El niño: ¿genio y figura hasta cuándo?

Como padres y cuidadores, promotores de la salud en la infancia, siempre debemos velar por el bienestar de los niños que tienen algún tipo de vínculo con nosotros y esto debe incluir: garantizarles sus derechos y atender sus necesidades básicas, acompañarlos y conocer lo correcto, adecuado y sano para su desarrollo físico, cognitivo, social y emocional; para su realización personal y la búsqueda de su felicidad.

Dar lo que necesita un niño se traduce en éxito, como afirma el premio Nobel de Economía James J. Heckman: ™darle oportunidades equitativas a un niño permite el progreso y la retribución económica de una nación∫. En su libro Dando a los niños oportunidades justas se evidencia cómo la inequidad es un problema, pero también muestra cómo es posible solucionarlo a través de la educación y las herramientas, dadas desde temprana edad, que permitan desarrollar sus habilidades cognitivas, así como su autoconfianza, perseverancia y resiliencia, lo cual impactará positivamente a nivel económico en el individuo y en la sociedad.

Es que el niño, ese protagonista de la historia que pasó de ser un objeto de protección a un sujeto pleno de derechos, ha pasado del maltrato al reconocimiento, de la consecuencia a la causa, del anonimato a la figura para que las acciones en una familia, en un colegio, en un barrio, en una sociedad y en un país se centren en mejorar su calidad de vida, en atender sus necesidades básicas y en quitar todo evento que lo prive de su libertad, educación o integridad.

El día del niño, que en Colombia se celebra el último sábado de abril, es un evento para darle algo más que regalos o reconocimiento individual, es un acontecimiento que nos debe generar conciencia de lo que hacemos no solo por nuestros niños, sino también por todos los niños; desarrollando estrategias sencillas desde nuestro hogar o complejas como son las políticas en salud, para velar por sus derechos y su futuro, para que el día de mañana pueda ser un adulto que trasciende por el bienestar de los demás y su genialidad innata no termine en la adultez, sino que, como dice el refrán, pueda ser ™genio y figura hasta la sepultura∫.

Antes de pasar a las estrategias que desde nuestro entorno podemos trabajar por el bienestar de nuestra niñez, socializaremos unos datos que, además de provocar una profunda tristeza por la trágica situación de una gran parte de la población infantil, nos deben generar un sentimiento de acción y de esperanza para idear iniciativas desde nuestros distintos roles en pro de generar nuevas oportunidades.

En el año 2016, el Fondo Internacional de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) publicó un documento que evidencia cómo se violentan los derechos de los niños: por ejemplo, mencionó que en el mundo 168 millones de niños trabajaban, 263 millones estaban sin educación, 17% de los niños eran víctimas de violencia como método para disciplinar, 300 millones formaban parte de las milicias en sus distintos países, 73 millones de niños varones y 150 millones de niñas eran víctimas de violencia sexual, y 700 millones de mujeres se habían casado siendo niñas.

Ustedes pensarán: øpor qué ocurren estas cosas? Esto tiene una explicación… Y es la inequidad social; no todos tienen lo que necesitan. Desde nuestra perspectiva estamos haciendo las cosas bien, abastecemos a nuestros hijos del mejor alimento, les brindamos educación con calidad, establecemos un vínculo seguro y tratamos de darles lo mejor, como una disciplina con amor, aprendiendo y practicando rutinas saludables, y desarrollando estrategias para su buen desarrollo motor, del lenguaje y habilidades sociales y cognitivas.

Adicionalmente, les aplicamos las vacunas y les suministramos los medicamentos necesarios para mantener su salud y prevenir o tratar sus enfermedades, los llevamos oportunamente a sus controles, citas con el pediatra y a clases de estimulación; si podemos vincularlos a la práctica de un deporte u otra actividad extracurricular no dudamos en hacerlo, y cuanto tiempo tengamos se lo dedicamos a ellos, quienes son nuestro motor y motivación.

Desafortunadamente, no todos los padres están en la misma posición, bien sea porque no tienen la posibilidad de hacerlo o sencillamente porque no lo desean o no saben cómo hacerlo y esto genera un aumento de la desigualdad, de la falta de oportunidades y de la pobreza. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2016) estima que en el 2030 habrá 167 millones de niños en la pobreza extrema y la mortalidad infantil será cercana a los 69 millones.

Y es que a nuestros niños los afecta no solo lo que ocurre en las casas o en los colegios, sino también lo que sucede a nivel mundial, como la pérdida del respeto por los valores, las migraciones, la guerra, las ideologías radicales y todo evento que facilite la vulneración de los derechos. UNICEF publicó que en zonas fronterizas y de conflicto los niños refugiados tienen cinco veces menos de probabilidades de ir a la escuela y esto a futuro representará menos oportunidades laborales, menos ingresos, mayor desigualdad y más pobreza. Nuestro país no está exento de ello, ya que también afronta la crisis humanitaria, el desplazamiento forzado, el posconflicto y ahora una gran crisis migratoria.

 

Recomendaciones

Existen estrategias para mejorar las oportunidades de nuestros niños, además de lo que ya hacemos como padres abasteciendo sus necesidades básicas:

 

En la familia:

  • Tengamos la disposición para leer, aprender y practicar buenas pautas de crianza.
  • Aseguremos la protección que merecen nuestros hijos.
  • Acatemos las normas.
  • Usemos racionalmente los recursos naturales, enseñando y dando ejemplo.
  • Empleemos la pedagogía como instrumento para disciplinar y educar a nuestros hijos.
  • Seamos instrumentos de paz desde el hogar hacia el entorno a través del ejemplo y el respeto por la diferencia.

 

En la sociedad:

  • Fomentemos y demos a conocer la lactancia materna como derecho y beneficio.
  • Promovamos la asistencia de los niños a los programas de control y seguimiento, así como la vacunación y su derecho a la salud.
  • Aseguremos una adecuada nutrición a nuestros hijos, y velemos porque se continúe en los colegios, y en otros entornos, instruyendo a los padres sobre cómo la nutrición sana influye en el buen crecimiento y desarrollo de los niños.
  • Informemos que la planificación familiar es un derecho, pero también es un deber para mejorar la equidad y garantizar el adecuado desarrollo de un niño desde su gestación.
  • Compartamos los conocimientos a través de grupos de apoyo a personas que no tuvieron la misma oportunidad, actuando como formadores de formadores.

 

Apreciados padres, este artículo es una invitación a adoptar la posición de garantes de los derechos de sus hijos y a mejorar las oportunidades de quienes en nuestra sociedad son menos favorecidos. Esto se puede lograr mediante la adquisición de conocimientos, realizando prácticas sencillas y eficientes para mejorar la salud y generando una actitud positiva con empoderamiento de nuestro papel a nivel social con responsabilidad e iniciativa, que permita mejorar la calidad de vida de los niños para que sean prósperos y felices.

 

Por: Johanna Carolina Hernández Medina
Pediatra especialista en Neurodesarrollo y Aprendizaje