Imágenes diagnósticas: mitos y realidades

Aunque resultan indispensables en algunos diagnósticos, no deben practicarse si no es estrictamente necesario. La radiación de las imágenes diagnósticas es acumulativa y puede tener efectos adversos. Guía para padres y cuidadores.

Por: Carolina Ferreira Romero  

Residente III de Pediatría, Fundación Universitaria Sanitas

Por: Sandra Malagón  

Médica radióloga, Clínica Colsanitas

Por: Germán Soto y Darío Botero  

Médicos pediatras y puericultores Unisanitas

Las imágenes diagnósticas son un conjunto de herramientas que desde su creación se han convertido en una ayuda valiosa para los médicos, en especial para los pediatras, en el momento de realizar un acercamiento diagnóstico a sus pacientes; cuando por medio de la anamnesis (escuchando y preguntando a los padres y al niño sobre los síntomas de la enfermedad) y el examen físico (inspección, palpación, auscultación), no se han logrado obtener con claridad los datos suficientes para saber con certeza su padecimiento.

Los estudios más utilizados por el personal de la salud y con los cuales están más familiarizados los padres son: la radiografía (rayos X), los exámenes de vías digestivas altas, cistouretrografía miccional y colon por enema, que requieren el uso de un medio de contraste adicional a la exposición a los rayos X; la tomografía axial computarizada (TAC), la ecografía o ultrasonido y la resonancia magnética. Los rayos X son un tipo de ondas invisibles de radiación ionizante (artificial), que al atravesar los tejidos de los órganos producen imágenes, que son las que finalmente recibimos al finalizar el estudio. Las tomografías exponen al paciente a mucha más radiación cuando se comparan con las radiografías.

Una forma más sencilla de entender la cantidad de radiación empleada en cada estudio, es compararla con la ‘radiación ambiente’ (niveles bajos de radiación ionizante de origen natural) a la que estamos expuestos diariamente y que proviene del suelo, las rocas, el aire y el agua, y cuya exposición a bajos niveles no se ha demostrado que afecte la salud de los seres humanos. Los trabajadores más expuestos a radiación son los astronautas por la radiación cósmica, así como el personal médico y tecnólogos de los servicios de radiología, algunas áreas de la investigación y los trabajadores de plantas nucleares.

Es importante tener en cuenta que este efecto es acumulativo y depende del tipo y número de exposiciones a lo largo de la vida.

¿Existen riesgos para la salud de los niños con la radiación médica?

Es bien conocido que cualquier procedimiento o acto médico que se realice, por más pequeño que parezca, puede tener efectos indeseables; por lo tanto, el médico valorará el riesgo vs. el beneficio, antes de ordenar la intervención. Con las imágenes diagnósticas también se cumple esta premisa, y aunque en las últimas décadas se han publicado múltiples estudios que relacionan la aparición de cáncer en niños con la radiación de los rayos a bajas dosis, ninguno de ellos ha sido concluyente, lo que no significa que se deban despreciar los datos aportados por estos.

Dentro de los efectos adversos o nocivos de las radiaciones ionizantes, se encuentran: los ‘previsibles’ y los ‘imprevisibles’, que en términos médicos serían los deterministas y probabilísticos, respectivamente. Los ‘previsibles’ dependen exclusivamente de la dosis administrada, existiendo un determinado nivel por debajo del cual no existe riesgo para el paciente; por encima de ese nivel se pueden presentar efectos biológicos de tipo local en sitios de exposición, tales como: cambios en la piel (enrojecimiento, pérdida de los vellos), en los ojos (cataratas), y en los órganos reproductores con trastorno de la fertilidad; efectos generales como resultado de pequeñas dosis acumulativas con cambios en la sangre (anemia), o genéticos en el feto o en los genes (se requieren dosis muy altas y continuas).

Los efectos ‘imprevisibles’, entre tanto, dependen únicamente del azar, siendo independientes de la dosis y, por lo tanto, no existe ningún nivel de seguridad por debajo del cual no se afecte de forma negativa la salud humana; de esta forma, si los rayos impactan una célula especialmente sensible a nivel del material genético, es capaz de generar lesiones tan graves como provocar el desarrollo del cáncer. Afortunadamente, la posibilidad de que se produzcan esos últimos efectos es muy baja; sin embargo, se debe tener en cuenta, como se comenta al inicio de este apartado, que no existe radiación sin riesgo. Por este motivo, se crearon organizaciones y entidades dedicadas a promover el uso juicioso y prudente de la mejor técnica de imagen para cada paciente, especialmente para la población infantil; los niños tienen mayor expectativa de vida, lo que permite observar las consecuencias de las radiaciones en el tiempo y, además, poseen células más sensibles a la radiación al compararlas con las de los adultos.

Mejor menos radiación

Evitar las radiaciones emitidas por las técnicas de imágenes diagnósticas es una tarea de todos los que de cierta forma estamos en contacto con los niños. El pediatra, en la medida que sea posible, debe preferir modalidades sin radiación como el ultrasonido (ecografía), conociendo sus limitaciones; no obstante, hay patologías que para su acertado diagnóstico las radiografías y las tomografías brindan mejor información. En ese momento, el radiólogo y el técnico en radiología juegan un papel primordial al escoger modalidades y parámetros en los equipos, según el tamaño de los niños y la indicación del estudio, que permitan dar el mínimo de radiación posible sin que se altere la imagen, además de proteger las zonas más sensibles como genitales y tiroides, y usando adecuadas técnicas para tranquilizar e inmovilizar a los pequeños que no colaboran, como el acompañamiento de los padres (con una adecuada protección) y así evitar repetir las imágenes y la exposición ionizante.

Se debe tener una consideración especial con las tomografías, ya que al ser el niño de menor tamaño que el adulto, la radiación que recibe su cuerpo es proporcionalmente mayor; por lo tanto, hay medidas alternativas como realizar TAC más focales o limitadas para reducir al mínimo el grado de exposición, por ejemplo, cuando se intenta identificar una alteración en el hígado, la TAC se puede enfocar sobre el hígado en lugar de todo el abdomen y la pelvis, o en lesiones de columna según la clínica se examina el nivel de interés; todas estas medidas se encuentran agrupadas dentro de un concepto cada vez más utilizado, el cual se conoce como ‘radioprotección’.

Finalmente, tenga en cuenta el siguiente consejo: los padres o cuidadores no deben ejercer ningún tipo de presión sobre el pediatra o el médico tratante para que ellos soliciten una exploración radiológica, cuando a su criterio no la necesitan; deben recordar que en la mayoría de los casos se puede realizar un diagnóstico adecuado con una historia clínica, un examen físico completo, u otras ayudas paraclínicas de laboratorio para poder tratar adecuadamente a sus hijos.

Las mejores radiografías y tomografías son las que nunca se hacen sin indicación.