Escolares – De regreso a la escuela ¿Quién será el maestro de mi hijo?

Justo en esta época, cuando se inicia el año escolar, adquiere mayor vigencia la angustia de los padres y los niños sobre ¿en manos de quién dejo a mi hijo? ¿Quién será mi profesor?, ¿Cómo será para enseñar? ¿Pondrá muchas tareas? Y más aún, si se trata de niños en edad escolar.

Esto lleva a reflexionar sobre cómo integrar los intereses de los  niños con los requerimientos del maestro y las expectativas de los padres, para lograr un acompañamiento inteligente y amoroso a los niños en su proceso de crecimiento y desarrollo.

La frase del libro El principito de Antoine de Saint Exupéry: “Quizá el amor sea el proceso de dirigir a otro gentilmente hacia él mismo, no a quien yo quiero que sea sino a quien es de verdad”, evoca la función del verdadero maestro, el que provoca el aprendizaje de sus estudiantes, porque él escogió libremente esa misión como su razón de ser y, fundamentalmente, en la medida en que asuma como estrategia de su quehacer, no “añadirle” a los niños cosas que les faltan, sino, descubrir lo que cada uno tiene dentro al nacer y saber sacarlo a la luz.

Por esto, el maestro debe trabajar para desarrollar las potencialidades al igual que las cualidades de los niños que le son encomendados, pues además de ser estudiantes, es indispensable asumirlos como seres humanos en formación y la mejor forma de hacerlo es como la del escultor, puliendo con firmeza, pero con cariño las conductas, entendiendo el significado real de la palabra educación, que viene del latín educere, que quiere decir exactamente sacar de adentro.

Por eso, hay que pensar que al hacer referencia al maestro se hace a ese ser especial que logra despertar en sus alumnos al máximo de su potencialidad;  que propende al desarrollo en ellos de la autonomía, la autenticidad y el espíritu crítico, y que propicia el desarrollo de su personalidad , creando espacios de reflexión y de interacción.

La función del maestro también es la de compartir con los padres la responsabilidad de la crianza, en la medida en que cuando se ingresa a la escuela los niños pasan mucho tiempo con sus compañeros y teniendo a sus maestros como adultos significativos que les están dando pautas para su comportamiento adecuado en la sociedad, para la adquisición de valores como la solidaridad, la tolerancia, el respeto por la diferencia, procesos que son más fáciles de ayudar a construir en el medio escolar.

En este contexto, es indispensable que los maestros compartan con los padres de familia los objetivos que se tienen trazados en el proyecto educativo institucional, para lograr una interacción adecuada entre el sistema familiar y escolar, con el fin de darle a los niños elementos claros y consistentes de vida.

 

Luz Elena Gómez Londoño

Licenciada en Educación especial