La disciplina

Preescolares
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Una de las finalidades de los procesos de crianza y educación de los niños y adolescentes es, sin lugar a dudas, el desarrollo de un adecuado sentido tanto de la disciplina como de la autonomía.

La palabra disciplina se relaciona con los conceptos de orden y educación moral. Aunque también puede tener el significado de castigo, éste no es su sentido más importante. Ser disciplinado consiste entonces en tener un suficiente sentido del orden para dirigir la propia vida, ser suficientemente capaz de controlar los propios impulsos, es decir, para reflexionar antes de actuar, buscando el bienestar propio y el de los demás.

Esto quiere decir que la persona disciplinada no actúa de manera caprichosa ni teniendo en cuenta solo su gusto o su deseo, sino que además de esto tendrá en cuenta la convivencia para sí mismo y el respeto por los derechos –no necesariamente por los gustos- de los demás.

Pero, si se tiene en cuenta que los niños no nacen con ninguna de estas capacidades, ¿cómo ayudarles a ellos y a los adolescentes a construir un adecuado sentido de la disciplina y la autonomía? La disciplina es algo que el niño y el adolescente, si cuentan con las condicione adecuadas, podrá construir a lo largo de su proceso de desarrollo, bajo la influencia de los adultos, cuando estos adultos son para ellos personas significativas y dignas de admiración.

Es muy importante entonces entender que a ningún niño o adolescente se le puede forzar, de ninguna manera, a ser disciplinado y que por lo tanto las amenazas, castigos o cualquier otra forma de presión no son útiles en este sentido, aunque en algunas ocasiones parezca que sí.

El ejemplo por el contrario, aunque a veces no parezca eficaz, es el método fundamental en el proceso de ayudar a niños y adolescentes para que lleguen a ser disciplinados. Pero para que el ejemplo sea verdaderamente eficaz, debe estar acompañado siempre de las palabras que son el elemento fundamental para dar un sentido al comportamiento de las personas. Es fácil, entonces, comprender que los padres están en una posición privilegiada para ayudar a sus hijos a desarrollar un adecuado sentido de la disciplina.

Pero la crianza y educación del niño necesitan tiempo y, sobre todo paciencia. Parecieran ser necesarios un número inusitadamente grande de pacientes ejemplos y diálogos par que el niño interiorice y construya un adecuado sentido de la disciplina, y esto es algo que en ocasiones desalienta a algunos padres y adultos que desearían no tener que afrontar tan continuamente las situaciones propias de la falta de disciplina característica de la infancia, la niñez y la adolescencia.

Es importante, por lo tanto que los padres tengan una adecuada capacidad para comprender las necesidades de su hijo en los diferentes momentos de la vida. En un principio, cuando los niños son todavía muy pequeños es necesario que los padres se encarguen completamente de que dichas necesidades estén satisfechas. Pero poco a poco, a medida que crecen y que tiene mayores recursos y posibilidades personales, los padres deben permitirles que vayan haciendo ciertas cosas por sí mismos, lo cual no implica dejarlos solos ni dejarlos hacer lo que se les antoje. Siempre es necesaria la presencia del adulto dispuesto a acompañar al niño y a dialogar con él. Esto le ayudará a adquirir el sentido de que sus acciones dependen de él mismo, con lo cual se inicia el proceso que lo conducirá a construir un sentido de la disciplina y de la autonomía.

Recomendaciones:

– Los niños necesitan más modelos que críticos

– Ser firme no implica ser violento. La firmeza tiene más que ver con la claridad de las ideas y principios en los cuales se basa una determinada acción o decisión, que con los métodos empleados para justificarla o defenderla

– Es más importante la posibilidad del desarrollo de un sólido sistema de valores que el logro del “buen comportamiento”, cuando éste se basa exclusivamente en el temor al castigo o en la búsqueda de recompensas. Los castigos sirven para moldear el comportamiento, pero difícilmente ayudan al desarrollo de principios morales

– Más que aprender a obedecer, es importante que mediante la educación, el niño desarrolle un sentido de relación con las leyes y las normas. Esto le permitirá ubicarse adecuadamente ante sí mismo y ante el orden social.

– El niño no es una máquina a la que hay que aprender a “manejar”. Es un ser humano y como tal tiene desde el principio de su vida sentimientos y deseos que son tan valiosos e importantes como los de cualquier adulto, pese a las diferencias que el nivel de desarrollo obliga necesariamente a considerar.

 

Adolfo León Ruiz Londoño

Psicólogo Universidad de Antioquia

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