La autonomía y la escuela

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Después de la familia, la mayor influencia en la construcción y reconstrucción de la autonomía es la de la escuela. Si el niño y el adolescente se desempeñan en un ambiente escolar que rechace el autoritarismo y el castigo, que fomente espacios para la creatividad, sin actitudes adultocentristas y con el respeto a la singularidad de cada alumno, la escuela será campo propicio para la autonomía como meta de la educación, de tal modo que niños y adolescentes comprenderán que el aprendizaje que no es impuesto es realmente lúdico y será fuente de muchas satisfacciones.

La escuela es un escenario ideal tanto para la autonomía moral como para la intelectual: hacer siempre lo correcto porque así lo dice la conciencia, no porque se esté vigilado o por temor al castigo. Así se aprenderá a diferenciar lo verdadero de lo falso, a adquirir criterios propios.

En conclusión, la familia y la escuela son instituciones fundamentales para el paso de la dependencia (heteronomía) a la autonomía, siempre y cuando la relación con el niño y el adolescente se de con respeto mutuo, aceptando las diferencias sin prejuicios.

Todo aquello que viniendo de la casa o de la escuela propicie la autovaloración positiva y la singularidad, constituye un ambiente óptimo para la autonomía. Lo que vaya orientado a fortificar el yo, como los buenos niveles de comunicación y la estimulación afectuosa, así como evitar las reacciones de minusvaloración, es propiciador de autonomía en la niñez y la adolescencia.

Luis Carlos Ochoa Vásquez
Pediatra puericultor

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