El ocaso de los deberes

El ocaso de los deberes
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En el contexto de las relaciones interhumanas, los derechos y los deberes ocupan un lugar preponderante y de necesaria reciprocidad, en el sentido de que quien es sujeto de derechos lo es también de deberes y viceversa. Por ejemplo, si nuestra hija tiene derecho a la educación, alguien tiene el deber de brindársela, y ella, a su vez, debe corresponder adecuadamente a este ofrecimiento.

Debemos reconocer que en la actualidad asistimos a un ocaso de los deberes con predominio de la cultura de los derechos y la alteración subsecuente de la armonía social, que la pérdida de este equilibrio genera.

En los tiempos que corren, las nuevas ideologías promueven el abordaje de las relaciones humanas de una manera individualista y competitiva, en el contexto de un descrédito ideológico de la autoridad, que involucra necesariamente una disminución en la exigencia de los deberes (o de responsabilidades, como algunos expertos sugieren que se denominen en el caso de la niñez).

Nunca se insistirá lo suficiente en la necesidad de fomentar una cultura de derechos en torno a la infancia (sobre todo en países como el nuestro donde son vulnerados cotidianamente), pero lo anterior debe estar equilibrado necesariamente con la asunción creciente de responsabilidades por parte de los niños y niñas, de acuerdo con su crecimiento y desarrollo.

El descrédito de la autoridad tiene implicaciones muy im- portantes en las relaciones de crianza y en las funciones de las instituciones educativas, puesto que altera los objetivos misionales de acompañar, orientar y guiar a los niños, niñas y adolescentes en el camino hacia la autonomía, que implican los procesos familiares e institucionales de crianza, educación y socialización.

Recordemos con Séneca, el gran filósofo, que “no hay vientos favorables para quien no sabe a dónde va”, y que somos los padres, maestros y adultos significativos quienes debemos acompañar inteligentemente este proceso que lleve a los niños, niñas y adolescentes a la anhelada meta de hacerse cargo de sí mismos, con responsabilidad y una clara vocación hacia lo ético, donde la armonía necesaria entre deberes y derechos garantice una vida con sentido, acorde con la sabia afirmación del filósofo Fernando Savater: “La persona verdaderamente libre es aquella que pregunta cuáles son sus deberes”.

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