El servicio, objetivo esencial de la educación

“El objetivo de la educación es el conocimiento, no de hechos, sino de valores”. William S. Burroughs.

Tradicionalmente se entendía la educación como la manera para aprender cosas, para adquirir conocimientos y habilidades (matemáticas, idiomas, medicina, carpintería) y de esta forma lograr una profesión u oficio que mediante una remuneración permita satisfacer las necesidades de un individuo. Para muchas personas su proyecto de vida fue (y sigue siendo en muchos casos), estudiar, obtener un título, ganar dinero, jubilarse. Es un proyecto que no se sale de sí mismo y de su círculo familiar más estrecho.

Bajo la nueva concepción holística  del hombre, además de su naturaleza biológica, psicológica y social, se le define también como un ser espiritual, es decir un ser que tiene la necesidad de ir más allá de sus sentidos para crecer según los valores que dan sentido a la vida y que está sustentado en las relaciones con los demás, con el mundo. Es una fuerza para vivir, un “aliento de vida”.

Bajo esta nueva dimensión del hombre, la educación entonces se concibe como aquella dirigida a la apropiación social del conocimiento, es decir, cada individuo se educa para algo que va más allá de su desarrollo personal, para entregar socialmente el conocimiento, para que éste logre un impacto social pues sin lugar a dudas todos somos interdependientes y corresponsables.

La educación entonces ya supera la noción del simple aprendizaje, de la instrucción. Es la mejor vía para trascender en la vida, es aquel modo en que todos nos volvemos filósofos, cuando constantemente nos estamos preguntando ¿por qué?, cuando la educación está estrechamente ligada con la creatividad, con el placer del proceso creativo, pero muy especialmente cuando a través de ella se logra dejar huella en el otro, cuando permite ir y volver a la razón de la existencia de cada quien. Una educación que tenga como objetivo mejorar la vida de cada generación, “dejar el mundo un poco mejor de como lo encontramos”, como decía Sir Robert Baden Powell, fundador del movimiento scout.

Pero no puede olvidarse que si el colegio es el segundo hogar de los niños, la casa es su primer colegio y es desde allí donde se debe empezar la educación orientada a enseñar la ciudadanía, a formar para vivir como ciudadanos. Al respecto es válido citar el pensamiento del Presbítero Jorge Iván Ramírez, ex vicerrector académico de la UPB: “Las personas tienen que ser educadas para ser personas y cualquier actividad no puede olvidar la integralidad de la educación. Es por eso que se necesita definir un currículo de familia, enfocado en los valores y la crianza. Hay que formar desde el ser y el hogar y hay que masificar la educación del servicio, no solo para obtener un título, para enriquecer el bolsillo y nada más, sino para aportar a la sociedad”.

Luis Carlos Ochoa Vásquez
Pediatra puericultor