¿Es posible una puericultura de la felicidad?

“Todo es paradójico en el hombre, bien lo sabemos. (…).

Lo esencial, no sabemos preverlo. Cada uno de nosotros conoció las alegrías más calurosas ahí, donde nada nos las prometía. Estas, nos dejan tal nostalgia que incluso añoramos nuestras miserias, si fueron nuestras miserias las que nos las otorgaron. (…). ¿Qué otra cosa sabemos, además de que existen condiciones desconocidas que nos fertilizan? ¿Dónde se aloja la verdad del hombre?”.

Tierra de hombres por Antoine de Saint-Exupéry 

 

Todos deseamos ser felices, pero no sabemos bien qué deseamos. No hay un consenso sobre la definición de felicidad. Como punto de partida tomaremos la afirmación de Aristóteles: “La cultura ha hecho de la felicidad una obligación”. “Vuestra única obligación es ser felices”, decía Voltaire (1694-1778). Se llega a decir que si no se es feliz la vida no vale la pena. Se insiste, además, en que la felicidad es un ideal en múltiples versiones, una por cada ser humano que sueña. Soy el único responsable de mi felicidad, pero no hay un camino que infaliblemente me lleve a ella. Entonces, nos preguntamos si es posible proponer la felicidad como meta de crianza. Y, aún más, ¿si ello es posible, es conveniente?

En la palabra felicidad caben muchas cosas, pero detrás de esa multitud de ofertas hay dos grandes paradigmas: la felicidad del placer, o hedonismo, y la felicidad del proyecto de vida, o eudaimonía.

Como punto de partida tomaremos la definición de felicidad o eudaimonía según Aristóteles: “La felicidad es una vida humanamente lograda por el ejercicio de la razón, conforme a virtud. El hombre, como ser racional, puede hacer de su vida un proyecto, dar a su existencia un sentido y desde su naturaleza buscar una óptima perfección”.

El dilema fundamental es el énfasis en el placer o en la autorrealización. Los primeros tienen como lema el carpe diem (Horacio, Odas 1,11): “Vive el día, toma de él todo lo mejor que puedas. Los segundos se centran en un proyecto de vida; para lograrlo es necesario tener metas, hacer planes, trabajar por ellos, sacrificando con mucha frecuencia la satisfacción inmediata. La felicidad es llevar una vida con sentido, sentir que puedo aportar valor a este mundo con mi crecimiento y mi propia plenitud”.

Para todos la felicidad suele estar más allá, es una promesa eterna. Se le busca, se sueña con ella, se le desea al recién nacido, a los recién casados, a nuestros parientes y amigos. “Vamos a ser felices”, “que sean felices”. Siempre ella está en otro lado, se aparece a lo lejos. Hay que aprender a vivir con esa felicidad que nunca será completa, pero su presencia inalcanzable es un horizonte estimulante para nuestros esfuerzos.

No es posible la felicidad completa y permanente si se concibe como éxtasis. La felicidad como promesa siempre está haciéndonos sentir la herida, esa frontera insondable entre la realidad y el deseo. ¿Hay una alternativa a la felicidad como promesa? La única posible es una felicidad “humana”, situada en el “aquí y ahora”, con valles y cimas, con buenos y malos momentos, pero con un promedio muy satisfactorio. La proximidad, cercana o remota, de la felicidad le da sentido al difícil momento cotidiano.

 

¿Cómo es el individuo feliz?

Se sabe, por experiencia, que las personas felices presentan ciertas características:

  • Tienen valores.
  • Aman de verdad.
  • Son personas íntegras.
  • Son seres con una profunda vida interior.
  • Están comprometidas con una misión de servicio.

Acerca de esto último, en vez de pensar en mí puedo pensar en el otro, se es más feliz si se vive en función del servicio. Aporta más satisfacciones dar que recibir. “Dormí y soñaba que la vida era alegría, desperté y vi que la vida era servicio, serví y vi que el servicio era alegría”, Rabindranath Tagore.

 

¿Qué puntos son claves para un puericultor?

  • Hay que educar para enfrentar el mundo real. La felicidad está en mi mundo concreto.
  • La felicidad requiere estar en el mundo, pero no de cualquier manera. Hay que estar en el mundo como el corazón en el cuerpo. Integrados plenamente. Hay que sentirse parte del todo.
  • La felicidad no está afuera, está adentro. No está en “tener”, sino en “ser”. Se basa en mi forma de ver y enfrentar mi realidad.
  • Siempre, en todo escenario de felicidad, ha de estar presente el otro. El ser humano requiere compañía y, además, necesita un “territorio”, que suele ser compartido.
  • La felicidad florece cuando logramos la mejor versión de nosotros mismos.
  • Para ser felices se requiere aceptar y disfrutar el mundo emocional. Las emociones son los colores de la vida.
  • Hay que convencernos de que la felicidad no es un objetivo directo, es una recompensa. “La persecución de la felicidad resulta funesta, pues el único camino que lleva hasta ella pasa por hacer otra cosa, la felicidad se obtiene por añadidura”, John Stuart Mill (1806-1873).

 

¿Contribuye la crianza a la felicidad?

Sí, y en gran manera. Todos queremos ser felices y que nuestros hijos lo sean. Ello es posible en gran medida si nuestra familia nos ha ayudado a serlo, desde el comienzo de nuestra vida y luego en nuestra niñez y adolescencia, aportando las condiciones favorables para el desarrollo de nuestra personalidad y ayudándonos a encontrar respuestas a nuestras búsquedas y a cumplir nuestros sueños. Se dice que en el adulto feliz hay siempre un niño feliz o, por lo menos, un niño con quien se hizo un esfuerzo continuado y coherente para que tuviera todo lo necesario y fuera todo lo que humanamente le era posible ser, para que desarrollara sus potencialidades a plenitud.

 

Recomendaciones

Finalmente, he de crear en mis “sujetos de crianza” estas habilidades:

 

  1. Disfrutar del momento presente. Vivir disfrutando el aquí y el ahora, ello nos ayuda a descubrir esa felicidad que está en las pequeñas cosas, a sentir lo que nos rodea y a agradecer lo que la vida nos ofrece. Pero el presente debe estar abierto al futuro.
  2. Tener relaciones personales de calidad. Amar y sentirme amado es uno de los pilares de la felicidad. Tener buenas amistades, relacionarme con asertividad y empatía con el resto de las personas, tratándonos desde el respeto y la confianza. Dar amor sin expectativas de retorno es un sello característico de una persona feliz.
  3. Estar bien con uno mismo. Las personas felices se quieren a sí mismas y se sienten en paz interior con ellas. Es importante que te conozcas muy bien.
  4. Tener una buena actitud frente a la vida. Nuestra felicidad no puede depender de nuestras circunstancias, sino de la actitud con la que nos enfrentamos a ellas. Eso hace que esté en nuestras manos llevar el timón de nuestra vida. La clave está en hacer del pensamiento positivo y la actitud proactiva un hábito. Siempre el humor será una ayuda.
  5. Ponerle pasión a todo. Asegúrate de que todo lo que haces te apasiona, y si no es así, prepara un plan de acción para cambiarlo.

 

Por: Francisco Javier Leal Quevedo
Pediatra filósofo