Hábitos y aprendizajes

La educación del niño comienza desde el momento de su nacimiento y continúa durante toda su vida. El primer paso en su educación se da mediante los cuidados físicos que se le proporcionan: alimento, higiene, baño, entre otros. Actividades que por la fuerza de la repetición se van convirtiendo en hábitos. Los hábitos son entonces las formas o patrones que cada familia establece en su vida diaria, horas fijas y maneras precisas para hacer ciertas actividades.

La llegada del recién nacido implica una nueva organización familiar y del ambiente para satisfacer sus necesidades. Esta organización se construye por medio del establecimiento preciso de actividades, sitios y horas para estas, lo cual proporciona tanto al niño como a su familia un ambiente organizado, tranquilo y seguro. Este orden externo le va dando al niño un orden interno y va formando estructuras en su mente.

Cuando el niño nace, pasa de un ambiente muy cómodo y tranquilo en el vientre de la madre a un nuevo medio externo, al cual deberá adaptarse. Lo logrará con la ayuda amorosa de sus padres y de las personas encargadas de atenderlo.

La satisfacción de sus necesidades y cuidados físicos deben darse inmediatamente, en el momento en que el recién nacido lo desee y pida por medio del llanto y de sus gestos y movimientos.

Desde que nace el niño necesita que ciertas actividades sean constantes, se hagan de la misma manera y preferiblemente sean las mismas personas quienes las hagan. Así, estos cuidadores siempre presentes se van convirtiendo para el niño en personas significativas, con quienes irá estableciendo relaciones afectivas y protectoras.

El establecimiento de hábitos mediante las actividades de cuidados y satisfacción de necesidades proporciona además al niño oportunidades para aprender de sí mismo, de los demás y del ambiente que lo rodea. El proporcionar ciertos cuidados al niño y satisfacer sus necesidades lo prepara para determinados aprendizajes.

Si el niño es atendido inmediatamente lo necesita (llora y mamá acude y lo carga), siente seguridad y va aprendiendo que sus señales son adecuadas. En este caso se puede decir que hay un cuidador sensible pues responde a las necesidades del niño. Esta respuesta permite que el niño se sienta protegido.

De este modo se genera también en el niño la confianza en el entorno y en los demás, ya que hay un adulto cariñoso que le responde y lo atiende siempre de la misma manera. Así aprende que puede depender de alguien y estar seguro. La continuidad en sus cuidados lo hace sentir reconocido, aceptado y amado, lo que le proporciona un gran nivel de seguridad para el resto de la vida.

Los hábitos que el niño va adquiriendo por la repetición de actividades le proporcionan estabilidad. Le evitan la fatiga, garantizándole el funcionamiento normal de su cuerpo y la satisfacción adecuada de sus necesidades básicas.

Los hábitos de higiene, las caricias, juegos, arrullos, proximidad física, alimentación, protección contra el frío y el calor proveen cuidados físicos, mantienen la salud y brindan al niño la sensación de ser amado.

Con el baño y el cambio de pañal, además de garantizar una higiene adecuada, se facilita el vínculo padres-niño, se estimula el desarrollo psicomotor, se brindan experiencias sensitivas (caricias, frío, calor, humedad) y oportunidades de juego; además, se estimulan la circulación y los sentidos. Estas actividades, sumadas al baño de sol, brindan relajación y producen sueño.

Estos hábitos lo llevan también a adquirir conciencia de su propio cuerpo, lo cual es la base del sentimiento de identidad. Le permiten una diferenciación entre él y los demás, ya que inicialmente el niño no se sabe diferente, sino que siente que es uno con su madre y con su medio.

Es indispensable comenzar a crear hábitos de higiene bucal desde el nacimiento. Para esto limpie las encías del niño durante el baño con agua potable y una toalla limpia enrollada en su dedo índice.

La alimentación materna se debe proporcionar según libre demanda, es decir, cuando el niño lo desee, a su propio ritmo. Los padres o cuidadores irán aprendiendo a entender sus señales y sabrán cuándo el llanto es por hambre u otro tipo de malestar o necesidad.

Para el momento de la alimentación debe crearse un ambiente propicio de intimidad y de relación cuidador-niño, un clima emocional tranquilo.

Si se usa biberón, no se debe agregar azúcar ni panela. Una vez que el niño ha terminado de tomarlo, se debe retirar de la boca para evitar que adquiera el hábito de dormirse con él, lo que puede ocasionarle luego problemas de malas mordidas y caries dental.

El chupo de entretención no es indispensable para el desarrollo del niño. Por el contrario, puede crearle el hábito de succión anómalo al ofrecérselo.

La mayoría de los recién nacidos duermen gran parte del día y despiertan para comer o cuando se sienten cansados o incómodos. Después de la sexta semana, empiezan a identificar el sueño con la noche y la vigilia con el día.

Cada niño tiene su propio ritmo de sueño, el cual hay que respetar. Cuando el niño despierta en la noche se debe atender evitando jugar con él para que se vaya habituando a que la noche es para dormir.

El niño debe dormir en su propia cuna o cama. Compartir la cama de los padres puede ser peligroso por la posibilidad de golpearlo o de producirle asfixia. Además, crea en el niño el hábito de dormir con los padres, lo que le resta independencia y a los adultos les impide la intimidad como pareja. Crear un ambiente relajado y seguro antes de dormir, con actividades tranquilas y constantes que vayan constituyéndose en hábitos, ayuda al niño a prepararse para ir a la cama.

Recomendaciones

Como el niño recién nacido no tiene capacidad de espera, atiéndanlo inmediatamente llora o manifieste inquietud como un modo de proporcionar seguridad y confianza en el medio y en sus cuidadores

Conserven el mismo horario para bañar y asolear al niño como la mejor manera de crear los primeros hábitos

Dado que la tarea del cuidado de un niño surge del amor, manifiéstenle con su constancia, ternura y manera precisa de atenderlo lo importante que es para usted y su familia.

Olga Liliana Suarez Díaz
Fonoaudióloga
Gloria Orozco Gómez
Psicóloga