El reconocimiento de la dignidad, un imperativo ético

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La bioética se define como “el conjunto de principios y normas que regulan la actuación humana con respecto a los seres vivos”.

editorial2Se constituye entonces, en el caso específico de la crianza, como un puente reflexivo para la generación de pautas humanizadas y humanizantes en la relación de los padres y cuidadores con los niños, como seres humanos plenos de derechos.

Lo anterior adquiere especial importancia habida cuenta de la celebración del “mes del niño” en nuestro país, donde los derechos de la infancia son desconocidos y vulnerados con una alarmante frecuencia.

En los últimos años se ha tipificado en el contexto general de la bioética la llamada “ética de la fragilidad”, con plena aplicación a la niñez, entendida como aquella que exige el respeto por el otro aunque sea débil o precisamente por serlo, evitando tanto las agresiones por comisión (violencia) como por omisión (negligencia).

El cumplimiento de preceptos como los descritos debería marcar indefectiblemente nuestra relación con la niñez en los contextos de la crianza, la educación y la dinámica social, que le permita a los niños y adolescentes el derecho a crecer y a desarrollarse en armonía y en ausencia de la violencia y la degradación, pues la dignidad que los acompaña exige su respeto y valoración por el solo hecho de ser personas.

Esta sabia reflexión del gran artista Pablo Casals resume lo aquí expresado: “Debes trabajar, todos debemos trabajar, para hacer que el mundo algún día sea digno de sus niños y niñas”.

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