El significado de la crianza

Los humanos, desde el punto de vista biológico, somos clasificados como seres altriciales o de crianza prolongada, habida cuenta de que nacemos en un estado de notable inmadurez, lo que hace necesario un acompañamiento inteligente y afectuoso mientras el crecimiento y desarrollo se consolidan, lo que abarca, aproximadamente, una cuarta parte de la duración promedio de nuestra vida.

Este acompañamiento, durante el proceso de la crianza, debe permitir que el niño, niña o adolescente vaya surgiendo en el trasegar de esta, en el camino maravilloso hacia la autonomía como meta, que le posibilite al sujeto de crianza, al final de la misma, asumir el comando de su propia vida y tomar decisiones personales tan trascendentes como la elección de profesión y de pareja, de una manera responsable y asertiva.

Las características de este acompañamiento inteligente y afectuoso deben variar a medida que los niños crecen y se desarrollan, pues su adquisición creciente de competencias disminuye paulatinamente la necesidad de dirección y orientación por parte del adulto, en ese equilibrio complejo y apasionante entre protección y participación con los sujetos de crianza.

Es primordial tener en cuenta que los niños, niñas y adolescentes son el presente y el futuro, pues, como asertivamente se señala, la infancia es vida, más que una preparación para la vida, y las vivencias de la infancia, positivas o negativas, afectarán de manera importante la calidad de vida a la que con pleno derecho todos aspiramos.

Como adultos acompañantes del proceso de crianza, debemos apoyarnos en la tradición cultural, el sentido común, los conocimientos científicos y el amor incondicional como referente fundamental, todo ello bajo la idea bellamente expresada por el pensador y escritor chileno Alejandro Jodorowsky, cuando afirma que: “Sé el adulto que necesitabas cuando eras niño”.