La crianza entre lo matrístico y lo patrístico

La primera relación con la madre o su sustituto, es básica y constituyente, pero también son importantes otras presencias, como la paterna.

Según el biólogo chileno Humberto Maturana, la existencia humana se desarrolla en dos atmósferas relacionales. Lo matrístico es la aceptación sin condiciones, la sensualidad gozosa, que se manifiesta en el contacto físico y la caricia. Lo patrístico es la búsqueda del poder y el dominio, la rivalidad y el espíritu de competencia.  Mientras que lo matrístico es la aceptación, lo patrístico es la exigencia ante el reto, que puede llevar a la negación de la sensualidad y la sobrevaloración de la razón.  La niñez suele desarrollarse en el terreno de lo matrístico, para ser arrojada luego al ambiente patrístico de la competitividad.

Las dos atmósferas se complementan: la sabiduría ancestral se condensa en el proverbio maya:  “La madre ha de tomar al niño en su regazo para que sienta que este es su mundo.  El padre lo ha de llevar a la colina más alta para que sepa cómo es su mundo”

Aunque lo matrístico no es exclusivamente de las mujeres, en la actualidad prácticamente lo es.  Y lo patrístico, aunque no debe ser monopolio de los hombres, actualmente se vive de esa manera.

La crianza humana en sus primeros años ocurre principalmente en el territorio matrístico, allí surge la confianza básica que pone en armonía sin fisuras con la vida.  De esta manera, los seres humanos son recibidos, según el médico y ensayista español Juan Rof Carballo, en la “urdimbre afectiva constituyente”· o, según Humberto Maturana, “en la matriz biológico-cultural de la existencia humana”.

Lo patrístico, que puede ser una fuerza para sobrevivir, se ha deformado.  La combatividad entendida como la fuerza que lleva a enfrentar la adversidad se ha convertido en agresividad y violencia.  La dureza, la valentía temeraria y el control de las emociones se promocionan  como valores viriles.  Se dice que “los hombres de verdad” a veces están obligados a usar la violencia. Y luego se recogen los frutos.  De ello son ejemplos la violencia doméstica y el matoneo o bullying.  No es fortuito que el 80% de la población carcelaria del mundo está conformada por hombres.

Si lo matrístico es fundamental, ¿se trata entonces de tener dos madres? ¿Hay un sitio específico para la madre y otro para el padre? Claro que sí, son dos seres distintos, con una diferente forma de ver la vida, con una manera distinta de expresar el afecto. Desde los primeros medes de vida, los niños pueden distinguir entre el estilo de cuidado de la madre y el del padre, y para ellos es sumamente positivo experimentar esos estilos diferentes a lo largo de todas las etapas del desarrollo de la vida.

Francisco Javier Leal Quevedo
Pediatra puericultor