La autonomía de los niños en la edad escolar

Por: Álvaro Posada Díaz
Pediatra puericultor

El Grupo de Puericultura “Humberto Ramírez Gómez”, de la Universidad de Antioquia, en su discurso Crianza humanizada y humanizante, plantea como elemento central de la crianza educación socialización, que cada niño y adolescente debe construir y reconstruir permanentemente, con el acompañamiento de sus cuidadores adultos, seis metas del desarrollo humano integral y diverso, que son: autoestima, autonomía, creatividad, felicidad, solidaridad y salud.

Según el pediatra puericultor colombiano Luis Carlos Ochoa, la autonomía es una necesidad esencial que representa para el ser humano algo tan trascendental como la supervivencia misma, el desarrollo de su personalidad y la sana convivencia con sus semejantes, pasando por eventos tan decisivos como el desempeño escolar y laboral.

La autonomía es el paso de la dependencia (subordinación a un poder mayor) a la independencia (cualidad o condición de independiente). Puede ser definida como la capacidad que tiene un sujeto para regular su comportamiento a partir de sus principios, pero tomando en cuenta el punto de vista de los demás, sus derechos y necesidades.

Ser autónomo es ejercer el autocontrol, con el que empieza el respeto por el otro y se adquieren responsabilidades y deberes que fuerzan al individuo a salir de sí mismo y pensar en los demás, que es, en otras palabras, el hábito de dominar las inclinaciones y apetencias. Así se adquiere el civismo, virtud necesaria para la convivencia, para lo cual los seres humanos tienen que ser autónomos y solidarios, esto es, empáticos.

La edad escolar

La etapa que va de los seis años de edad al comienzo de la adolescencia (pubertad), también conocida como etapa escolar, es una época de la vida en la cual, mediante la interacción con los cuidadores adultos, los niños deben consolidar la ya iniciada construcción y reconstrucción de la autonomía, es decir, el sentimiento de que pueden gestionar sus emociones e impulsos, el medio que los rodea y, sobre todo, el comienzo de la capacidad de autocontrolarse y quererse a sí mismos.

Construcción y reconstrucción de la autonomía en la edad escolar

La finalidad última y explícita de la crianza educación socialización, es la autonomía; por lo cual, en el proceso se debe tener en cuenta la confianza en las capacidades de los niños y adolescentes, así como el intercambio de puntos de vista con ellos y el aliento a que este intercambio se haga también entre ellos, de tal modo que se estimulen a que sean mentalmente activos.

Entendido así, este acompañamiento tiene como objetivo fundamental que los sujetos de crianza sean auténticamente libres, comprendiendo la libertad como lo que es: una facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos; y como un logro de la socialización, entendida como convivencia en democracia, objetivo último y primordial.

La construcción y reconstrucción de la autonomía, como las de las otras metas del desarrollo humano integral y diverso, están íntimamente ligadas con conceptos como autoridad, normatividad, disciplina, y responsabilidad; todo dirigido a la construcción de la meta por excelencia, que es el desarrollo humano integral y diverso, con el fin de que cada quien llegue a pensar, decidir y actuar en un ambiente de democracia ciudadana, siendo resilientes, es decir, teniendo capacidades (competencias) de discurrir satisfactoriamente por el proceso vital humano a pesar de las dificultades inherentes a este mismo discurrir.

La autoridad que los padres y maestros ejerzan con amor y comprensión y las oportunidades con las que acompañen a los niños para participar en una tarea, tomar decisiones y asumir compromisos, según su edad, influyen positivamente en el desarrollo de la responsabilidad y en la construcción y reconstrucción de su autonomía.

En las etapas de recién nacido y preescolar la relación de los cuidadores adultos con los niños se suele hacer con relativa facilidad en el terreno del ejercicio del poder. Por el contrario, en la edad escolar, el acompañamiento a un niño en la construcción y reconstrucción de la autonomía es un proceso que exige paciencia y debe ser por completo ajeno al uso de premios y castigos como elementos de la disciplina: los premios se deben reemplazar por los reconocimientos y los castigos por la corrección de las acciones que sean consideradas inadecuadas.

En la medida en que se construyó y reconstruyó la autonomía en la edad preescolar, en la edad escolar se desarrollan destrezas de la cultura o, de no lograrlo, se afrontan sentimientos de inferioridad. Mediante el método de ensayo y error, en la niñez se acumula experiencia con apoyo en la de los demás, para conseguir habilidades que faciliten construir un código de comportamiento para la escuela, la lúdica y el intercambio social. En esta fase, la construcción y reconstrucción de la autonomía se dirige a la competencia, entendida esta como el sentido de capacidad o habilidad.

Según las potencialidades individuales, y con el acompañamiento de los cuidadores adultos de su ambiente específico, se estimulará la construcción y reconstrucción de la autonomía, esto es, la singularidad de los niños y adolescentes, lo que los hace diferentes o especiales, en concreto, ser uno mismo en un clima de libertad y respeto por los demás.

En esta edad, los padres deben acompañar a los niños en la construcción y reconstrucción de la autonomía inculcándoles el orden y la responsabilidad, asignándoles tareas hogareñas, como, por ejemplo, recoger su ropa sucia y llevarla al lavadero o sitio destinado para ello y ayudar a organizar su habitación; así aprenderán, además, que para vivir en familia es imprescindible ayudarse y distribuir las labores. Algo similar debe ocurrir en la escuela.

