La espiritualidad en la crianza

La dimensión espiritual también es clave en el desarrollo, pues le apunta a la necesidad de la búsqueda de sentido a la vida. Cómo cultivarla.

Tradicionalmente se ha definido al niño como un ser biopsicosocial. Desde lo biológico se puede diferenciar por sus características somáticas propias que lo diferencian de los demás. Desde el plano psicológico, se caracteriza por sus emociones y sentimientos, así como por las capacidades de percepción y de relación con el entorno. Y, en lo social, es claro que toda persona debe interactuar con los demás para lograr un desempeño como un ser integral.

Pero, últimamente, se viene enfatizando en la necesidad de definir al niño desde una cuarta dimensión: la espiritual. Se trata de una dimensión que hace parte del ser humano desde el comienzo y que se refiere a la necesidad de la búsqueda de sentido a la vida. A través de la historia siempre el hombre, consciente de su mortalidad, se ha hecho preguntas, ha reflexionado sobre su destino, sobre su función durante el paso por la vida. La búsqueda del sentido de la vida está en estrecha relación con los objetivos que vale la pena perseguir, sean o no satisfechos. Dicho de otra manera, el sentido de la vida se fundamenta en tener objetivos valiosos por los que vale la pena luchar; es el camino que se debe trazar toda persona.

La búsqueda del sentido de la vida es una fuerza primaria del hombre que tiene relación con la felicidad, pero no se trata de un fenómeno cultural o religioso, sino de una necesidad del ser humano que se exterioriza de distintas formas (Benavent E. Espiritualidad y educación social. Editorial UOC, Barcelona, julio de 2014).

Definición de espiritualidad

Ante el auge del tema de la espiritualidad en la crianza de los niños en los últimos años, su definición se ha prestado a confusiones, llegándose a identificar con religiosidad o utilizando esta circunstancia para buscar adeptos a alguna creencia. Con el ánimo de dar un concepto lo más preciso posible, se enfocará la definición desde varios puntos de vista:

  • Es una necesidad positiva y esencial que corresponde a la necesidad que tienen los individuos de crecer según los valores que dan sentido a su vida y que mantienen un sentimiento de esperanza (Carl G. Jung).
  • Es aquel estado que invita a tener compasión con uno mismo y con los demás, además de purificar los deseos que son la fuente del dolor y de la decepción. (concepción budista).
  • Es un equilibrio o paz interior, una búsqueda de armonización de uno mismo con la sociedad, con la naturaleza, con el mundo (concepción hinduista).
  • Es la motivación para el desarrollo humano, estrechamente relacionada con la voluntad.
  • Es la aceptación de uno mismo; es una luz que aclara, anima, motiva e inspira.
  • Es el centro del ser que se concreta en la reflexión sobre la existencia y los valores.

Se trata pues, de un proceso del desarrollo humano que está centrado en la búsqueda del sentido y del objetivo de la vida, basado en las relaciones con los demás, con el mundo y con una realidad última: las prioridades esenciales tomadas con un sentido de trascendencia. La espiritualidad hace relación a aquellos aspectos de la vida que no se perciben con los sentidos, a lo que se ‘ve’ y se siente cuando se cierran los ojos. Es precisamente esta característica la que la hace una dimensión exclusivamente humana que representa el nivel más avanzado en el proceso evolutivo del hombre.

Entendida pues como algo que trasciende a lo físico, a lo puramente racional, emocional o social, la espiritualidad integra muchos aspectos de la vida, está asociada a la resiliencia, la creatividad, el juego, el amor, el perdón, la compasión, la confianza, la libertad.

Vista dentro de todos los anteriores conceptos se puede entender entonces a la espiritualidad como un crecimiento interior, una introyección que permite un encuentro consigo mismo, que ayuda a lograr una buena higiene mental. Por otra parte, y sin ninguna connotación religiosa, espíritu significa ‘aliento de vida’; la fuerza para vivir.

Espiritualidad y religión

Con mucha frecuencia se confunden estos términos y se usan de manera indiscriminada, pero realmente son diferentes. Mientras que la espiritualidad es VIVENCIA, la religión es CREENCIA. La espiritualidad va más allá de creer en seres espirituales o inmateriales. Se puede ser ateo, pero vivir con una gran espiritualidad, pero también se puede ser religioso con una muy baja espiritualidad. Esta última tiene que ver más con el hecho de dormir tranquilos, de sabernos una persona íntegra o no, de sentirnos solos o no, de estar en armonía con la naturaleza, más que con el hecho de ir a una iglesia y participar o no en unos ritos.

