Fans: más que una ‘fiebre’ adolescente

Se les conoce como fans o groupies y son capaces de hacer lo que sea con tal de estar cerca de sus ídolos: acampar durante una noche entera para verlos en primera fila en un concierto, perseguirlos y aprenderse su vida de memoria, entre otras cosas, pero cuando caen en extremos, hay que preocuparse. Los padres son los llamados a identificar las señales de alerta.

Por: Ana María Gómez Campos
Con la asesoría de Rafael Vásquez, psiquiatra infantil, y Jerónimo García Ugarte,
pedagogo

Desde tiempos anteriores a Sinatra, Elvis Presley, The Beatles y The Rolling Stones, la histeria se apoderaba de los fans al punto de perseguir a sus ídolos y asediarlos. De hecho, algunos han pasado a la historia y hasta publicado libros sobre sus proezas, como Pamela Des Barres, quien se coló en los camerinos de bandas legendarias como The Who, The Doors y Led Zeppelin y definió a las groupies como: “Las niñas que quieren estar cerca de la música”. El tema ha dado para todo, se han hecho incluso telenovelas, como Alcanzar una estrella, y a las fanáticas algunos artistas les han compuesto canciones.

Y aunque la moda pasa y los ídolos son otros, se trata de un fenómeno de todos los tiempos. Las adolescentes de hoy hablan de Justin Bieber, de agrupaciones como One Direction, The Wanted y de polémicas artistas tipo Lady Gaga, por citar algunos ejemplos. Pero en esta época, además de tener acceso a revistas, afiches y discos, los fans cuentan con celulares, internet, redes sociales, etc., que les permiten estar al tanto de su menor movimiento.

Lo cierto es que, según el psiquiatra infantil Rafael Vásquez, la palabra fan, como su nombre lo indica, viene del inglés fanatic (fanático) y se define como: “La creencia exagerada –emocionalmente– que produce gran cantidad de actitudes y de relaciones sociales. Es común que el ser humano tenga comportamientos fanáticos, pero estos cambian con el ciclo vital. Por ejemplo, es factible que los hinchas jóvenes pertenecientes a una barra brava, a los 65 años lo sean de una religión. La manera de ser fanático se transforma con la edad. Pero tampoco se puede decir que un fan de un artista hoy, lo sea dentro de cinco años. Es posible que solo sea una expresión de la adolescencia”, comenta.

Al respecto, el pedagogo Jerónimo García Ugarte, tutor del programa educativo español ‘superpadres.com’, sostiene que –palabras más, palabras menos– un fan es un admirador o seguidor de algo o de alguien. “Quizás la diferencia más significativa y que nos puede ayudar a entender muy bien lo que es el fenómeno fan, es que a diferencia del seguidor o admirador, el fan siente un entusiasmo ‘desmedido’ por el objeto o sujeto de su pasión”, indica.

Adolescentes en busca de identidad 

A juicio del pedagogo: “La adolescencia está asociada con la aparición de ese ‘fanatismo’, porque es una etapa de búsqueda de una identidad personal y grupal. Muchos adolescentes la encuentran diferenciándose de su entorno, de aquellos que hasta este momento eran sus referentes de comportamiento. Y estos ídolos lo que les aportan fundamentalmente es una identidad ‘distinta’, además de un sentimiento de grupo exclusivo, como por ejemplo: ser una ‘belieber’ o una ‘directioner’”.

En cuanto a las características del fan, habría que hablar en función del grado de fanatismo, “pero la pasión, la defensa a ultranza de su ídolo, la identificación con su forma de pensar, vestir y la adquisición de todo aquello que tenga que ver con la persona idolatrada, son características comunes a todos ellos”, agrega García.

El adolescente admira la forma de ser de su ídolo, comparándola con la propia e identificándose. En otras palabras, se siente más cerca de la identidad ideal que quisiera tener. Esto, en la práctica, puede traducirse en una serie de cambios en la manera de vestir, un nuevo corte de pelo o formas de comunicación específicas. Lo anterior puede implicar, en ocasiones, la transgresión de normas sociales. Para la muestra, las ‘beliebers’ de Justin Bieber están dispuestas a raparse la cabeza. De hecho, sucedió ante el falso rumor de que la estrella tenía cáncer; o los ‘little monsters’, que siguen incondicionalmente a Lady Gaga.

En el caso concreto de la música, esta tiene la capacidad de despertar diferentes estados de ánimo en los adolescentes. Les hace sentir más alegres y optimistas y conseguir un buen ambiente en el contexto en que se encuentran, pero también puede generar sentimientos de tristeza, melancolía o rabia.

El límite… ¡Cuidado! 

En el caso concreto de la música, esta tiene la capacidad de despertar diferentes estados de ánimo en los adolescentes. Les hace sentir más alegres y optimistas y conseguir un buen ambiente en el contexto en que se encuentran, pero también puede generar sentimientos de tristeza, melancolía o rabia.

