Ese niño que llevamos dentro

El ‘niño interior’ posee el espíritu de la verdad, vive en sintonía con la naturaleza y ejercita cotidianamente su capacidad de asombro, en un contexto de plena autenticidad. Desafortunadamente, como afirma Antoine de Saint-Exupéry: “Todas las personas mayores han sido niños, pero pocas de ellas lo recuerdan”.

La crianza se cualifica y los resultados finales son mejores cuando los padres invocan su propio niño interior, para relacionarse con los sujetos de crianza en el contexto de una relación empática.

 

Albert Einstein es un ejemplo notable del genio que permaneció siempre vinculado con la naturalidad del niño interior. Muchas de sus anécdotas así lo corroboran.

Como triste ocurrencia para muchos, el niño interior es un ser herido y traumatizado, víctima de condiciones ambientales o familiares adversas que con frecuencia el adulto no quiere recordar, lo que dificulta el abordaje terapéutico necesario para el mejoramiento de su salud mental. Carl Jung plantea que lo que la psicología profunda llama regresión no es otra cosa más que el retorno al niño.

 

El contacto con los niños pone en evidencia el resurgimiento de nuestro niño interior, lo que mejora nuestra relación con ellos y promueve una aproximación más justa y asertiva.

 

La invitación que queremos hacer a nuestros lectores para fortalecer cada vez más la calidad del vínculo padres-hijos y adultos-niños, es a que despertemos el niño que llevamos dentro y lo entronicemos en las relaciones con los niños del presente, para lograr el nivel de comunicación y acompañamiento inteligente que la infancia con urgencia necesita.

 

Para este propósito, compartimos con nuestros lectores la sabia afirmación de Rabindranath Tagore: “El que ha perdido el niño que hay en sí mismo es incapaz de educar a los niños de los hombres”.