Necesidades espirituales

Las necesidades espirituales de todo ser humano, aunque están estrechamente relacionadas con las necesidades emocionales, se originan en una dimensión mucho más interna porque se refieren a la persona en su integralidad total, a su proyecto de vida, a la capacidad de amar y de ejercer responsabilidades durante toda la existencia

Estas necesidades espirituales surgen especialmente en ciertas situaciones existenciales altamente significativas como la enfermedad, la muerte, la exclusión social, la discapacidad, la violencia, la pérdida de un amigo o un familiar, entre otras. Son aquellas situaciones en las que la persona se pregunta: ¿Por qué a mí? ¿Seré capaz de superar este problema? Como dice Enric Benavent, son aquellas situaciones límite del ser humano en las que surgen, con toda su intensidad, estas necesidades que, las más de las veces, son intangibles, pero que están en íntima relación con la existencia, con el sentido de la vida. A continuación, se presenta una aproximación sobre las necesidades espirituales más fácilmente identificables, adaptadas de la obra citada:

  • Necesidad de sentido. El dar sentido a la vida es una necesidad esencial en todo ser humano, pero cada ser humano debe buscar ese camino por sus propios medios. En los niños, el acompañamiento afectuoso e inteligente de los padres son un factor decisivo en este logro.
  • Necesidad de reconciliación. Pedir y dar perdón son dos situaciones necesarias para recuperar la paz interior, eliminar el sentimiento de culpa y de resentimiento.
  • Necesidad de reconocimiento de la propia identidad. Es un punto en estrecha relación con la autoestima, una de las metas básicas del desarrollo. La identidad une a las personas con todo aquello que han construido en el día a día.
  • Necesidad de orden. El orden es sinónimo de seguridad, de que la mayoría de las situaciones de la vida son previsibles. El ser humano le tiene miedo al caos, a lo imprevisto, a lo desconocido. Toda persona necesita poner orden en su interior, en sus prioridades, en su proyecto de vida.
  • Necesidad de la verdad. La necesidad de conocer la verdad en un mundo en donde cada vez predomina más la incertidumbre es también una necesidad de la mayor importancia y por eso se debe seguir el camino correcto y saber cuál es. Lo anterior se logra con una muy buena comunicación con los niños, con confianza, respetando sus opiniones y brindándoles una educación que les ayude a construir una correcta autonomía moral e intelectual.
  • Necesidad de libertad. En el sentido de la espiritualidad la libertad va más allá de la simple autonomía. Se refiere a esa libertad interior que le permite a la persona tomar aquellas decisiones que son importantes para dar sentido a su destino, es decir, para ser el verdadero protagonista de su vida.
  • Necesidad de arraigo. Desde el vínculo afectivo pasando por el sentirse miembro valioso de una familia y de una sociedad es una necesidad de un ser esencialmente social como lo es el hombre. La sensación de soledad, de ruptura de vínculos, es una de las situaciones que más genera angustia.
  • Necesidad de símbolos y rituales. El símbolo y el rito son componentes del lenguaje que se usan para celebrar momentos importantes, los que, a su vez, dan seguridad, afianzan la pertenencia a un grupo, a una familia. La celebración de un nacimiento, un cumpleaños, una boda son una necesidad que trasciende el ámbito religioso.
  • Necesidad de silencio y soledad. Cuando no es forzada por las circunstancias, la soledad es un momento necesario para el equilibrio de la persona, para encontrarse consigo mismo, para reflexionar y replantear actitudes y prácticas.

Cómo y cuándo ayudar a la formación de la espiritualidad en los hijos

Desde antes de la concepción misma: la significancia que da el saberse y sentirse un niño deseado, un niño buscado, ‘encargado’, como una decisión libre, responsable y autónoma de una pareja. La importancia de tenerle un nombre desde antes de nacer, de escoger los padrinos, de ‘ofrecer’ el niño a los familiares y amigos, la ceremonia del bautizo, y las fiestas de cumpleaños, son todos sucesos que sustentan y apoyan la espiritualidad.

Después con el ejemplo, cuando el niño ve que los padres se tienen en cuenta, se respetan sus sentimientos, cuando invocan un ser superior, cuando dan las gracias, se solidarizan con los demás en los momentos de tristeza y de alegría. Si además los padres profesan un credo religioso, esta es también una buena herramienta para este fin a través de la oración, de la invocación de un ser superior, de pertenecer y participar en las ceremonias religiosas de una congregación. En este sentido es válido recordar una tradición muy arraigada en las familias como es el apoyo, desde la primera infancia, en una ‘dulce compañía’, en un ángel de la guarda, un gran amigo de los niños que no los desampara ‘ni de noche ni de día’. Es indiscutible el efecto de tranquilidad, de paz interior y de sosiego que esta práctica les brinda a los niños, especialmente a la hora del sueño.

