¿Hasta cuándo crecerán?

¿Hasta cuándo crecerán?

 

Por: Ana María Gómez Campos

 

Con la asesoría de Mauricio Llano,

Endocrinólogo pediatra

 

¿A su hijo en un abrir y cerrar de ojos ya no le quedan ni la ropa ni los zapatos? Hay ‘estiradas’ que son obvias, pero los niños crecen todo el tiempo. Si esto no sucede y se queja de ser el más bajito del curso, es hora de consultar.

 

El crecimiento es el mejor termómetro de la buena salud de los niños. Y no se trata de esperar que sean ‘gigantes’ si son hijos de padres de baja estatura, pero sí de que vayan bien en su desarrollo en general. El indicador más acertado de que las cosas no están bien es la intuición de la madre, quien compara y confronta a su niño con otros de la misma edad y puede notar algún retraso en su rendimiento y observar cómo van sus habilidades psicomotrices. Y, si es el caso, acudir al pediatra en forma oportuna.

Las ‘estiradas’ empiezan en la vida intrauterina. Desde la concepción hasta el nacimiento crecemos una quinta parte del total de toda la vida (50 centímetros, aproximadamente) y, posteriormente, en la pubertad, se da otra tercera parte de ese proceso.

En el primer año de vida, el crecimiento es de 25 cm, en promedio. En el segundo se desacelera y podemos aumentar 17 cm más. Y entre los tres y los cinco años, la talla es sostenida. Pero en todo este fenómeno, según el endocrinólogo pediatra Mauricio Llano, se conjugan factores como la genética, la nutrición, el medio ambiente y la maduración del niño. Así, las creencias que dicen que el niño duplica su talla a los cuatro años y la triplica a los nueve, están mandadas a recoger.

El ‘estirón’ hacia la adultez

Cuando llega la adolescencia, sí se da lo que se conoce como el ‘estirón puberal’: en las niñas después de la menarquia (primera regla) y dura entre 18 y 21 meses. En los varones, en cambio, es más difícil de determinar porque esta etapa es mucho más larga que en las mujeres, de 21 a 26 meses. Esa es la razón por la cual ellas miden mucho menos.

La explicación está en las hormonas: mientras los varones tienen 9/10 partes de hormonas masculinas y 1/10 de femeninas, en las mujeres es al contrario, lo que hace que el metabolismo sea diferente.

El medio ambiente ‘da la talla’

El crecimiento en los seres humanos es un fenómeno ligado a la maduración y a la capacidad reproductiva, tal y como lo planteó el profesor James M. Tanner. Mientras este endocrinólogo pediatra británico supervisaba un estudio sobre desnutrición en un orfanato en 1948, evaluó el crecimiento de los niños hasta los 19 años y así nació la Escala de Tanner, que analiza los patrones de maduración sexual de los adolescentes con base en características que se pueden medir objetivamente, como la sudoración, la aparición de vello y el acné. Sus investigaciones permitieron llegar a la conclusión de que aunque la estatura tiene que ver con factores genéticos, el medio ambiente es fundamental.

La talla cambia entre países y las diferencias saltan a la vista. Los europeos, por ejemplo, son los más altos en el mundo. Es más, James M. Tanner decía que el nivel de industrialización de un país, se mide por el promedio de estatura de quienes lo habitan y esta, de acuerdo con el endocrinólogo Mauricio Llano, tiene que ver en gran medida con la nutrición, otro referente del progreso.

En Colombia, la talla promedio para los varones está entre 1,70 y 1,72 m, y para las mujeres, entre 1,58 y 1,60 m.

En el promedio mundial se ha establecido para los hombres una talla de 1,74 m, con unos límites entre 1,62 y 1,87. Y para las mujeres, la estatura promedio es de 1,62, en unos rangos entre 1,50 a 1,74 m.

La nutrición sí tiene que ver

Está comprobado que en las clases altas, la estatura es mayor, pero eso sí, cuando la alimentación es la adecuada. En Colombia, la realidad es otra, aun en ese estrato. De acuerdo con el endocrinólogo Mauricio Llano, tenemos una dieta rica en carbohidratos y pobre en proteínas y estamos predispuestos por una herencia transgeneracional.

En Estados Unidos, por ejemplo, hay estudios que comprueban que inmigrantes japoneses han logrado alcanzar la talla promedio de los nativos, luego de varias generaciones, debido al cambio en la alimentación. “Se necesitan entre tres y siete generaciones para alcanzar una talla ‘normal’ (como se establece en las curvas de crecimiento promedio para cada país y por la OMS), en poblaciones de personas de baja estatura”, comenta el especialista.

Pero, ¿qué significa comer bien? La respuesta es que la alimentación sea balanceada, equilibrada, suficiente, adecuada y variada, y lo más natural posible. Las proteínas y los carbohidratos deben consumirse en las medidas adecuadas. Se deben evitar las gaseosas y las comidas de paquete. “En las embarazadas debe haber un control riguroso del plan alimentario, pues la dieta tiene repercusión en el niño y, además, es fundamental en la prevención de obesidad, enfermedad cardiovascular, hipertensión y diabetes”, enfatiza Llano.

Pero, además de la nutrición, hay otros factores como la temperatura y la altitud: entre más cerca al nivel del mar, más se optimiza el tiempo de crecimiento.

