Hijos sólidos en tiempos líquidos

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“Si yo tuviera 53 minutos para gastar, caminaría lentamente hacia una fuente”,
Antoine de Saint-Exupéry

 

Conocer los cambios tecnológicos y culturales de las civilizaciones, a lo largo de la historia, nos permite referenciar, por ejemplo, las eras de la civilización: era del cazador-recolector, la agricultura, la industrial, la del trabajador del conocimiento y la información, y la sabiduría (Stephen R. Covey). Tomaremos en cuenta dichos contextos históricos para referenciar los cambios y algunas manifestaciones del pensamiento y del actuar del ser humano en este siglo. Abordaremos los conceptos de lo sólido y lo líquido propuestos por Zygmunt Bauman, no como estados de la materia, sino más bien como un develar de algunos de los procesos que invitan a reconocer nuevas perspectivas, a propósito de la pertinencia de consolidar los principios y valores de vida en los tiempos actuales y como parte fundante de la organización de la sustancia humana. Finalmente, presentaremos algunas reflexiones y conclusiones acerca de los fenómenos sociales actuales.

Eras de la civilización

Stephen R. Covey hace referencia a las eras de la civilización como aquellos períodos de la evolución humana en los cuales se evidencian diversos modos y maneras de vivir. Períodos que, además de ser considerados como una línea de tiempo, son un referente de los permanentes cambios de la humanidad:

  • Era de la caza y la recolección: estilo de vida nómada, dedicada a la recolección de frutos y a la cacería para la obtención de alimento. La principal motivación, el logro de la supervivencia individual y la de la familia.
  • Era de la agricultura: el hombre aprende a dominar el cultivo de la tierra, con el logro de un mayor aprovechamiento de la labor agrícola (50 veces mayor la productividad que en la era anterior).
  • Era industrial: a partir del siglo XVIII, con la mecanización de las técnicas de producción, se logran resultados 10.000 veces mayores productivamente, comparados con la era de la agricultura, surgiendo la construcción de fábricas, la especialización del trabajo, la producción en serie de productos y la formalización de la educación.
  • Era del trabajador del conocimiento y la información: actualmente contamos con herramientas que facilitan la vida y nos permiten estar en contacto con muchas personas; nos sirven de conexión o puente entre nosotros y nuestros semejantes. Dada la importancia que reviste al hablar de innovación y creatividad, características inherentes al ser humano, es posible tomar como referente los sofisticados avances tecnológicos y el generoso y amplio conocimiento disponible actualmente, los cuales nos ofrecen la posibilidad de reducir esfuerzos, ganar tiempo y acortar distancias, así como disminuir considerablemente el consumo de nuestra fuerza física. En contraste, se evidencia una macrotendencia al emprenderismo y una megatendencia al mejoramiento de las prácticas intelectuales que conllevan a la consolidación de una generación de jóvenes, con bases conceptuales y sociales fortalecidas, que les representan la posibilidad de obtención de mayores beneficios laborales, con ingresos mucho más consecuentes y representativos que los obtenidos por generaciones anteriores, y con nuevas formas de asociatividad para la prestación de servicios, a través del outsourcing, entre otras.

Surge aquí el paradigma de la “persona completa” para referirse a que el ser humano está conformado por mente-cuerpo-corazón y espíritu. Adicionalmente, se incluye la motivación, la satisfacción de las necesidades de toda persona, entre ellas la supervivencia, el amor, y las relaciones con otros. Su propósito principal resulta ser la felicidad, el amar y el dejar un legado.

  • Era de la incipiente sabiduría: es el encuentro de la voz interior que sirve de inspiración a sí mismo y a otros, de la aplicación de los principios que gobiernan el crecimiento y la prosperidad de los seres humanos, del camino a la grandeza, y del proceso de crecimiento secuencial de dentro hacia afuera. Todo ser humano tiene un potencial interior: el anhelo por una vida de grandeza y de contribución, la determinación para tomar decisiones conscientes, la capacidad para inspirar a los demás, habida cuenta del reconocimiento y respeto por sí mismo y por el otro, todo lo cual se consigue mediante el amor, la liberación de la potencialidad elevada a la máxima expresión, la creatividad, la pasión, el talento, la ruptura de los viejos moldes del pensamiento y la sustitución del mismo por un pensamiento crítico y creativo en todas sus formas.

Los hábitos de vida como el deporte, la lectura, la meditación, la buena nutrición, la risa, la motivación, el ocio creativo, el encuentro interhumano y el alimento de la dimensión cognitiva, contribuyen con la toma de decisiones y a un buen arsenal tanto emocional como espiritual.

Zygmunt Bauman acuñó el concepto de modernidad líquida en el año 1999, utilizando acertadamente esta metáfora para referirse a los rápidos cambios sociales que podrían poner en riesgo las relaciones humanas. “Nada es sólido, ni la familia, ni la nación, ni el empleo, aquellos acuerdos son pasajeros”, indica. Hasta hace un corto tiempo, diversas instituciones y estructuras sociales se mantuvieron intactas e incuestionables, donde los valores más relevantes se asociaban a la estabilidad, a la unión y a la tradición. Pero luego, en la realidad actual, estos valores-guías y estructuras se han disuelto, dando lugar a la modernidad líquida, lo que contribuye al individualismo y al fortalecimiento de la competencia que niega al otro cuando se compite. Necesariamente en este juego debe haber un triunfador y un derrotado, lo que implica ganar o perder. Y ¿qué tal si el nuevo paradigma fuera ganar-ganar?

