Función del padre en la crianza

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Con el paso de los años se han venido presentando una gran cantidad de cambios en la estructura familiar en lo concerniente con la función del padre en la crianza de sus hijos, que evidencia una transición enmarcada en una presencia más activa y participativa, contrario a lo que ocurría en otras épocas. Por lo tanto, es importante realizar un análisis de estos cambios que nos permita entender lo que ha estado ocurriendo y, a su vez, nos ayude a brindar un acompañamiento asertivo a estos nuevos padres en el proceso de crianza de sus hijos”

entrorno2El término padre proviene del latín a partir del vocablo pater, que significa “aquél que es cabeza de familia y es la generación anterior”; del mismo modo, dicho término es definido por la Real Academia Española como “varón o macho que ha engendrado”, “varón o macho, respecto de sus hijos”, “cabeza de una descendencia, familia o pueblo”; sin embargo, en la actualidad estas definiciones se han ampliado. En un informe realizado por la Academia Americana de Pediatría en junio de 2016 definen papá como aquella figura masculina que está dedicada al bienestar del niño y no solo la limita al padre biológico que convive con un niño.

En la Edad Antigua, especialmente en el Imperio romano, la familia era dominada por el varón y la descendencia era patrilineal, es decir, portaban exclusivamente el apellido paterno; era el pater familias quien tenía poder absoluto sobre todos los aspectos de la vida de sus hijos y el resto de su familia; y el niño solo era considerado hijo si el padre lo reconocía como tal.

En la Edad Media aún persistía la hegemonía del hombre y la mujer debía someterse a su esposo. El padre le transmitía a su hijo un patrimonio: el de la sangre y el del nombre, lo cual lo identificaba como tal y al padre le garantizaba su papel como progenitor de su descendencia. En el siglo XVI, el orden reinante era primero Dios, seguido por el rey y luego el padre. Luego en el siglo XVII, el niño empezó a ejercer un papel un poco más activo en la vida afectiva del padre, pero en este momento aún se utilizaban los castigos físicos para dominar a los niños y así evitar su rebeldía.

Con la Revolución francesa desaparecieron las diferencias de clase y se abrieron camino los primeros movimientos feministas; además, con la abolición de la monarquía absoluta, apareció la noción de amor paternal y maternal. Con el nacimiento de la pediatría se logró reducir el maltrato físico y, por otra parte, los niños empezaron a ser criados por sus padres. Después de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, surgió la idea de que los niños tenían derecho a tener una familia, indistintamente de su origen intra o extramatrimonial.

En la época posmoderna, la mujer dejó de ser un sujeto menor sin derechos jurídicos y fue ganando un rol más activo en el ambiente laboral y en la educación de sus hijos. A partir de la década de 1960, el modelo de desigualdad en el matrimonio quedó atrás y se abrió paso al desarrollo de leyes más equitativas. A mitad del siglo XX, surgió la idea de que el niño necesita vincularse afectivamente con su padre para desarrollar plenamente su personalidad y la psicología se encargó de instruir a los padres en la forma correcta de educar a sus hijos.

En la década de los 70 apareció la palabra “parentalidad” para definir al padre o a la madre; el primero se vio obligado a compartir la patria potestad de sus hijos con la madre y su autoridad se fragmentó. El Estado asumió algunas funciones de los padres, como la educación formal y la vigilancia del cumplimiento de los derechos de los niños.

Ahora bien, aunque en el pasado el padre era considerado el proveedor y el depositario de la autoridad, siempre se ha exaltado a la madre en el proceso de la crianza y cuidado de los hijos, pero con el paso de los años el padre, quien era un ser presente/ausente, ahora aspira a convertirse en un padre presente y participante.

 Papel vs. función

entorno3Aunque estas dos palabras se utilizan frecuentemente de forma indistinta, no son sinónimas. Retomando lo afirmado por el psiquiatra y profesor universitario Carlos Alberto Giraldo, “el papel se refiere a lo que se le asigna al actor y su éxito depende de la posibilidad que se tenga de identificarse con el personaje. La función se refiere a las acciones en relación con la situación familiar y social concretas, las cuales pueden ser muy alejadas de las asignadas como papel”. Para la crianza, la sociedad en general asigna papeles, pero, a su vez, obliga a que la función cambie día a día debido al dinamismo que esta presenta, por lo tanto, se prefiere hablar de la función del padre en la crianza, la cual se caracteriza por ser siempre innovadora.

¿Qué es paternar?

Se define como la presencia masculina en la crianza, es decir que todos los hombres son, en términos concretos, transmisores de lo relacionado con lo paternal.

Según lo expuesto por el pediatra Francisco Leal, para ser padre “se requiere un compromiso emocional con el ser en formación”, esto, a su vez, le permite ser una guía tutelar masculina con la cual pueda identificarse. Siguiendo este orden de ideas, paternar es “dar amor incondicional, tener respeto por la vida que crece, transmitir valores, crear normas consensuadas, enseñar las mejores tradiciones, destrezas y habilidades a sus hijos, y, a su vez, promover una relación de confianza absoluta”.

