La disciplina humanizada: una cara del amor

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Por: Carmen Escallón Góngora

Pediatra puericultora

Terapista de familia

Muchos padres confunden autoridad con violencia o permisividad. Ser justos, garantiza una buena crianza.

La autoridad es uno de los factores determinantes en todo sistema familiar: autoridad significa sostener para crecer. Es lo que permite que exista una organización adecuada en la colonia familiar y en la gran colonia social. Un buen sistema de autoridad produce niños sanos, adaptados a la sociedad, respetuosos, libres y conscientes.

La autoridad tiene que ver con el respeto de los padres por sus hijos y de los hijos por sus padres. Se edifica en el diálogo, en el acompañamiento, en la reflexión y la revisión constante.

Muchos padres confunden una buena autoridad con la violencia o la permisividad. Y justamente, ni es lo uno ni lo otro. Un adecuado sistema de autoridad se construye desde la vida dentro del útero: cuando los padres asisten a su control prenatal y la madre se alimenta adecuadamente, estimulan a su hijo y respetan el propio crecimiento y estados de este ser.

Poco tiempo después del nacimiento se debe seguir en el respeto por el niño y el respeto por las necesidades de los padres. Estos últimos deben actuar como unos jardineros, estando allí hasta que el fruto de la planta brote, podando, poniendo límites, regando y nunca violentando.

El siguiente cuadro ilustra a los padres sobre las diferencias entre el poder y la autoridad:

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Con el ánimo de corregir a sus hijos y disciplinarlos muchos padres los maltratan. Muchas veces lo hacen porque se sienten frustrados ante ciertas actitudes y conductas de los hijos y ante la dificultad que tienen para controlar sus impulsos agresivos. Estos padres deberán sanar sus propios dolores ocasionados en su niñez, para no copiar la actitud que tanto les dolió, y que aunque la hayan cuestionado, terminan imitándola.Existen formas de autoridad falsa, que son formas de poder o uso de la fuerza física, emocional, social o moral para doblegar la voluntad del niño. Estas formas de autoridad falsas son: manipulación de los padres, amenaza, miedo, cantaleta, juicio, desvalorización, insultos y golpes.

La autoridad sana no se preocupa tanto porque el niño obedezca la norma ciegamente, sino porque la cuestione respetuosamente y, cuando es pequeño, se preocupa más por enseñar que por corregir. Es necesario que los padres cuando corrijan a sus hijos pequeños les muestren además cuál es el camino o la conducta adecuada. Muchas veces los niños se confunden porque la madre está enojada porque ellos se ‘portaron mal’, pero ellos no saben cuál es la mejor manera de ‘portarse bien’.

Se debe cuestionar toda conducta inadecuada por parte del niño, sin lastimarlo, y dejar de usar rótulos como inquieto, insoportable, desordenado, ‘mamón’ y tantos otros que lastiman su esencia.

Cuando un niño incumple una norma los padres deben sancionarlo, sin hacerlo delante de terceras personas ni en estados de profunda rabia y frustración. Ante estos estados se recomienda serenarse primero y luego ejercer la medida disciplinaria como todo buen maestro.

Para crear hábitos y normas en el niño pequeño es necesario repetir la enseñanza y controlar repetidas veces hasta que el niño aprenda. Los padres deben tener paciencia, fe y mucho amor. Deben valerse de cuentos, juegos o marionetas para enseñar hábitos al niño pequeño.

El niño pequeño responde muy bien a las sanciones que se hacen con firmeza, con el ánimo de enseñarle, tales como sentarlo en la silla de la reflexión, hablarle, sacarlo del campo (tiempo fuera) o quitarle privilegios. Los padres y maestros deben cuidar de no quitar el juego, la alimentación o el uso del baño.

Muchas veces el niño pequeño trata de rebelarse ante una medida disciplinaria: es recomendable que los padres sean firmes y nunca suspendan el acto disciplinario, pues levantar o quitar una sanción hace que los padres se muestren inseguros e inconsistentes ante sus hijos.

Mantener la calma, sin perder la armonía ante los caprichos del niño, multiplica el éxito de la educación, a la vez que les transmite a los hijos un modelo de personalidad adecuado.

Es provechoso que los padres respalden las palabras con hechos, es decir, que sean consistentes: la fuerza de la autoridad está basada en la consistencia. Las amenazas sobran y debilitan la autoridad. Anticipar la sanción disciplinaria o las amenazas a los niños daña la credibilidad en los padres.

La medida disciplinaria debe ser coherente con la falta y debe tener un principio y un final. No debe ser desproporcionada porque los padres tendrán que dar marcha atrás: por ejemplo, decirle a un niño que por rabia arroja el cuaderno en el suelo que no saldrá a la zona de juegos por dos meses no solamente es imposible de cumplir, sino que debe ser suspendida, con lo cual los padres quedan muy debilitados ante el niño.

Una autoridad ideal, apoyada en la ternura y la firmeza, es la forma en que los padres pueden dejar su herencia a sus hijos; una herencia de gran valor que los acompañará por el resto de la existencia.

RECUADRO

Recomendaciones

 

  • Sean justos.
  • Sean modelos dignos de imitar.
  • Hablen con su hijo cuando se equivoquen, pidiendo disculpas.
  • Sean firmes ante los ataques para debilitar la autoridad por parte del niño, tales como los berrinches, las pataletas y la conducta desafiante.
  • Cuando su hijo se equivoque no le digan ‘no’ simplemente, explíquenle por qué no puede hacer determinada cosa, dándole alternativas.
  • Eviten el uso de autoridad falsa o formas veladas de poder, como manipulación, amenaza, golpes, burla, etc.
  • Sean pacientes y tolerantes con su hijo.
  • Explíquenle las normas a su hijo.
  • Repitan la enseñanza tantas veces como sea necesario en el niño pequeño.
  • Sancionen la conducta inadecuada del niño, evitando afectar derechos como el juego, la comida y el uso del baño.
  • Sean coherentes entre sus palabras y los hechos.
  • No supriman una sanción ni la apliquen por anticipado.
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