La comunicación con nuestro hijo

La comunicación con nuestro hijo

Duérmete niño, que tengo que hacer:
lavar los pañales y ponerme a coser.
Duérmete niño, duérmete ya
mira que mamá se va a descansar.
Arrurrú mi niño, arrurrú, mi amor.
Arrurrú pedazo de mi corazón.
Señora Santana ¿por qué llora el niño?
por una manzana que se le ha perdido.
Yo le daré una, yo le daré dos…
una para el niño y otra para vos.

(Nanas populares) 

Por: Carmen Escallón Góngora
Pediatra y puericultora
Terapista de familia – Universidad de Cartagena

Desde la vida intrauterina se empiezan a esbozar los primeros canales de comunicación en el niño. Inicialmente, el tacto es el sentido que constituye la base de todos los demás sentidos; los sonidos llegan en forma de vibraciones que se reciben en la piel del niño y en la octava semana ya cuenta con un primitivo lenguaje corporal con el que intenta expresar sus preferencias.

El niño, desde su etapa prenatal (antes del nacimiento) aprende a reconocer estímulos cercanos. Hacia el sexto mes, el oído ha alcanzado un grado de desarrollo adecuado para diferenciar estímulos sonoros del ambiente. Él está en capacidad de distinguir las voces de sus padres y responder con agrado a ciertos estímulos musicales; los estímulos sonoros del abdomen materno y el ritmo del corazón hacen parte del espacio que le brinda seguridad.

Los padres tienen la posibilidad de comunicarse desde antes del parto con su niño y aprender a reconocer las respuestas de agrado y desagrado que él trasmite. Por ser la madre quien lleva a su hijo en su cuerpo, tiene más oportunidad de establecer contacto con él, pero el padre puede propiciar espacios de acercamiento desde la etapa prenatal.

Es oportuno que los padres entiendan que la relación de padres propiamente dicha es diferente a la relación de pareja. Durante el embarazo pueden existir conflictos que no deben interferir con la relación que el padre tiene con su hijo. A pesar de las diferencias que puedan existir entre la pareja, se debe permitir que el padre se acerque al niño antes de nacer.

Es probable que la formación del vínculo afectivo tarde un poco más en formarse en el padre, por ser la madre quien ha tenido la oportunidad de sentir el niño en su cuerpo, pero es necesario entender que el padre también puede establecer un canal de comunicación adecuado con el niño que es igualmente valioso.

En lo posible se debe vivir el embarazo en un ambiente armónico, que brinde la seguridad necesaria. Los factores productores de estrés que rodean a la mujer embarazada son transmitidos al niño, hasta tal punto que las agresiones sobre una mujer en gestación son consideradas maltrato infantil.

Después del nacimiento, el niño afronta estímulos nuevos y situaciones que le pueden resultar frustrantes. A diferencia de la etapa prenatal, el recién nacido afronta situaciones incómodas; mientras en el vientre materno las necesidades estaban resueltas, en la vida fuera del útero debe expresar la necesidad y esperar que esta sea resuelta.

Es necesario en esta etapa transmitirle tranquilidad y confianza para intentar reducir su angustia. El niño está en capacidad de interpretar quiénes le transmiten seguridad y reconoce desde temprano el ambiente que le rodea y las voces de sus padres y cuidadores. Sin embargo, el sistema de comunicación con él va mucho más allá de las palabras; como no ha aprendido aún a incorporar el lenguaje verbal, es un experto descifrando mensajes más sutiles.

Después de los nueve meses en el vientre materno, la relación entre la madre y el niño es tan cercana que las alteraciones emocionales en la madre pueden ser expresadas por medio del cuerpo del niño. El canal de comunicación entre madre e hijo es tan sólido que para el niño recién nacido la madre hace parte de él y él de su madre. Si esta no quiere alimentarlo con lactancia natural, y por algún tipo de presión lo hace, el niño estará en capacidad de percibir la inconformidad de su cuidadora y esto le puede causar confusión y angustia, incluso le puede generar algunas alteraciones en su salud como llanto y devolución del alimento.

En la medida de lo posible, las otras personas de la familia deben ser facilitadores de este proceso. La función de tíos y abuelos es ayudar a mantener un ambiente favorable y ser capaces de brindar el apoyo necesario. Es fundamental que el nacimiento se entienda como una crisis en la que participa todo el sistema familiar y, ante la cual, todos tienen una tarea determinada.

