La fantasía, el amigo imaginario y los títeres en la infancia

Por: Nathalia Andrea Martínez Moreno
Residente de Pediatría – Universidad de Antioquia

Con la asesoría de:
Marta Lilliam Correa Hernández
Psiquiatra MS en Salud Pública con énfasis en salud mental y

Ana Cecilia Correa Hernández
Pediatra puericultora

“Solo con el corazón se puede ver bien;
lo esencial es invisible a los ojos”.
Antoine de Saint-Exupéry (El principito)

Para definir la fantasía es necesario mencionar la imaginación, que es el poder de la mente para formar la representación de un pensamiento. La fantasía es un subproducto irreal de la imaginación que toma información de la realidad y la transforma en un pensamiento mágico, en el que todo es posible y al que los niños toman muy en serio.
En el siglo XX, Jean Piaget, psicólogo suizo, describió las etapas del desarrollo cognitivo. Dentro de estas, se encuentra la preoperacional, que va de los dos a los siete años. En ella, los niños hacen una representación mental del mundo a través de símbolos para poder interpretar lo que ven, surgiendo el pensamiento mágico. De esta manera, se ratifica que la fantasía es inherente a los niños, fluye de manera espontánea y hace parte de su desarrollo normal.
Dentro de los múltiples beneficios atribuidos a la fantasía en la infancia, resalta el logro de dos de las siete metas del desarrollo: la creatividad y la resiliencia. La primera de ellas les ayuda a resolver problemas y a adaptarse a situaciones nuevas. Por su parte, con la resiliencia logran enfrentar con éxito las adversidades e incluso transformarlas en algo positivo. Además, es una fuente de inmensa alegría. Es por esto por lo que la fantasía es una de las herramientas más valiosas y sagradas que tienen los niños.
Inmerso en el mundo fantástico de ellos se encuentra el amigo imaginario y el juego con títeres, los cuales representan una gran oportunidad para estimular y fortalecer habilidades, como lo veremos a continuación.

El amigo imaginario
Se trata de un juego de rol. La simulación de una interacción social en la que se presenta una relación real e igualitaria, que bien se conoce que hace parte del desarrollo infantil normal. Usualmente es un amigo invisible, que el niño sabe que los demás no pueden ver. Aparece con mayor frecuencia en la etapa preoperacional, pero no es exclusivo de los preescolares, ya que se han descrito casos de amigos imaginarios vigentes hasta la adolescencia sin representar psicopatología.
La historia del amigo imaginario se remonta al siglo XIX cuando se empezaron a hacer estudios de prevalencia, principalmente en orfanatos, pero los resultados se sesgaron a la preexistencia de carencias afectivas. Como resultado, en 1985 la doctora Clara Vostrovsky, psicóloga estadounidense, que fue la primera en escribir sobre el tema, mencionó que solo bajo las siguientes situaciones era posible desarrollar un amigo imaginario:
1. Carencias afectivas.
2. Necesidad de compensar debilidades.
3. Necesidad de evadir responsabilidades.
De hecho, se llegó a pensar de que se trataba de una idea psicótica, pero esto fue descartado debido a que no se encontraron características intrusivas. Posteriormente, en el siglo XX, se amplió el campo de estudio incluyendo niños en diversos contextos, con lo que se logró identificar que el amigo imaginario también aparece en niños con crecimiento y desarrollo sano.
Concretamente, tuvimos la oportunidad de conocer la historia de una persona que llamaremos “Víctor Manuel”. Cuando él tenía cuatro años desarrolló un amigo imaginario a quien denominó “Estopoton”. Se trataba de un personaje invisible, de silueta humana y edad similar a la suya, con quien conversaba a través del espejo de su habitación. Mantuvieron una relación estrecha por mucho tiempo. Le contaba sus vivencias cotidianas. De hecho, no podía ir al colegio sin despedirse de él. Su madre estuvo atenta a la situación y no intervino de ninguna manera, pues le parecía un suceso especial e inofensivo. Con el paso de los años “Estopoton” desapareció. Sin embargo, Víctor Manuel, ahora convertido en adulto, recuerda ese evento con especial cariño.
Los niños crean amigos imaginarios porque usan el simbolismo como una herramienta para comprender sus emociones, el comportamiento de los demás y las interacciones sociales. En ocasiones aparecen con fines psicológicos, ya que les pueden ayudar a resolver conflictos. Tienen una prevalencia cercana al 50% y dentro de los factores que se han relacionado con su presentación se encuentran el sexo femenino, ser el primer hijo o hijo único.
Los adultos deben ver al amigo imaginario con naturalidad y respeto, evitando la preocupación, pues se trata de un proceso normal. Y, más aún, teniendo en cuenta que el amigo imaginario favorece las habilidades sociales, la lingüística, la inteligencia, la regulación emocional y la cooperación. Sin embargo, se deben mantener los límites básicos con el niño, de manera que no se exima de responsabilidades por atribuirle la culpa a su amigo imaginario. Por otro lado, no es conveniente que deje de compartir con sus amigos por estar con su amigo imaginario, pues, en este caso, se debe buscar ayuda profesional.

