La crianza y la culpa Parental

Desde el punto de vista psicológico, la culpa se define como un sentimiento que experimentan las personas que se origina como resultado de una acción que provocó un daño y que trae consigo una sensación de responsabilidad.

A diferencia de generaciones anteriores, los padres de hoy son, en gran medida, sujetos de culpa, a pesar de ser comprometidos y bien intencionados. Entre las causas de esta culpabilidad está el tono condenatorio con el que fueron criados por sus padres, quienes no parecían sentirse culpables por sus errores. Otra fuente de culpabilidad en los padres de hoy tiene que ver con la sobredosis de información alrededor de la función parental, que puede sofocar la sabiduría innata y que hace que se sientan incompetentes y, a la vez, culpables por tantas fallas que se descubren en su diario accionar en el proceso de la crianza de sus hijos.

La culpa genera, con frecuencia, una difusa sensación de indignidad que se traduce en sentimientos de inferioridad parental que generan temor y socavan la necesaria confianza en la función que debe acompañar su asertiva presencia como acompañantes y guías ante sus hijos. Con toda razón afirma la educadora familiar Ángela Marulanda, “que lo ideal es educar a los hijos desde el amor y no desde la culpa, al reconocerle a los padres la experticia que en estos nuevos tiempos les ha sido negada”, pues, como bien afirma un experto, “mientras que antes las familias hacían la cultura, hoy es la cultura la que hace a las familias”.

Entre las consecuencias adicionales que genera la culpabilidad parental está algún sentimiento de inferioridad, que puede desembocar en un comportamiento cómplice ante los hijos que desvirtúa su rol de acompañantes inteligentes y amorosos, quedando estos a merced de sí mismos, con grandes limitaciones para asumir más tarde de manera comprometida el comando de sus propias vidas.

Para concluir, compartimos plenamente la afirmación del educador Harold Kushner: “La culpabilidad no hace florecer lo mejor de nadie, sino que nos drena la alegría de vivir”.