El nacimiento humanizado

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A veces le habla con palabras que le salen por la boca, otras le salen por el pensamiento, le sonríe, le cuenta lo que está viendo, le habla de los abuelos y de las abuelas, le canta los himnos de la vida, la toca por fuera, acariciando su vientre, la toca por dentro cerrando sus ojos, se detiene en cada promontorio de su cuerpecito. Ya sabe que es una niña, ya la llama por su nombre.

Una noche fresca y tranquila del mes de agosto se producen los dos nacimientos. Valentina nace al mundo después de nueve meses de cómoda y extasiante penumbra. La ponen en el pecho desnudo de su madre, la reconoce, se siente tranquila. La madre la seca entre caricias y contemplaciones, la huele, le habla en susurros; en este mágico y misterioso instante, se produce un lazo entre las dos, que ya nada ni nadie podrá romper. Así permanecen madre e hija sumidas en éxtasis. Ella le ofrece su leche, excreción de su amor, de su dicha, de sus sueños, líquido endulzado con terroncitos de ternura. Así nacen las dos, porque la madre nace al ser parida por su hija.

 El nacimiento es el paso de la vida del ser humano desde el útero, donde ha permanecido por nueve meses en semipenumbra, tranquilo, flotando en el líquido amniótico, a la vida fuera de él, donde debe respirar y someterse a muchos estímulos nuevos y muchas veces inadecuados.

El nacimiento del ser humano tiene una gran importancia para la vida futura del niño y del adulto; por ello, debe ocurrir como todo un acontecimiento sagrado para la familia y para el personal de salud. El nacimiento es el final de la gestación y es como una fiesta que se va preparando desde las primeras semanas de gestación, cuando los padres han aprendido a sentir a su hijo, a estimularlo y a cuidarlo con una asistencia regular al médico cada mes.

Cuando se produce el nacimiento, la madre experimenta contracciones o movimientos uterinos necesarios para abrir la puerta por donde saldrá el niño. Esta puerta debe abrir hasta 10 centímetros, suficientes para que por allí pasen la cabeza y los hombros del recién nacido y, por ende, todo el cuerpo. Estos movimientos, además, impulsan al niño para salir por el túnel llamado canal del parto. El apoyo y la seguridad que posea la madre serán unos de los ingredientes para que la aventura de nacer tenga un excelente final.

Cuando el niño nace, inmediatamente debe ser puesto en el pecho desnudo de su madre, para que ambos se conozcan por fuera, para que se sientan, se huelan, se hablen. La madre debe secar al niño y ofrecerle sus mamas con leche endulzada con terroncitos de ternura. En este mágico y profundo momento, se produce entre los dos un lazo o marca que ya nada ni nadie podrá disolver. En este momento la madre reconoce a su hijo y le pone un sello imborrable. El recién nacido humano, al igual que el de otras especies, crea una relación con la primera persona con la que se pone en contacto. Por tal razón, es trascendental que los primeros minutos posteriores al nacimiento el pequeño permanezca en el pecho materno.

Al nacer el nuevo ser, la madre posee en su sangre sustancias que facilitan la maternidad, como las endorfinas, que hacen que el dolor en este momento no se sienta, que la piel, los músculos y todo el cuerpo se dispongan a recibir y a marcar al recién nacido.

Idealmente, el padre debería asistir al nacimiento de su hijo. Muchas veces esto no es posible por la falta de preparación emocional, física y social del padre para asistir al evento o por las pocas condiciones de los hospitales. Cuando sí sucede, el hombre deberá ponerse en la cabecera de la camilla, para apoyar a su compañera y esperar a que ocurra el milagro. El padre, después de hacerlo la madre, deberá poner a su hijo en el pecho para que se produzca, de la misma manera, esa marca, y se inicie una buena paternidad.

Cada nacimiento de un niño transforma el sistema familiar. Se producen varios nacimientos: nace una nueva madre, un nuevo padre, unos abuelos y, si existen hijos, nacen nuevos hermanos.

Recomendaciones

  • Los padres deben prepararse para el nacimiento de su hijo desde la concepción misma y con la asistencia a las consultas durante toda la gestación.
  • Durante la gestación, los padres deberán hablar de los sentimientos que cada uno lleva, tales como miedo, incertidumbre, alegría, etc.
  • La mujer durante el trabajo de parto debe estar acompañada por el padre o un familiar con el cual se sienta apoyada y cómoda.
  • Al nacer el niño, la madre debe solicitarle al equipo de salud que lo ponga en su pecho y exigir el alojamiento conjunto con el niño.
  • La madre debe ofrecerle lactancia materna al hijo desde el momento mismo del nacimiento.

 

Por: Carmen Escallón Góngora

Pediatra puericultora y terapeuta de familia

Universidad de Cartagena

 

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