Sobre el cómo ayudar a la formación de la espiritualidad en el niño, es claro que una buena guía es tomar como derrotero las necesidades espirituales ya mencionadas. De manera más amplia se mencionan algunas pautas a continuación:

  • Crear confianza con el hijo. Que se sienta seguro para poder explorar. La confianza es la base para las demás etapas del desarrollo, según Erikson. La confianza se relaciona con la fe, entendida esta como confianza en lo que no se ve, pero que sí se puede creer. Toda persona se sostiene espiritualmente gracias a la confianza, a la fe que le permite afrontar dificultades y frustraciones.
  • Cultivar la libertad. Expresar ideas, manifestar sentimientos y emociones, hacer preguntas. Todo esto debe ser una cualidad que se viva en un hogar donde se tenga en cuenta a la espiritualidad. El desafío es no reprimir al niño, pero tampoco que vague sin ninguna orientación. Que se mantenga una relación fundada en el diálogo, en el respeto mutuo y en la verdad.
  • Demostrar interés en la vida del hijo. Es necesario invertir tiempo, dar afecto, mantener siempre una absoluta sinceridad en las relaciones con el hijo, tomándolo como un interlocutor válido. Que el niño en todo momento se sienta significativo, importante, valioso para sus padres. Que ellos le tienen un amor incondicional independientemente de su conducta o comportamiento.
  • Dejar a los niños la oportunidad de momentos de soledad, de ‘no hacer nada. En el mundo ajetreado y de afanes en que vivimos, el afán de que los muchachos estén haciendo siempre ‘algo útil para la vida’, de que no pierdan el tiempo, nos lleva a no permitirles momentos de solaz, de soledad, momentos que son valiosísimos, pues el niño se está encontrando consigo mismo. Son momentos de silencio y de contemplación que con el tiempo le van permitiendo hacer una sana introspección.
  • Enseñar a los niños el cuidado y el amor por la naturaleza. La naturaleza es un lugar excelente para encontrar una manifestación tangible de la espiritualidad. A todos los niños les encanta aprender con sus sentidos, mirar un atardecer o la luna, coleccionar piedras, hojas, observar un nido de pájaros, tener la experiencia de seguir la germinación de una semilla, etc. Con el cuidado de la naturaleza y del ambiente se le enseña al niño a tener un enfoque biocentrista en su paso por el mundo, y no a lo que le predica la sociedad de consumo: el enfoque antropocentrista: el hombre como amo y señor, como el más peligroso depredador de esa naturaleza de la cual dependemos en nuestra supervivencia. Con la espiritualidad se le enseña al niño que la naturaleza es sagrada.
  • Contar historias. A todos los niños les fascinan las historias. Contarles la infancia de los abuelos y de los padres, historias de cómo superaron adversidades, de cómo fue su infancia sin los avances tecnológicos actuales, de cómo a pesar de múltiples dificultades lograron salir adelante, son valiosas ayudas para que el niño vaya comprendiendo, de manera gradual, que la vida sí tiene sentido, de que cada quien se labra su propio destino. Las tradiciones de cada pueblo están llenas de historias que permiten explicar todo, desde cómo fue creado el mundo hasta por qué a veces la gente hace cosas malas.
  • La importancia de las tradiciones familiares. Ellas son las que dan arraigo, sentido de pertenencia, el que el niño se sienta orgulloso de su familia, de sus apellidos, de su raza, de su origen.
  • Enfatizar el aspecto espiritual de las festividades. Es valioso explicarles a los niños el origen de estas fiestas, la razón por la que es un día en el que no hay que trabajar ni ir a la escuela o colegio. En este punto es necesario contrarrestar el efecto definitivamente nocivo que la sociedad de consumo les da a las celebraciones como el Día de la Madre, el Día del Padre, la Navidad, o las celebraciones patrias.

A la influencia de los padres (la más importante y decisiva), se suma la de la familia extensa, los amigos, el colegio, los medios de comunicación, entre muchas otras.

Resiliencia y espiritualidad

Se entiende por resiliencia a la capacidad del ser humano de recuperarse de las adversidades de la vida, de ser capaz de retomar su vida después de una tragedia. Hay una estrecha relación entre la resiliencia y la espiritualidad. Cuando se tiene algo o alguien en quien creer firmemente, en quien confiar, algo que le da sentido a la lucha diaria y a la existencia, esto es determinante, decisivo en la vida y en las motivaciones de un ser humano.

Conclusión

Cuando el niño crece en un hogar con unos padres que tienen fe, en el que la vida cotidiana tiene elementos que trascienden lo material, el tener, el simplemente ‘pasarla bien’, será un niño que creará un sentido espiritual a su vida, que será capaz de sobreponerse a la gratificación inmediata, de aceptar la diferencia, de acatar el respeto por los demás, pero, muy especialmente, de tener una sana autocrítica, esto es, el saber valorar y modificar sus actos cuando no están acordes con los principios de justicia y equidad.

La espiritualidad es una parte fundamental de la experiencia humana y una parte de la herencia que transmitimos a nuestros hijos. Independientemente de la religión, la espiritualidad inculca en los niños lo que será su marco de ética y conducta personal durante toda su vida. Finalmente, hay que decir que el amor tiene una estrechísima relación con la espiritualidad: el niño que sabe que tiene el amor incondicional de sus padres independientemente de su comportamiento, que se siente siempre amado y valioso y, por lo tanto, es capaz de amar, que vive en un ambiente donde la solidaridad está presente, tendrá una formación espiritual adecuada. “La verdadera diferencia religiosa no es la diferencia entre quienes dan culto y quienes no lo dan, sino entre quienes aman y quienes no aman”, dice un pensador oriental.

Por: Luis Carlos Ochoa Vásquez

Pediatra puericultor y profesor Universidad Pontificia Bolivariana