Ingredientes normales del adolescente

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La adolescencia es una fase del ciclo vital que genera muchas dudas, inquietudes e incluso temores. Con frecuencia se dicen y suponen cosas que no son ciertas, lo cual genera un clima de turbulencia y confusión que poco favorece el apoyo que necesita el adolescente en este período. El conocimiento de las características normales del joven es una de las herramientas que tienen los padres para cumplir satisfactoriamente su función de criadores y tutores.

La adolescencia es la etapa del desarrollo humano en la cual el niño se hace adulto; es, por lo tanto, un período de mucho cambio en lo corporal, social, mental y cultural. Es un proceso dinámico en el que el adolescente cambia conjuntamente con su medio y sus relaciones, por lo que requiere una buena capacidad de adaptación y soporte para que la transformación sea enriquecedora.

Un adolescente es como un rompecabezas de muchas piezas que solo podemos descubrir poco a poco, con mucha paciencia, respetando la singularidad de cada una de sus partes, y cuyo descubrimiento nos puede fascinar y hacer crecer.

Durante la primera parte de la adolescencia sucede la pubertad, que consiste en los cambios físicos asociados con la maduración sexual. La pubertad completa hace que los jóvenes sean capaces de reproducirse. Este desarrollo físico pocas veces está acompañado de cambios equivalentes en la esfera mental o social.

Por lo anterior, pueden ocurrir problemas en la ‘administración’ de ese ‘componente’ propio-extraño: el cuerpo. Inconvenientes que pueden ser muy variados, desde la simple torpeza por el crecimiento rápido de las extremidades, pasando por la incomodidad frente a las miradas cargadas de significados sexuales de jóvenes y adultos, hasta la práctica de conductas de riesgo para el cuerpo y el ser.

La adquisición de una nueva imagen corporal es un reto significativo para los adolescentes más jóvenes. Esta empieza por la aceptación de la pérdida del cuerpo del niño, con todo lo que esto implica: trato consentidor de los padres, menos responsabilidades… Se debe adecuar la imagen corporal que refleja el espejo con la que se desea. Con frecuencia los patrones de la sociedad de consumo generan expectativas sobre la corporalidad que se debe tener, esperanzas pocas veces satisfechas a cabalidad, estos desencuentros producen frustración en el adolescente.

El conocimiento y reconocimiento del cuerpo del joven requiere muchos tipos de encuentros, algunos de ellos muy largos y a solas con el espejo; otros mediados por la ropa que lo protege, esconde, exhibe o resalta; y muchos otros tipos, como los relacionados con los encuentros deportivos, la exhibición de los genitales y los encuentros en la palabra sobre las características del cuerpo, que son origen de apodos.

La búsqueda de sí mismo y de la identidad es otra de las características del adolescente normal. El joven se pregunta: “¿Quién soy?”, “¿en qué me diferencio de los demás?”, “¿cuál es mi sentido de vida?”, “¿de dónde vengo?”, “¿hacia dónde voy?”. Quiere afirmar su personalidad, su identidad. La conversación facilita ese proceso reflexivo, por eso habla mucho de sí mismo y de sus cosas con sus amigos, lo cual es facilitado por el teléfono.

En los adolescentes hay una tendencia grupal. Mediante la agrupación construyen mundos e identidades colectivas desde donde se reafirman. Pertenecer a un grupo es de vital importancia para los adolescentes, ser aceptado constituye una prioridad y, por esto, en ocasiones pueden sacrificar sus propios deseos, opiniones y posiciones.

En relación con lo anterior, ocurre una separación progresiva de los padres. Prefieren ir con los amigos que ir al paseo familiar, conversar por teléfono que ir a sentarse en la sala con los papás, pasar la mayor parte de la Navidad en la esquina de la calle que alrededor del pesebre. Esta conducta con frecuencia afecta emocionalmente a los progenitores, ya que se sienten desplazados y poco importantes.

Los adolescentes tienen necesidad de intelectualizar y fantasear. Con la llegada de la adolescencia cambian las herramientas del pensamiento, pues se adquiere una capacidad mental crítica, analítica y compleja, lo cual es para el joven un nuevo y poderoso juguete que es usado permanentemente. Estas capacidades le permiten cuestionar el mundo iniciando por su casa. Por eso, ponen en tela de juicio todos los comportamientos y actitudes de los padres. Pueden contemplar y analizar a sus progenitores desde una nueva perspectiva más amplia comparada con la que tenían de ellos como niños: los papás aparecen a sus ojos con defectos que antes desconocían.

Esa capacidad les permite soñar con un mundo y mundos mejores, por lo que tienen actitud social reivindicatoria. Los adolescentes pueden comprometerse con causas sociales y luchar por ellas. En la historia de la humanidad hay muchos ejemplos.

adolescentes2Al mismo tiempo, el adolescente tiene desubicación temporal. El tiempo de los jóvenes es completamente diferente al de los adultos, sus capacidades mentales aún no les permiten procesar ese concepto de la misma manera. Hay una enorme variabilidad en el manejo del tiempo, de modo que pueden expresar “pero papi, ¡aún faltan dos días!” a una petición del padre para preparar las pruebas del Icfes o exigir un vestido inmediatamente para una fiesta que se hará dentro de dos meses.

Las constantes fluctuaciones del humor y del estado de ánimo son motivo de inconformidad y dudas para los padres. Un adolescente puede pasar de una profunda melancolía a una delirante felicidad en minutos. Asociado o no con lo anterior, son comunes contradicciones sucesivas en todas las manifestaciones de la conducta, de manera que lo que hoy le incomoda mañana le es perfectamente confortable. Es posible que saliendo de una manifestación por la defensa del medio ambiente bote una lata de gaseosa en el camino.

Las crisis religiosas son también frecuentes en la adolescencia: durante estos años el adolescente puede pasar de ser un creyente comprometido a un ateo irremediable.

La sexualidad produce muchas dudas, cambios y crisis: se pasa del autoerotismo a la búsqueda del placer con el otro, se consolida la orientación sexual, se inician los encuentros sexuales íntimos y se invierte mucho tiempo en distintos aspectos relacionados con la sexualidad.

Finalmente, el adolescente es un maestro en resiliencia: por su capacidad creativa puede redefinir fácilmente las múltiples situaciones adversas que le propone la vida.

 

Recomendaciones

  • Acérquese a su hijo adolescente con ojos distintos, intente descubrir las distintas facetas de su ser y respete cada una de ellas.
  • Acompañe el cambio de la corporalidad de su hijo adolescente, acepte y elogie todos y cada uno de sus rasgos físicos.
  • Una visita al médico de adolescentes le puede permitir a su hijo resolver algunas dudas relacionadas con el proceso de cambio corporal, incluso cuando no exprese ninguna inquietud.
  • Respete los espacios de soledad de su hijo.
  • Permita las relaciones grupales de su hijo adolescente.
  • Entienda que las variaciones del estado de ánimo y la conducta son muy frecuentes en los adolescentes, y evite meterse en esa dinámica emocional o de comportamiento, siendo sereno, estable y coherente en su relación con ellos.
  • Respete los credos y decisiones espirituales que asuma su hijo, especialmente si son diferentes a los suyos.

Por: Carmen Escallón Góngora

Pediatra puericultora y terapeuta de familia

Universidad de Cartagena

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