Hábitos de vida saludable: necesarios y posibles

Los hábitos de vida saludable son constituyentes fundamentales del autocuidado, entendido este como el compromiso individual con la salud propia, mediante la práctica de actividades que las personas inician y realizan para el mantenimiento de su vida, su salud y bienestar.

1En el devenir del proceso salud-enfermedad se sabe que en los tiempos actuales el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, las respiratorias y la diabetes, entre otras enfermedades crónicas, son las responsables del 63% de las muertes anuales en todo el mundo. De las causas anteriores, un porcentaje muy alto (mayor del 60% en concepto de los expertos) podría prevenirse evitando riesgos como el tabaco, la alimentación poco saludable, el sedentarismo y el abuso del alcohol.

Todo lo anterior se enmarca en el concepto de corrientes actuales del accionar médico, que promueven la posibilidad de vivir y envejecer saludablemente y llegar al final de la existencia en condiciones de salud y calidad de vida que garanticen la dignidad necesaria que debe acompañar la cesación de nuestro proceso vital.2

Las prácticas de autocuidado son:

  • Protectoras: relacionadas con la promoción de la salud, como la dieta saludable y la actividad física, entre otras.
  • Preventivas: dirigidas a evitar la aparición de las enfermedades, como la práctica de la vacunación, la higiene personal y el saneamiento ambiental.
  • Sociales y comunicativas: relacionadas con el fomento y la generación de hábitos, definidos estos como comportamientos que se repiten con regularidad y que se pueden generar por convicción, repetición o imitación.

3Recordemos que en estas como en tantas otras prácticas de crianza el ejemplo de los padres y demás cuidadores arrastra, ya que usualmente los niños hacen lo que sus padres hacen y muy pocas veces lo que estos les dicen que hagan, pues, con toda razón, se ha afirmado que: “El órgano de aprendizaje de un niño no es el oído, sino la vista”.