Después del parto, el llanto es el principal mecanismo que le permite al niño comunicar sus emociones; es el primer lenguaje relacional que posee. En la medida en que los padres aprenden a conocer a su niño, pueden diferenciar el tipo de llanto y entender lo que está comunicando. Es probable que padres inexpertos o demasiado aprensivos se preocupen excesivamente al escuchar el llanto de su hijo. Es recomendable que los padres respondan con seguridad ante el llanto, ya que la angustia innecesaria puede agotarlos y generar respuestas poco apropiadas e irritables.

Aunque hay niños más demandantes que otros, el llanto debe entenderse como la única forma de expresarse que el recién nacido tiene. Generalmente, el niño llora por incomodidad, por hambre, por cansancio o sueño, o por dolor. Los padres deben convertirse en los intérpretes de este sistema de comunicación y de esta forma garantizar su bienestar. En la medida en que pasamos tiempo con nuestro hijo y aprendemos a sentirlo y a conocerlo, será posible aprender a diferenciar el tipo de llanto y el mensaje implícito que él intenta transmitirnos. Generalmente, cuando el llanto es por hambre, el niño se calma al alimentarlo.

Es interesante observar que el seno materno, además de ser una fuente de alimento, es un mecanismo que le produce al niño calma y consuelo. Levantarlo en los brazos y arrullarlo es una forma adecuada de calmarlo. El pequeño puede llorar al sentirse incómodo, y esta incomodidad puede ser generada por varios factores como la temperatura del ambiente, el pañal sucio o malestar por no poder expulsar gases. El cuidador debe estar centrado en el niño y prestar especial atención a todas estas condiciones.

Es necesario atender oportunamente sus necesidades: si el llanto no se calma y persiste, o si se suma a otros signos como palidez, sudoración, o distensión abdominal, puede tratarse de una manifestación de dolor o de los mal llamados cólicos, que se caracterizan por llanto que no es por dolor, sino que es una necesidad de llorar que ahora se llama llanto excesivo. Tanto el llanto por dolor como el llanto excesivo que no se calma con medidas sencillas como poner el niño boca abajo en el regazo materno, acariciándolo y hablándole, justifican una consulta con un profesional.

Los padres deben intentar responder activamente al llanto del niño y con positiva disposición, siempre con tranquilidad y serenidad para evitar transmitirle una carga de angustia innecesaria, pero es necesario tener en cuenta que el llanto es la forma de comunicación por excelencia de que el niño dispone y, como tal, debe merecer atención.

No atender al llanto o dejarlo llorar sin intentar responder a sus necesidades, puede ser contraproducente: no es cierto que el llanto ayude a desarrollar los pulmones; siempre que el niño llore debe ser atendido adecuadamente. Para evitar el cansancio excesivo en la madre, el padre y familiares cercanos pueden ayudar turnándose con los cuidados. De esta manera, se garantizará que el niño sea atendido a tiempo y con buena disposición.

Aunque hemos dicho que el niño durante esta etapa no sabe comunicarse con palabras, es recomendable hablarle y cantarle. El niño conoce las voces y aprende a diferenciar su tono. Así mismo, desde temprana edad aprende a reconocer diferencias en los rostros de sus cuidadores, y le llama especial atención la expresión facial de estos.

La comunicación con el recién nacido, a pesar de estar provista de mecanismos rudimentarios, goza de una extrema sensibilidad. Es una oportunidad para establecer un vínculo afectivo seguro y para transmitirle la confianza, seguridad, amor y ternura, necesarios para su sano desarrollo.

Recomendaciones

  • Háblenle a su niño durante el embarazo, como un modo de brindarle un ambiente ar- mónico en su vida antes de nacer.
  • Fomenten el acercamiento del papá al niño que está por nacer.
  • Aprendan a sentir los movi- mientos de su niño durante el embarazo y a interpretar el agrado o desagrado.
  • Comuníquense con su niño por medio de caricias, can- tos, arrullos y expresiones faciales.
  • Más allá de las palabras, el niño es sensible al estado emocional de sus cuidado- res: intenten fomentar un ambiente de paz, armonía y seguridad.
  • Propicien espacios en los que los padres puedan ex- presar sus dudas, incomodi- dades y temores.
  • Recuerden que la función de tíos y abuelos es ayudar a brindarle, tanto a los padres como al niño, un ambien- te de tranquilidad y calma, permitiendo que familiares y amigos les presten ayuda.
  • Eviten visitas incómodas e inadecuadas.
  • Bríndenle atención al niño siempre que llore.
  • Permítanse aprender a dife- renciar el tipo de llanto de su niño, recordando que puede ser por hambre, cansancio, sueño o incomodidad.
  • Recuerden que el llanto puede estar expresando do- lor y que el llanto excesivo o la irritabilidad pueden ser signos de alerta; razón para consultar al médico.