En la adopción, ¿Cómo influye la edad y la etapa de desarrollo en este proceso?

La edad del niño o de la niña al momento de su abandono y aquella en la cual es adoptado también influye en forma directa, por los vínculos que se tenían y que se rompen de nuevo, y por los vínculos que se establecen con la nueva familia.  La etapa en la que se hace la adopción es definitiva: no existe duda de que a menor edad del niño es mejor el proceso de vinculación afectiva.

Cuando la adopción es en el período de recién nacido, la adaptación  es mucho más fácil, pues se establece un vínculo afectivo más pronto, vínculo que suele ser muy estrecho entre los padres y el niño o la niña, pues las vivencias anteriores obedecen principalmente a las de la gestación y el encuentro con su nueva familia.  Así mismo, los padres logran  conocer los gustos y disgustos de este desde temprana edad.

Si la adopción es en la etapa de lactante, es preferible que ocurra antes de los nueve meses, porque en esta edad se presenta la angustia de separación y es más difícil la adaptación a personas extrañas. En estos niños y niñas se puede encontrar poco aumento de peso, trastornos en el sueño, llanto excesivo y, más adelante regresión en el lenguaje, en el control de esfínteres o lentitud en la adquisición de estas destrezas. Pero, lo más importante es que los padres sepan de esta situación para que puedan entender al niño o a la niña y así aminorar los temores.

Con los niños y niñas preescolares y escolares se puede hablar más directamente y explicarles el por qué van a vivir con otra familia, pues muchas veces han sido maltratados, no deseados o han quedado huérfanos por diferentes razones.

En preescolares pueden presentarse regresiones en algunos aspectos de su desarrollo.  En la edad escolar se pueden observar manifestaciones de rebeldía o agresividad y mal rendimiento escolar, según la edad y la historia de los vínculos previos. En estos casos se debe evaluar en forma amplia las situaciones de estrés del niño y de su entorno, que suelen ser pasadas por alto.  La vinculación afectiva puede hacerse más lentamente, tanto por parte del niño o la niña como de sus padres, pues tanto los unos como los otros tienen una historia previa de mayor duración.

Si el niño o la niña van a ser adoptados en otro país es necesario entender que va a tardar más el proceso porque además de la adaptación a su nueva situación tienen que adoptar un nuevo país con diferentes costumbres, y posiblemente otro idioma diferente a la de él o ella, el cual conlleva muchos cambios a la vez y esto requiere tiempo para lograrse.

Al tratarse de una relación de doble vía, como todas las relaciones interhumanas, también los padres tienen angustias y preocupaciones sobre la aceptación que van a tener por parte del niño o la niña y de la familia, lo cual se debe explicitar para facilitar la comunicación y la resolución. De tener dudas es cómo hacerlo, se debe buscar ayuda profesional.

Ana Cecilia Correa Hernández

Pediatra puericultora

 Grupo de Puericultura Universidad de Antioquia.