Los padres seguramente se preguntarán: ¿Cómo saber si nuestros hijos están pasando el límite? Y ¿hasta qué punto es sano ser fan? Según el pedagogo, la mejor manera de discernir es el sentido común de los padres.

Al respecto, el psiquiatra Rafael Vásquez afirma que: “Hay tres características en los adolescentes para tener en cuenta e identificar si su fanatismo se está convirtiendo en un problema: si se altera el rendimiento escolar, si disminuyen el contacto social con sus amigos, o si se ponen en acciones de riesgo”.

En eso coincide el pedagogo García: “Cuando los padres observan que su hijo ha modificado de una manera evidente sus hábitos de comportamiento, y no precisamente para bien, estamos ante una clara señal de que se están sobrepasando los límites. Por ejemplo, si su hijo que practica deporte habitualmente y estudia de forma juiciosa, de pronto deja de hacerlo, baja significativamente su rendimiento, pasa las horas encerrado en su habitación, que ha llenado de afiches y objetos de su ídolo, sin relacionarse con nadie y vive escuchando siempre sus discos; estas son evidencias de que ser fan está dejando de ser algo sano en él. Por no hablar de comentarios, más o menos exagerados, que se escuchan en los conciertos para adolescentes como: “Sería capaz de cualquier cosa por…”, comenta.

Del mismo modo sucede con las barras bravas: “No es lo mismo pintarse la cara, ponerse una camiseta, que salir a herir con un cuchillo a los del equipo rival”, agrega el psiquiatra Rafael Vásquez. En ese caso, se trata de una conducta de alto riesgo.

Así mismo, con el auge de las redes sociales, los adolescentes fanáticos pueden meterse en problemas por su exceso de credibilidad, por su falta de espíritu crítico, con todas aquellas informaciones que las redes generan y multiplican. “Cualquier noticia falsa sobre un ídolo puede generar una reacción en cadena que nadie sabe en qué pueda derivar y cuándo pueda parar. Ya hemos tenido ejemplos de actuaciones disparatadas de fans ante la falsa noticia de la muerte de su ídolo”, dice García. De ahí la importancia de hacerles ver que no todo lo que aparece en la pantalla de su computador o de su celular es real.

Fanatismo no es enfermedad mental

Cuando los ídolos se convierten en una obsesión conviene buscar lo que hay detrás: puede tratarse de una actitud de rebeldía o una forma de solucionar una dificultad emocional, no necesariamente se trata de una expresión de enfermedad mental, enfatiza el doctor Vásquez. “Su comportamiento puede ser consecuencia del entorno, de una enfermedad física, del divorcio de sus padres o de la moda, entre otras. Es lo que hay que analizar. Se debe explorar el caso, ver si existe un indicador de sufrimiento en los muchachos y si es una manera de expresar dolor, ansiedad y dificultades emocionales. No es que estén locos”, añade.

En ese sentido, no hay diferencia entre ser fanático del fútbol, de la música, de un actor o de la religión, aunque muchos adultos pretendan que en el último caso no lo es. “La visión del fanatismo va a lo largo de la vida de la gente. En general, personas en condiciones de alcoholismo, drogadicción, ansiedad, consiguen en las iglesias un ‘control’ que las mantiene bien. Ahí es una expresión exagerada, extrema”, afirma Vásquez.

Lo más adecuado, entonces, no es ‘entrarle a los golpes’ al adolescente, sino establecer una mejor comunicación con él. “Hablarle sin acusar y hacerle ver el camino que está recorriendo, quizás de un modo no consciente, y hacia el que se dirige. Aunque no siempre lo manifiesten, para la mayoría de los adolescentes, los padres siempre son una referencia y aunque sea a punta de discusiones, su opinión siempre cuenta. Es bueno hacerles ver que en esa búsqueda de una identidad diferente lo que terminan consiguiendo es igualarse, imitar más al resto”, aconseja el pedagogo.

Con respecto a esto, se recomienda establecer límites y control del tiempo que dedican al estudio y a otras actividades. Cada adolescente es un mundo aparte, por eso si los padres ven que necesitan ayuda y que el problema se les sale de las manos, es ideal buscar ayuda profesional. Afortunadamente son pocos los casos que necesitan tratamiento, pues la madurez suele ser una buena medicina.

También se aprende

No todo es malo. Las actividades de los fans, sin caer en extremos, según el psiquiatra Rafael Vásquez, pueden traer experiencias positivas a los adolescentes: les mejoran la cohesión de grupo y reafirman su pertenencia social. También les permiten ampliar el conocimiento en otras áreas. Más allá de la vida de los artistas o de los futbolistas, por ejemplo, se puede aprender de sus países, de su historia, de los lugares que visitan.

Por eso, el psiquiatra Rafael Vásquez enfatiza en que no hay que estigmatizar a los adolescentes: “Que sean seguidores de un grupo o de un artista no quiere decir que estén locos o que sean adictos”, concluye, y apela a la intuición de los padres para establecer la diferencia.