La adaptación del niño en la primera institución educativa

El ingreso del niño a las condiciones de vida y organización de una institución educativa –llámese preescolar o jardín infantil- , constituye un paso de vital importancia para el futuro desarrollo de su personalidad  y a la vez significa el primer eslabón de todo el proceso educativo. Por lo tanto, garantizar que este ingreso se efectúe de una manera adecuada, es sin duda un propósito  fundamental de toda institución de educación infantil.

Por lo anterior es por lo que los padres de familia, docentes y adultos responsables del niño, deben asumir la adaptación como un mecanismo integral, en el que los componentes emocional y psicológico y el paso a nuevas condiciones de vida, implican posibles cambios en el estado del niño en proceso de adaptación.

Los estudiosos y teóricos del desarrollo infantil han demostrado en el proceso la estrecha relación de los componentes epidemiológicos, fisiológicos y psicológicos, pudiendo ocurrir algunas reacciones que determinan el aumento de la frecuencia de síntomas, que se pueden manifestar como mayor irritabilidad, alteración en el proceso de alimentación, cambios en los hábitos del dormir, pérdida de peso o aumento de la temperatura son causa aparente, entre otros.  El reconocimiento de estos cambios como propios del proceso que puede vivir un niño que comienza en una institución de educación preescolar, permite a los docentes y padres de familia asumir el acompañamiento del niño con mayor claridad y seguridad.

El mecanismo regulador de la adaptación no se encuentra estructurado en el momento del nacimiento, sino que se va conformando en el desarrollo del individuo, consolidándose sobre la base de las experiencias adquiridas y los vínculos afectivos establecidos; o sea, que en la media que las sucesivas adaptaciones sean satisfactorias, se estará favoreciendo un buen ajuste posterior.

En importante aclarar que ninguna evolución sigue una línea recta progresiva; todo ser humano durante su desarrollo hace retrocesos pasajeros sin que ello signifique el abandono o deterioro de su progreso. Lo que esto quiere decir es que cada niño nace distinto de los demás, tiene su propio ritmo de crecimiento y su desarrollo le causa conflictos distintos. Por ello es imprescindible la creación de un ambiente favorable para el niño por parte del adulto y el establecimiento de unos criterios o principios que le posibiliten una estancia más feliz y agradable en el espacio escolar.

Cada niño se adapta de acuerdo con singularidad y por esto cada proceso de adaptación debe enfocarse como una unidad. ¿Qué quiere decir esto? Simplemente, que no se puede aplicar modelos de acción iguales para todos los niños aunque tengan la misma edad y estén en un mismo grupo, y que las orientaciones y comportamientos que se han de seguir dependerán de las manifestaciones del propio niño y de su propia individualidad.

Esto implica para el adulto, la eliminación de modelos de acción y patrones rígidos en relación con el comportamiento del niño; por el contrario, se trata de asumir al niño como el ser-persona en formación que es, pues el niño necesita sentir que es aceptado, que lo aprecian, que se le mime, contar con alguien y sentir a su vez que pertenece a alguien. Por lo tanto no se puede determinar, por ejemplo, cuántos días va necesitar para la adaptación, ni establecer un mismo proceso para todos, ni la edad mínima de ingreso.

Alina Gómez Flórez
Psicóloga y educadora