encargados de este apasionante proceso de orientación y guía en un contexto benevolente y sereno, pero firme. Para ello, analizaremos algunas bondades implícitas en la fijación de límites:

• Se constituyen estos en una fuente de protección para los niños y niñas, pues delimitan un referente seguro para su comportamiento.

• Los límites permiten la incorporación de las reglas de juego de la sociedad, pues recogen los comportamientos que según ella se consideran deseables y adecuados.

• De igual forma, los límites le enseñan a los niños y las niñas la tolerancia a la frustración, al hacerlos más flexibles y pacientes frente a muchas circunstancias cotidianas, lo que se constituye en una excelente habilidad para la vida.

La opinión de reconocidos expertos es clara en el sentido de que no hay educación y crianza trascendentes sin una adecuada dosis de tolerancia a la frustración. Una pregunta que surge es: ¿desde cuándo se debe iniciar la fijación de límites? La respuesta es muy sencilla: el proceso debe iniciarse desde el nacimiento mediante la instauración de rutinas tan sencillas como el baño, el asoleo, la alimentación, etc.

Esta tarea se irá haciendo más compleja a medida que el crecimiento y el desarrollo avanzan hasta alcanzar la madurez racional y dialógica que implica la relación con el escolar y el adolescente en un contexto asertivo. Estamos convencidos de que uno de los más grandes aportes que como adultos podemos hacerle a los niños y niñas que acompañamos a nuestro alrededor, es el de la instauración de normas en el contexto de una disciplina con amor que les permita a ellos caminar hacia la autonomía de una manera armónica con el entorno social, que haga de ellos unas buenas personas y unos excelentes ciudadanos.

Por último, tengamos muy presente, como padres y educadores, que estos procesos tienen tiempos definidos en el discurrir del crecimiento y el desarrollo y que si no lo hacemos nosotros lo harán otras personas, como lo afirma el experto Zig Ziglar: “El niño que no es disciplinado con amor en su pequeño mundo, será disciplinado por lo general sin amor, en el mundo grande”. Por todo lo anterior… de verdad que vale la pena fijar límites

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