¿Qué creer y qué no?

Existen muchas creencias en torno al crecimiento de los niños, sobre todo provenientes de vivencias populares que se han ido divulgando de generación en generación, pero que se han rebatido luego de estudios fundamentados. ¿Qué creer y qué no? Veamos.

Empecemos con la actividad física o deportiva, a la cual se le atribuyen muchas de las razones del crecimiento de un niño por encima del percentil estándar. Este tipo de prácticas es importante en el desarrollo de los niños, así como la nutrición y las condiciones de vida. Pero de ahí a que el deporte ayude a crecer hay una gran diferencia. “Existen muchos mitos, como por ejemplo, que el basquetbol ‘estira a los niños’. En realidad, se trata de biotipos: el basquetbolista es alto por naturaleza, el nadador también, la gimnasta es baja y delgada”, comenta el endocrinólogo pediatra.

En cuanto al apetito, muchos padres lo ven como un ‘síntoma’ de crecimiento, pero este es un mecanismo biológico para mantener el equilibrio de las necesidades del organismo. El buen apetito hace que haya una homeostasis energética adecuada (un proceso natural en el organismo que regula el ambiente interno para mantener nuestros sistemas funcionando bien). “Un niño bajo y delgado necesita menos aporte que aquel con práctica de actividad física intensa. El apetito debe ser normal para mantenerse armónico con el medio ambiente. Si un niño no come, habrá un desequilibrio entre lo que debe consumir y lo que debe gastar”, añade.

También existe la creencia de que el crecimiento produce más sueño, relación que no se ha podido comprobar. Los llamados dolores de crecimiento óseo, pueden aparecer, pero no son exactamente en el hueso, sino en la placa de crecimiento (tejido cartilaginoso), que con la actividad o con los cambios de temperatura pueden causar molestias, tanto en los miembros superiores como inferiores.

Hora de medir

Las primeras normas o estándares de crecimiento, tal como se llamaban entonces, fueron promulgadas por el científico estadounidense Henry Bowditch, en Boston en 1891, a través del sistema de percentiles (tablas o curvas de crecimiento) para relacionar el medio ambiente con el desarrollo no solo físico, sino psicológico. Desde ese momento, prácticamente todos los países industrializados han realizado estudios antropométricos de su población infantil.

Hoy en día, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la FAO recomiendan que cada país cuente con estándares nacionales de crecimiento. La OMS trató de estandarizar esos gráficos en 2008 con muestras de los cinco continentes. Para Latinoamérica, la referencia es Brasil. En los dos primeros años de vida, los grupos de población de la mayoría de los países presentan un crecimiento muy parecido, pero a medida que se avanza en edad, aparecen las diferencias, de acuerdo con los estudios realizados.

Actualmente, hay tablas diseñadas para medir el crecimiento intrauterino; otras, desde el nacimiento hasta los 24 meses (acostado), y a partir de los 24 meses (de pie) hasta los 36 meses. Las americanas, por ejemplo, traen los estándares de cero a 36 meses y de 36 meses a 18 años. Pero, a juicio del endocrinólogo Mauricio Llano, las más acertadas son las de Tanner, que tienen en cuenta los patrones de maduración, sexo y velocidad de crecimiento.

“Toda madre que tenga inquietudes sobre el crecimiento de su hijo debe consultar al endocrinólogo pediatra, que es el mejor guía para descartar trastornos endocrinos, aunque estos no exceden el 7% o, desnutrición, que se encuentra en el 17% de los casos”, comenta Llano.

También existen otros trastornos que pueden afectar la dinámica del crecimiento, como son los problemas neurológicos, genéticos, respiratorios, renales, cardíacos, de hueso y metabólicos. Es el especialista quien mejor evalúa qué exámenes se pueden practicar a fin de identificarlos.

Lo cierto es que un incremento de estatura o peso menor de lo que debería ser para la talla tiene una razón de ser y siempre requiere una investigación, una indicación o un tratamiento.

RECUADRO

Factores relacionados con problemas de crecimiento

*Herencia: baja estatura familiar.

*Endocrinos: la glándula pituitaria produce la hormona de crecimiento que, como su nombre lo indica, estimula el crecimiento de huesos y tejidos. Los niños con deficiencia pueden tener baja estatura. El tratamiento con hormonas específicas puede mejorarlo.

Por otro lado, están la producción inadecuada de la hormona de la tiroides, necesaria para el crecimiento normal de los huesos, y el síndrome de Cushing, causado por altos niveles de cortisol, secretados por las glándulas suprarrenales.

*Retraso en el crecimiento relacionado con adolescencia tardía: un niño que ingresa en la pubertad más tarde que lo normal, pero que con el tiempo puede alcanzar gradualmente casi la misma altura que sus padres.

*Enfermedades sistémicas: la malnutrición constante, las enfermedades del sistema digestivo, la enfermedad renal, cardíaca, pulmonar y el estrés grave pueden causar problemas de crecimiento.

*Restricción del crecimiento intrauterino (IUGR, por su sigla en inglés): cuando durante el embarazo se produce el crecimiento lento en el útero. El bebé nace con menos peso y mide menos de lo normal.

*Síndrome de Turner: es una alteración genética que se observa en las niñas y hace que sean más bajas que otras y no maduren sexualmente cuando llegan a la edad adulta.