Por su parte, los vínculos y relaciones humanas se fragilizan en la medida en que se convierten en una ciberexperiencia por el modo en que vivimos, en esta práctica no se cuenta con un tiempo de calidez, ni con la magia del encuentro posible desde la sensibilidad humana. Por más versatilidad que ofrezca una pantalla, esta no ofrece la calidez de un abrazo, ni la tibieza de un beso; si bien acorta tiempos y distancias, no ofrece nada más que una comunicación flemática. De ahí que el desarraigo familiar y cultural contribuya a una mayor fragilidad y menor resiliencia.

La resignificación de la vida, hoy en día, deberá transcurrir entre los jardines del amor, la emoción del encuentro, la aceptación del otro, e incluso desde la incertidumbre, vista como una posibilidad de cambio y transformación.

Si bien es cierto que el término líquido nos lleva a pensar en volatilidad, modificabilidad y fluidez, y que el término sólido nos lleva a pensar en formas claras, definidas, cohesión, resistencia y durabilidad, también lo es que la naturaleza humana nos lleve a pensar en que ella en su esencia íntima también tenga la composición sólida y líquida, cuyas características, enunciadas anteriormente, sean complementarias dentro de ella misma. Los bordes de lo sólido están hechos de agua y los bordes del agua están hechos de solidez. Es así como la superficie de nuestra Gaia, compuesta en sus dos terceras partes por agua, le posibilite mantenerse vital e inyectar vitalidad a la vida misma, en un bucle de riego y sostén, y es aquí en esta divina similitud, por su composición, donde aparece la vida, en un bucle dado por su capacidad creadora y adaptativa, porque crea, se recrea y necesita caminar en sus propios avances y en sus ritmos, producto de su capacidad innovadora, de sus propios descubrimientos y avances.

A propósito de la Gaia James Lovelock se refiere a ella como un planeta vivo, como un todo, y esto inspira a utilizar el lenguaje alegórico en nuestro trascendente acompañamiento y papel como padres en los siguientes términos: Guía con principios, Apoyo permanente, Inspiracion y ejemplo, y Amor en toda esencia (GAIA).

Así como Bauman se refiere a lo líquido para aludir a los permanentes cambios de la humanidad y allí, donde pareciera sucumben los valores y principios, no me sería apropiado reflexionar acerca de estos dos conceptos como simples estados de la materia. Por el contrario, lo haremos desde una visión de la naturaleza humana, y como diría Edgar Morín desde una mirada de complejidad, donde esta se refiere a un multiverso, donde se lleva a cabo la trama de la vida, sólido y liquido son complementariedad y toman distintas formas en su apariencia física que permite al ser humano ser uno, único e irrepetible; así mismo lo sólido, los principios cobran forma sólida (atemporalidad, universalidad y manifestación), y los valores asemejados a lo líquido con características esenciales de la vida permiten adaptarnos a nuevos cambios y nuevas formas de vida.

Los hijos sólidos en tiempos líquidos son aquellos a quienes se les permita ser, es verlos desde todo su potencial, su devenir, desde un acompañamiento cálido, humano, renunciando a los viejos modelos y prácticas de estímulo-respuesta, premios y castigos, dando paso hacia a la conciencia, lo cual se hace posible desde la reflexión-acción, la autorreflexión permanente, llevándonos a que cada acción que realicemos la hagamos desde la luz interior, encender la lámpara que se lleva dentro para iluminar y contribuir a iluminar otras voces de los pares o congéneres, alimentando la huella enriquecida que vincula desde el corazón, desde el amor, desde la esencia que alimenta la conciencia del ser, desde la mirada de totalidad, desde la satisfacción de descubrir el sentido de vida y el propósito personal y dar el salto evolutivo a la autorrealización.

Por último, proponemos que el ser humano se trace tres metas. La primera, ser feliz. La felicidad implica la autorrealización, la automotivación, reconocer los recursos y potenciales propios, el soñar y trazarse metas para cumplirlas, el sentido y propósito de vida. La segunda, el amar, esto conlleva a ver esta decisión en términos de Humberto Maturana como la emoción fundamental que hace posible la evolución de los seres vivos y que, a la vez, involucra la capacidad del autorreconocimiento, a través de la referencia de los demás. La tercera, el legado, vivir en términos del aquí y el ahora, declarase en un permanente estado de conciencia y presencia, estar en una sensación de mímesis que nos lleva a afirmar que “soy uno con la humanidad y uno con el universo”. Corresponde, por lo tanto, “dejar el universo un poco mejor de lo que lo encontramos”.

Por: Martha Báez
Gimnasio Galileo Galilei (Tunja)
Miembro del Grupo de Puericultura de Boyacá

 

Poema

Hijos sólidos en tiempos líquidos

Los padres en la era de la sabiduría se transforman.

Su amoroso acompañamiento a sus hijos forma.

Por su carácter firme el consumismo no los deforma.

La espiritualidad los esculpe y contorna.

 

Lo sólido permanece en el tiempo.

Lo líquido fluye más con el viento.

La conciencia del ser no es un invento.

Y, por eso, te invito a que no comas cuento.

 

Ser felices es la meta principal.

Amar, lo más trascendental.

Y el legado nos hace inolvidables.

Esa es la triple misión de los padres.

 

A tu voz interior escucha,

así no seguirás en la lucha.

Disfruta tu tener, valora tu saber

desde la conciencia del ser.

 

Sentido y propósito de vida

son la posible salida.

Al descubrir el potencial,

la autorrealización es exponencial.

 

Formar hijos no tiene ni prescripción, ni receta,

más se convierte en una meta

dejar huellas enriquecidas

para ver sus vidas florecidas.

 

Florecimiento con buenos frutos.

Hijos felices sin atajos, ni trucos.

Y que la musa de la inspiración

sea Dios en su corazón.

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