En el juego, cómo afrontar el triunfo y la derrota

adolescentes
0 acciones Twitter 0 Facebook 0 Email -- Buffer 0 0Acciones ×

El juego es la actividad que conduce al ser humano a la confianza y el respeto. Cuando juega, aprende el valor de sí mismo y el valor del otro. Infortunadamente, nuestra cultura niega el juego y valora las competencias deportivas. Muchas veces se suprime el juego para dedicarse a actos que pueden ser importantes para el futuro.

Actualmente, se habla del hombre competitivo como el hombre exitoso, pero la competencia no genera crecimiento personal. La competencia por la competencia lastima y daña la dignidad, y muchas veces vulnera los derechos de la persona y los de los demás. Por eso, algunos padres, que insisten en que sus hijos practiquen deportes competitivos y los empujan hacia el triunfo, y para los cuales lo más importante es ganar y no aceptan un segundo puesto, pueden lograr muchas veces con su actitud lesionar a sus propios hijos, afectando sus intereses y sueños.

Nuestra cultura está centrada en la producción, en alcanzar un fin. Por ello, el ser humano se ha vuelto ciego para el presente y muchos de sus actos están centrados en el futuro: se duerme no por el placer de dormir, sino para estar descansados al día siguiente; se come no por el atractivo deleite del comer, sino por ingerir alimentos nutritivos. Este tipo de vida competitiva afecta la calidad de la misma, por lo que se pierde la oportunidad de degustar todos los momentos que la vida ofrece.

Es por eso por lo que uno de los derechos interesantes para resaltar en este momento es el derecho a equivocarse, a reconocer que el error es parte del aprendizaje. Un muchacho que sabe reconocer sus errores, y que aprende del acto mismo de experimentar, tiene mayores oportunidades de desarrollarse como ser humano y de darle más sentido a su existencia.

Se hace necesario estimular el juego limpio, el juego espontáneo, el juego respetuoso, y dejar las competencias mezquinas y desmedidas a un lado; saber ganar con humildad y perder con dignidad. Aunque aquí caben las preguntas: ¿Qué es ganar?, ¿qué es perder?, ¿acaso no ganan todos los participantes?, ¿no se gana por el maravilloso acto de jugar en sí mismo?

El deporte es, sin duda, un aspecto fundamental en la salud del adolescente, pero cuando se convierte en algo extremadamente competitivo podría llegar a convertirse en algo perjudicial para el chico, ocasionando o bien que se vuelva ansioso, inseguro, irritable, con pobre tolerancia a la frustración, o bien que abandone su práctica.

 

Ganamos, perdimos, de todos modos nos divertimos

Para asegurar que el adolescente continúe practicando el deporte elegido, es necesario enseñarle que ‘ganar’ no debe ser el principal aspecto en el que debe concentrarse. Solo un muy pequeño número de los chicos deportistas tienen un nivel profesional, en el que una actitud ganadora será necesaria para mantener el puesto.

Los padres deben enseñarle a su hijo a disfrutar del deporte sin ser el mejor. El deporte debe ser una ruta para que los adolescentes tengan una diversión sana y saludable, y aprendan algunas habilidades de vida, como el trabajo en equipo, la superación personal y el esfuerzo por dar lo mejor de sí mismo, y no una actividad destinada únicamente al éxito personal.

Cuando el adolescente pierde en algún juego, los padres deben evitar presionarlo o juzgarlo. Por el contrario, deberán estimularlo a luchar por sus ideales de una manera sencilla y favorable. Es bueno escuchar a los jóvenes en este momento, de tal manera que sean capaces de comentar los errores y las partes buenas del juego.

Los padres deberán ayudar a su hijo a afrontar lo que ellos llaman derrota, permitiéndole que surjan la rabia, la frustración y la tristeza, hasta que, finalmente, llegue a aceptar la experiencia como una oportunidad para aprender y como una aventura de vida.

Si el adolescente ha estado trabajando para fortalecerse ante una debilidad particular en su juego y da muestras de mejoría en ese aspecto, aunque no llegue a ser óptimo, los padres deberán estimularlo. Sabiendo que su trabajo le ha conducido a un resultado favorable, tendrá una razón más para seguir practicando el deporte, y adquirirá la enseñanza de que el esfuerzo sirve para mejorar en la vida.

Se debe evitar felicitar excesivamente al joven después de un triunfo, ya que podría interpretar este mensaje como que el triunfo es fundamental y ganar es lo único importante en el deporte. Hablar con el muchacho y estimularlo a que comparta los sentimientos que le embargan ante la victoria es muy adecuado.

Los padres deberán escuchar al muchacho después de una victoria y lo incentivarán a que cuente lo que él cree que han sido las fortalezas en su desempeño y también las debilidades. Esto le demostrará al adolescente que, si bien los padres están felices por la victoria, no les importa tanto el resultado como el hecho de que pueda divertirse; esto le hará recordar que aún tiene mucho por mejorar, por lo que no debe adoptar una postura arrogante.

Es necesario recordar, con respecto a los adolescentes y el deporte, que el desempeño puede variar dependiendo del estado anímico, el mismo deporte y otros incentivos. La trayectoria de la superación personal, no solo en el deporte, sino en todas las cosas, funciona, a menudo, dando dos pasos adelante, uno hacia atrás, y así, ya que es muy raro que el progreso sea recto.

 

Recomendaciones

  • Enséñenle a su hijo adolescente que, en el juego, competir es más importante que ganar.
  • Estimulen a su hijo adolescente a que practique deportes.
  • Ante los triunfos de su hijo adolescente, no muestren alegría incontrolable.
  • Sepan apreciar lo que su hijo adolescente aprende de la experiencia deportiva, tanto si fracasa, como si resulta vencedor.
  • Cuando pierda en el juego, eviten juzgarlo o ridiculizarlo.
  • Estimúlenlo para que sea humilde ante el triunfo y crítico y digno ante la derrota.

Por: Carmen Escallón Góngora

Pediatra puericultora

Terapeuta de familia

Universidad de Cartagena

0 acciones Twitter 0 Facebook 0 Email -- Buffer 0 0Acciones ×