La consulta con el pediatra como territorio para la buena crianza

La consulta con el pediatra como territorio para la buena crianza

Por Blair Ortiz Giraldo
Pediatra y puericultor Universidad de Antioquia 

Los padres y el pediatra pueden trazarse un compromiso con el funcionamiento de la familia a partir de las prácticas de crianza
y las circunstancias que afectan a los niños, de esta manera contribuirán a que estos sean felices. 

A diferencia del resto de las especialidades médicas, en la consulta con el pediatra es necesaria la presencia de un acompañante. Ya se trate de los padres, un miembro de la familia u otra persona, su influencia es determinante en el resultado de las medidas que se implementen para el niño.

El niño requiere de su familia y otras personas representativas para encontrar satisfechas sus necesidades básicas. La familia es el primer escenario donde el niño obtiene los elementos básicos de socialización e imitación, facilitando el desarrollo de las habilidades para la vida diaria. Su autoestima crece a partir de ser cuidado, amado y valorado; y en la medida en que se siente parte de una unidad social, comparte valores y se comunica abiertamente. Las familias transmiten e interpretan los valores a sus hijos y les sirven para conectarse con el resto del mundo por el resto de su vida.

La influencia de la familia

Los padres y cuidadores pueden discutir con el pediatra la influencia de la familia en los niños, sabiendo que este es el terreno apto para fortalecer la salud y, seguidamente, las otras metas del desarrollo humano integral y diverso: solidaridad, felicidad, resiliencia, autonomía, autoestima y creatividad. La salud, el bienestar del niño y las prácticas de crianza están íntimamente ligados a las circunstancias físicas, emocionales y sociales de los padres.

Hay gran diversidad en las familias en cuanto a su composición, legado étnico, orientación religiosa-espiritual, forma de comunicarse, tiempo que pasan juntos, interrelación de cada uno de los miembros de la fa- milia, nexos con la comunidad, experiencias y capacidad para adaptarse a las situaciones difíciles.

Con frecuencia, los problemas de conducta de los niños dan testimonio de las competencias de la familia para adaptarse a las preocupaciones y necesidades especiales de la vida diaria. En este mismo sentido, los síntomas de un niño enfermo se pueden interpretar como una solicitud de ayuda.

Los padres y pediatras son especialmente sensibles a notar las diferencias entre los niños, sus temperamentos y personalidades, sus capacidades innatas y aprendidas, y la forma de responder al mundo que tienen alrededor.

Encontrando pautas adecuadas para la crianza

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la Sociedad Colombiana de Pediatría (SCP) y ciertos grupos intersectoriales se han encargado de formular las recomendaciones de crianza para la práctica médica y las políticas públicas para el cuidado de los niños. La puericultura es la disciplina que se encarga de encontrar, mediante un amplio escrutinio, las pautas de crianza correctas para ser brindadas en el lecho familiar y ayudar a todos los individuos a ser parte de una mejor dinámica cultural social e individual.

Las actividades tendientes a romper las prácticas inadecuadas de crianza y el círculo vicioso del maltrato infantil pueden servir como un mecanismo para que los niños consideren seguir modelos de imitación más sanos. Como sostiene Elbedour, autor de varias investigaciones acerca del maltrato, cuando un niño puede percibir que un acto no forma parte del consenso social y que es reprobado y alejado de la norma, llega a tener una mayor claridad sobre lo que es justo en ese caso, lo cual le ayudará a adoptar decisiones adecuadas en el presente y en el futuro.

La crianza humanizada es pues la propuesta del Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia, que tiene como discurso mejorar las relaciones de los adultos con los niños, niñas y adolescentes en su contexto social, considerándolos como gestores de su propio desarrollo, con los cuidadores adultos como modelos.

Iniciativas por el buen comienzo

Los padres y el pediatra pueden trazarse un compromiso con el funcionamiento de la familia a partir de las prácticas de crianza y las circunstancias que afectan a los niños.

Este es el ejemplo de la Academia Americana de Pediatría que promue- ve “La Iniciativa para la Familia”, enfoque orientado al cuidado de esta. Se requiere que el pediatra extienda su responsabilidad a incluir la evaluación y la referencia de los padres que tienen problemas físicos, emocionales, sociales y conductas riesgosas para la salud, y que puedan afectar adversamente el bienestar de su niño.

Por otro lado, es importante que en cada familia se cree un espacio para discutir las experiencias negativas y comentarlas con el pediatra. Tener un sentido de realidad y hacer un juicio crítico hacia los hechos de maltrato puede generar una actitud positiva hacia las pautas de crianza y a romper el ciclo de la violencia intrafamiliar.

La familia como campo de acción

La familia colombiana se ve afectada por varios factores de desventaja social, como los problemas económicos, falta de soporte social, desempleo e informalidad laboral, madresolterismo, abandono y todas las manifestaciones de violencia, que producen preocupaciones reales y latentes en los padres, hacen que las parejas en- tren en conflicto y que se dificulte su relación. Estas respuestas al estrés dificultan la relación parental y la interacción entre padres e hijos.

El llamado vehemente es a que los padres procuren ser persistentes en su función de acompañar de manera justa el proceso de la crianza de sus hijos y fortalecer el vínculo familiar; y que, por su parte, el pediatra en su consulta reconozca el papel que cumple la familia en la consolidación de los conocimientos, actitudes y prácticas que propician niños felices.