La adolescencia y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) reflexiones desde la puericultura

El sida es una de las pocas enfermedades que enfrenta al ser humano a los dos grandes mitos que han acompañado a la humanidad desde siempre el de la sexualidad y el de la muerte.

Es urgente fortalecer desde la niñez la ternura, la contemplación, el acompañamiento y la caricia, para empezar en la adolescencia a ejercer una sexualidad no exclusivamente genital, sino una sexualidad que lleve al respeto, a la fascinación y al encantamiento.

Es necesario fortalecer la autoestima en los adolescentes para que sientan el deseo de tener sus relaciones sexuales, no para llenar carencias o vacíos personales, sino para sentirse amados y amar, sentirse respetados y respetar, sentirse contemplados y contemplar.

Se hace urgente que los adolescentes tengan el valor de decir no cuando crean que estén en riesgo de contagiarse.

La abstinencia sexual (no tener relaciones coitales) en los jóvenes, hasta tanto no tengan la capacidad de asumir su sexualidad con responsabilidad y dignidad, es una recomendación muy sana.

El uso de preservativo (condón) en todas las relaciones coitales y el ejercicio de la monogamia (una sola pareja sexual), son estrategias beneficiosas.
Es necesario que el adolescente empiece a derribar la negación, y dejar de sobrevalorarse, pensando que el VIH ataca a los otros y no a él.

Cuando se está ante un adolescente contagiado con sida se debe entender que para el muchacho y la familia representa una crisis de dimensiones muy grandes. El adolescente por su vitalidad, su dinamismo y su crecimiento activo no cree nunca en su propia muerte. Le recorre un sentimiento de inmortalidad casi oceánico.
La familia, la escuela y la comunidad deberán convertirse en fortalezas desde donde se trabaje la prevención y acompañamiento al adolescente, para poder cumplir el papel histórico que les corresponde.
Recomendaciones

• Fomenten en el niño, la niña y el adolescente el valor y el respeto por su cuerpo.

• Estimulen en ellos la aceptación de sí mismos y la autonomía como un mecanismo para tomar decisiones y asumir las consecuencias de estas.

• Sean un modelo en la conducta sexual y en el valor y respeto por el cuerpo.

• Eviten el uso de alcohol y sustancias psicoactivas, como una excelente manera de ser buenos modelos para los hijos.

• Estimulen desde la niñez y durante la adolescencia la caricia, el asombro, la contemplación.

• Participen junto con la escuela en la planeación de programas de prevención de VIH/sida, así como del conocimiento de sus derechos sexuales y reproductivos.

• Lean e infórmense acerca de esta enfermedad.

• Reflexionen acerca de la actitud que se debe tomar en el mundo ante esta epidemia.

 

Carmen Escallón Góngora
Pediatra Puericultora
Terapeuta de familia