Los títeres
Son muñecos elaborados con todo tipo de materiales, creados y manejados por el hombre, que tienen escasos recursos de comunicación, pero que permiten representar obras de teatro, usualmente intervenidas por el público, por lo que el titiritero (persona que los manipula) se ve en la necesidad de improvisar.
Se cree que los títeres son tan antiguos como la misma humanidad, teniendo en cuenta la necesidad del hombre de hacer representaciones de lo que lo rodeaba. Los primeros registros de ellos se encontraron antes de Cristo en la literatura hindú. Posteriormente, en la era cristiana fueron utilizados con fines religiosos. Más adelante, tuvieron un objetivo informativo basado en comediantes y bufones que viajaban contando la historia. Finalmente, se enfocaron en el entretenimiento, hasta que, en el siglo XX, ingresaron a la televisión y el cine.
A diferencia de los juegos convencionales, donde los niños juegan con juguetes, en esta oportunidad los títeres juegan con los niños, lo que genera una conexión emocional y cognitiva mucho más fuerte. De esta manera, los niños crean al títere, interpretan historias e intervienen como espectadores, acercándolos al mundo artístico. Además, les favorece la atención, el desarrollo de recursos expresivos y las habilidades sociales, a su vez que les incrementa la autoconfianza, les promueve la empatía y los educa en valores, pues la mayoría de las historias desarrolladas dejan un mensaje positivo.
Es importante resaltar que los títeres no son exclusivamente recreativos. Se han usado con éxito en el ámbito educativo, pues son económicos de hacer y fáciles de usar, conectan con públicos de todas las edades y estimulan habilidades como la percepción, comprensión, coordinación y narración. También, se han utilizado durante la primera infancia para obtener logros educativos colectivos, pues se emplean para dar a conocer y educar en valores por parte de los educadores, tanto para los padres, como para los niños. Además, se han usado de forma terapéutica, ya que les brindan a los niños un espacio de seguridad y facilitan la comunicación. Por ello, han sido utilizados en procesos como el manejo del duelo, la enfermedad crónica, la preparación para cirugías y la discapacidad.
En conclusión, los niños tienen la libertad para fantasear sobre lo que quieran y es deber de los adultos el de acompañar, respetar y no obstaculizar esta fantasía, reconociendo lo valiosa que es para su desarrollo. De igual forma, pueden favorecerla, estimulándolos con actividades artísticas, como la música, la literatura, el teatro y el juego con títeres, entre otras. Adicionalmente, facilitando espacios con actividades lúdicas y materiales no muy elaborados ni peligrosos con los que ellos puedan experimentar.
Lecturas recomendadas
• Benavides Delgado J. La creación de amigos imaginarios en los niños ¿un problema clínico? Tesis psicológica. 2007; 2:59±64.
• Limiñana Gras RM. Cuando crear es algo más que un juego: creatividad, fantasía e imaginación en los jóvenes. Cuadernos de la FH y CS – UNJu. 2008; 35:39-43.