Construcción y reconstrucción de formas específicas de autonomía en la edad escolar

Al comienzo de la edad escolar hay autonomías que ya deben estar consolidadas, como el control de esfínteres y la inmunitaria. Otras se perfeccionan notablemente en este período del desarrollo, con influencia notable en este proceso del acompañamiento de cuidadores adultos en el centro educativo.

En la etapa escolar, los niños permanecen gran parte del tiempo rodeados de adultos y de sus pares, y la mejor manera de construir y reconstruir la autonomía para la convivencia es mediante la percepción de respeto por los otros de parte de esos adultos en todos los casos: con razón se acepta, en la actualidad, que la escuela es el mejor espacio para el aprendizaje del respeto por la diversidad y, por lo tanto, de la inclusión, en todas sus manifestaciones, esto es, étnica, religiosa, cultural, física, lingüística, nacional, histórica, sexual y de género.

Los padres y maestros, como modelos del bien obrar, son el ejemplo fundamental para que en la fase escolar se construya y reconstruya la autonomía moral. Cuando en las pantallas de distintos dispositivos, en la televisión, por ejemplo, o en la escuela se perciban actuaciones inadecuadas en lo moral se deben analizar en conjunto, sin dejar pasar esta oportunidad. Esta es, además, una excelente manera de complementar el buen uso de las herramientas digitales.

La autonomía intelectual tiene en la edad escolar un momento de intensa construcción y reconstrucción, para lo cual, es absolutamente necesario que los niños hayan construido satisfactoriamente las otras autonomías: para el ingreso al colegio es indispensable que se conciban a sí mismos como seres separables de los padres, tengan una mayor capacidad de concentración, y puedan admitir reglas y normas, tanto en el juego como en las otras actividades. Además, que tengan buen control de sus esfínteres, vesical y anal, y una buena comprensión del lenguaje.
La autonomía intelectual se va construyendo y reconstruyendo paralelamente con la capacidad de adquirir los conocimientos programados para un curso dado, según la edad. La adquisición de buenos hábitos de estudio, la construcción y reconstrucción de la autoestima, la responsabilidad, la solidaridad y la autonomía son pilares fundamentales para un buen desempeño escolar, para la construcción y reconstrucción de la autonomía intelectual.

Los padres deben acompañar inteligentemente a los niños en la ejecución de sus deberes escolares, ayudándoles con los elementos necesarios para hacerlos, pero sin asumir la responsabilidad de hacérselos. Las tareas escolares son para que cada niño las realice y así consolide lo aprendido y construya y reconstruya su autonomía intelectual.

Obstáculos en la construcción y reconstrucción de la autonomía en la edad escolar

Los obstáculos que inconscientemente con mayor frecuencia les ponen los cuidadores adultos acompañantes a los niños en la construcción y reconstrucción permanente de la autonomía son la sobreprotección y la sobreexigencia, con lo cual se priva a los niños de su libertad.

En la edad escolar, una forma muy común de sobreprotección es la de hacerles las tareas, generalmente con el disfraz de que se les está ayudando a hacerlas. Otra forma es la de ponerse siempre del lado del niño, descalificando a los maestros, sin analizar cada situación en concreto: “Es que le tienen bronca”, aseguran los padres. Para no sobreproteger es necesario entender que es imposible evitar toda frustración, y que, por el contrario, esta, en una dosis razonable, es fundamental para construir y reconstruir la autonomía, en otras palabras, para aprender a gestionar la frustración, lo cual va de la mano del aprendizaje de la gestión de las emociones.

La sobreexigencia consiste en pedirle al niño más de lo que puede hacer: que haga absurdas tareas escolares en la casa, que dedique todo el tiempo de ocio a deberes escolares, que trabaje para sostener a la familia.

Recomendaciones

Las siguientes son algunas recomendaciones prácticas para los padres y maestros en el acompañamiento a los niños en la construcción y reconstrucción permanente de su autonomía:

  • Faciliten que desbaraten y “arreglen” cosas.
  • Comenten todos los casos de mala convivencia que les toca vivir en la vida real o en las pantallas.
  • Sean conscientes de que padres y maestros deben ser excelentes modelos.
  • Acompáñenlos a utilizar la libertad con responsabilidad.
  • Procuren por medio de las asociaciones de padres que las tareas escolares sean para la escuela y que no entorpezcan la vida familiar.
  • No les hagan las tareas escolares: limiten la ayuda a facilitarles su labor.
  • Asígnenles tareas hogareñas de creciente complejidad según la edad.
  • Reflexionen permanentemente sobre su propia autonomía.
  • Ejerzan la autoridad y no el autoritarismo.
  • Sean firmes y amorosos en la disciplina.
  • Tengan siempre en cuenta sus derechos y responsabilidades.
  • Cada que cometan una acción que se considera inadecuada aprovechen para que aprendan de ello.
  • No los sobreprotejan ni les sobreexijan.

Lecturas recomendadas

Ochoa LC. Autonomía. En: Posada A, Gómez JF, Ramírez H. El niño sano. 4ª ed. Colombia: Editorial Médica Panamericana; 2016: 53-64.
Posada A. La disciplina. En: Posada A, Gómez JF, Ramírez H. El niño sano. 4ª ed. Colombia: Editorial Médica Panamericana; 2016: 355-370.