La paternidad comprometida se ve influenciada por distintos factores, como lo son: la motivación, habilidad, autoconfianza y un cuarto, muy determinante, el apoyo de la madre hacia el padre para que este se comprometa de forma activa dentro de la familia.

Es bien conocido que la presencia activa del padre en la crianza es de suma importancia durante la niñez y la adolescencia, convirtiéndose en un modelo de identificación para el niño y un objeto de amor para la niña que permitirá que su identidad sexual madure.

Dentro de los innumerables beneficios de una paternidad comprometida, encontramos que estos niños desarrollan una mayor capacidad cognitiva y empatía, tienen creencias sexuales menos estereotipadas, una mejor capacidad de autocontrol, menos síntomas depresivos y problemas conductuales, así como unas tasas más bajas de embarazo adolescente. Por otra parte, en la familia genera también beneficios, como mayor grado de cercanía con los hijos, más libertad y una fuente de apoyo emocional para las madres, mayor satisfacción con su matrimonio y con los acuerdos concernientes a la crianza de los hijos.

Hasta el momento poco se sabe sobre las bases cerebrales de la paternidad en el hombre y su sensibilidad a las experiencias de cuidado a sus hijos. Un estudio reciente dio las primeras luces al respecto, al intentar medir la respuesta del cerebro de cuidadores a los estímulos infantiles, encontrando que “la crianza determina una red global de cuidado parental que trabaja en concierto para impregnar el cuidado del niño con involucramiento emocional, sintonía con el estado infantil y, por lo tanto, la posibilidad de planear una parentalidad adecuada”, poniendo en evidencia que tanto los hombres como las mujeres cuentan con las habilidades para asumir la crianza de sus hijos.

Por otro lado, existen algunas diferencias entre paternar y maternar, las cuales son percibidas muy temprano, en las primeras semanas de vida, al reconocer la diferencia entre la voz de la madre y el padre, y que se continúan evidenciando con el paso de los años en distintas esferas, como, por ejemplo, la forma de aplicar la disciplina y en el juego con los niños, siendo los padres quienes incitan a sus hijos a explorar más el mundo en comparación con las madres; pero, sin duda alguna, tanto la función del padre como la de la madre se complementan en el acompañamiento de sus hijos.

No podemos olvidar que hoy en día es muy frecuente el abandono de los padres a sus hijos, encontrándose en nuestro país que un alto porcentaje de los niños son criados por madres solas o cabezas de familia. Este problema tiene connotaciones muy negativas en el desarrollo social y emocional de los niños a futuro. De acuerdo con el psicoanalista Ariel Alarcón, en los primeros cinco años de vida el cerebro humano está en un proceso de maduración y se están formando las redes neuronales encargadas de registrar memorias profundas, es decir, la información registrada en ese momento se va a replicar a posteriori (el significado de la familia, los roles de padre y madre según su experiencia), así el individuo no sea completamente consciente de ello.

Los expertos concuerdan con que el abandono es una de las experiencias más críticas y difíciles que pueden vivir los niños, dejando una lesión profunda en la seguridad de sus relaciones afectivas.

 El nuevo padre

Conforme con el pediatra Leal, el nuevo padre se caracteriza por ser: positivo, integral, igualitario, pero
diferente, solidario con las diferencias y no violento.

Complementando dicha postura, los pediatras y puericultores Darío Botero y Germán Soto caracterizan al nuevo padre como un individuo menos autoritario y más participativo, proveedor y orientador, con mayor calidad y cantidad de tiempo dispuesto para compartir con sus hijos, coherente y con igual nivel de autoridad que la madre.

Por lo tanto, para ser un buen padre, según lo planteado por el pediatra Leal, el hombre debe cumplir con algunos requisitos, dentro de los cuales están: conocerse a sí mismo, haber logrado su identidad, iniciar la paternidad en el momento oportuno, aprender a comunicarse, permitir el acceso de otros modelos masculinos y dejar ir a su descendencia cuando sea tiempo.

Por último, para paternar adecuadamente, los pediatras y puericultores Botero y Soto plantean algunas recomendaciones, las cuales son: disfrute de su hijo, sea un buen ejemplo, demuéstrele su amor, comuníquese abierta y honestamente, inviértale tiempo y déjelo ser.

Para concluir, en la actualidad el padre se ha ido convirtiendo en una figura presente y participante, asumiendo su función de acompañar afectuosa e inteligentemente a los hijos durante todo su proceso
vital, generando, a su vez, un impacto positivo y duradero en los hijos y la familia.

Por: Kaarem Dayanna Gutiérrez Amaya

Residente de pediatría, Universidad de Antioquia y

Gustavo Ariza Madarriaga

Sociólogo

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