La buena crianza

La crianza empieza por el establecimiento de vínculos afectivos que propenden a la construcción permanente de aprendizajes conscientes e inconscientes, que resultan de las interacciones a lo largo de la vida (socialización) de los sujetos de crianza, en una relación de doble vía, pues al mismo tiempo los adultos acompañantes en la crianza están modificando su propio desarrollo.

Criar implica necesariamente educar, entendida la educación en el contexto de la UNESCO, como constituida por cuatro pilares básicos, definidos como aprender a ser, a conocer, a hacer y a vivir juntos, tanto en el presente, como en el futuro.

La crianza humanizada y humanizante es el acompañamiento inteligente y afectuoso a los niños, niñas y adolescentes en la aventura de la vida, de tal modo que puedan construir y reconstruir, como protagonistas de su propio desarrollo, las metas del desarrollo humano integral y diverso: autoestima, autonomía, creatividad, felicidad, solidaridad y salud.

Es nuestro deber practicar dicho acompañamiento teniendo en cuenta el interés superior de los niños, niñas y adolescentes y el desarrollo creciente de sus capacidades que determinará el destino final de la autonomía como el propósito de la crianza.