El valor de la amistad

“¡Si nuestra amistad depende de cosas como el espacio y el tiempo, entonces, cuando por fin superemos el espacio y el tiempo, habremos destruido nuestra propia hermandad!.

Richard Bach (Juan Salvador Gaviota)

Germán, a pesar del espacio y el tiempo siempre estarás en mi corazón amigo.

 

El Diccionario de la Lengua Española define la amistad como: “Afectopersonal,puroydesinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. La amistad es uno de los vínculos más maravillosos que podemos encontrar los seres humanos durante nuestra existencia, sin importar la etapa cronológica de la vida; los años no son superlativos cuando se trata de construir una verdadera relación con un amigo.

Un amigo es la persona que se convierte con el tiempo en un coautor de los momentos más memorables de nuestras vidas, festeja con el alma y fortalece la existencia de la vida y en las situaciones adversas es quien te ayuda a buscar la luz cuando comienza a oscurecer.

Un amigo se asemeja a un hermano, pero existe una diferencia primordial: los amigos no aparecen como obsequios, podemos elegirlos. Aristóteles lo resumió sabiamente:“Mi amigo es mi otro yo”.

Las primeras amistades que se construyen en la infancia no suelen olvidarse nunca. Para los niños y adolescentes el valor de la amistad se centra en las relaciones con sus pares,en el placer de compartir con el otro, lo cual, hoy en día, con el uso de la tecnología a través de las redes sociales y aplicaciones como WhatsApp, la sensación de estar conectados compartiendo “en vivo y en directo”se convierte en lo más importante de su vivir diario.

No se aprende a ser amigo siguiendo unas instrucciones predeterminadas, la amistad emerge cuando dos o más personas despliegan un afecto mutuo, incondicional y desinteresado; cuando comparten intereses en común y vibran con la misma intensidad, en el juego de los preescolares como en la conversación de los adolescentes, en la búsqueda de su posición en su existencia.

El valor fundamental de la amistad reside en experimentar el deleite por compartir con la otra persona, trascendiendo sin que importe su condición social, sexualidad, raza o religión; es el espacio donde la inclusión puede ser pura, en donde se percibe el aroma y la esencia por compartir sentimientos, convicciones, gustos, dudas, sinsabores y los diferentes matices de la vida.

Desde pequeños debemos acompañar con el ejemplo a nuestros niños transmitiéndoles el verdadero significado de lo que representa un buen amigo; la amistad es una base fundamental para el desarrollo social, para ello, es necesario cultivarla y alimentarla a través del respeto, armonía y tolerancia.

Es primordial transmitirles a nuestros niños que en la verdadera amistad la comunicación es clave más allá de una conversación deliciosa, pues comunicarse es participar activamente transmitiendo nuestros verdaderos puntos de vista, nuestro sentir más íntimo, en un intercambio auténtico que fortalecerá la autoestima, la comprensión y la empatía. ¿En casa permitimos que nuestros niños se comuniquen en las mismas condiciones como lo hacemos con otros adultos?

Ser auténtico y verdadero es clave con los amigos. Ser coherente con lo que se dice, se piensa y se ejecuta debiera ser el norte en las auténticas relaciones; descubrir distintas formas de ser en una misma persona menoscaba significativamente los lazos de amistad. ¿En casa nuestros niños pueden ser auténticos y coherentes con su forma de sentir la vida?

Los amigos deben saber ponerse en el lugar del otro, la empatía es intuir, es “leer”a la otra persona, es poseer un sentimiento de advertencia afectiva de la realidad que afecta al otro, cultivando la capacidad de escucha activa, de comprensión, de saber compartir y ser flexibles ante la realidad del amigo. ¿En casa somos empáticos con los niños?

Enfrentarse a los distintos escenarios del día a día facilita la convivencia; favorece acrecentar el círculo de amistades. En estos espacios ser flexibles es clave, dejar de lado el sentimiento de exclusividad que muchas personas pretenden, comprendiendo que la diferencia aporta algo distinto en la vida de los demás, favoreciendo el enriquecimiento personal y el ejercicio de una verdadera amistad. ¿Como adultos somos flexibles con los niños y entendemos sus puntos de vista, cedemos la palabra, rectificamos la opinión y pedimos disculpas?

Habitualmente esperamos que las otras personas estén a nuestra disposición y en ocasiones por descuido o simple bienestar no correspondemos de la misma forma. ¿Esto estará bien? La generosidad no tiene obstáculos, pues los amigos dan de sí mismos desinteresadamente y sin límites, están pendientes de las preocupaciones y necesidades del otro, acompañándose en los padecimientos o en los malos momentos,
disfrutando de los triunfos y las alegrías, y compartiendo el tiempo, el conocimiento y las diferentes cualidades. Así es la verdadera amistad. ¿Practicamos la generosidad en casa?

Los amigos verdaderos no critican, analizan y construyen; no difaman, defienden lo justo; no traicionan una confidencia personal, sino que, por el contrario, la defienden y ayudan. Son verdaderos amigos y leales escuderos quienes defienden los intereses y el buen nombre de la amistad.

 

El valor de la amistad

El verdadero tesoro de la amistad resplandece cuando los amigos:

  • Buscan la conciliación y no la confrontación.
  • Comparten libremente sus intereses con los demás.
  • Ante lo incorrecto explican respetuosamente su punto de vista.
  • Se preocupan por su amigo.
  • Alientan al amigo que esté triste.
  • Se regocijan con los logros de los demás.
  • Se preocupan por algún amigo enfermo.
  • Les demuestran afecto y cariño a sus amigos.
  • Atienden a los demás de la misma forma que los atienden a ellos.

 

Como dice Miguel de Unamuno: “Cada nuevo amigo que ganamos en la carrera de la vida nos perfecciona y enriquece más aún por lo que de nosotrosmismos nos descubre, que por lo que de él mismo nos da”.

El sentido indiscutible de la amistad y de los amigos lo construimos cada día con el ejemplo que les damos a nuestros niños y adolescentes.

¡Esta es una invitación para la reflexión personal!

Por: Darío Botero Cadavid
Pediatra puericultor
Miembro del Comité de Crianza & Salud (SCP)
Grupo de Puericultura Regional Bogotá