El lactante y la apasionante aventura de su desarrollo

Lactantes

En cada etapa del niño, los padres deben estar ahí para acompañar las metas de su crecimiento y desarrollo. Conozca su mundo desde el nacimiento hasta los dos años. 

Por: Juan Fernando Gómez Ramírez
Pediatra y puericultor 

Se denomina lactante al niño con edad comprendida entre el mes y los dos años de edad. Este período de la vida es uno de los más dinámicos en cambios, no solo en lo referente al crecimiento físico, sino también en cuanto a la adquisición de competencias, por ejemplo, los niños aprenden a sentarse, gatear, caminar y hablar.

Todo lo anterior, hace necesaria una actitud idónea y coherente por parte de los adultos que permita un acompañamiento asertivo a los niños en su desarrollo en esta decisiva época de su vida.

Entre uno y seis meses

Actividad motriz

En el segundo mes de vida muchos niños comienzan a disfrutar del momento del baño y muestran gran actividad motriz durante este, lo cual obliga a ser precavidos para evitar accidentes.

A partir de los tres meses de edad ocurre un significativo logro desde el punto de vista motor: el de sostener la cabeza erguida, lo que le permite descubrir una gran cantidad de elementos enriquecedores del entorno. De igual manera, la utilización progresiva de sus manos y la observación de estas, constituyen para el niño una notable fuente de aprendizaje.

Juego

Desde el nacimiento, el niño juega con su cuerpo; inicia el conocimiento del mundo con su boca, luego juega con sus manos, las agita, agarra y suelta objetos.

Hacia el tercer mes, el lactante co- mienza a jugar tocando, agarrando y chupando objetos como el sonajero que se pone a su alcance. En el quinto mes es capaz de retener con su mano un juguete mientras mira otro.

Succión digital

Es el hábito oral más común. Se considera normal el hecho de que los lactantes succionen sus dedos. Esta costumbre va disminuyendo progresivamente con la edad. Se invoca como uno de los elementos causales de este hábito el hecho de que el niño nace con un instinto de succión muy intenso del que deriva mucha satisfacción, como componente de la etapa oral del desarrollo por la cual atraviesa.

La persistencia del hábito de succión más allá del período del lactante se ha relacionado casi siempre con condiciones de desajuste emocional o estrés por parte del niño. Este hábito con mucha frecuencia desaparece posteriormente de manera espontánea.

Sueño

Durante el primer semestre de vida extrauterina, los períodos de sueño se van haciendo cada vez más largos; así, durante el primer mes, el lactante duerme por períodos continuos hasta de cuatro horas, hacia los dos meses hasta de seis horas y hacia los ocho meses hasta de ocho horas nocturnas.

El hábito de dormir toda la noche se va estableciendo en el niño a partir del tercer mes de edad. Es conveniente el establecimiento de una rutina progresiva en el proceso de acostarse durante la noche, para que el niño asocie esta situación con el momento de dormir.

Llanto

Constituye la forma primaria de lenguaje del niño y de comunicación con sus progenitores y demás integrantes del entorno.

El llanto es uno de los indicadores de la maduración neurofisiológica del niño. El normal es estructurado y rítmico, con inflexiones y deflexiones. Por el contrario, en el llanto anormal se alteran y se cambian los sonidos rítmicos por quejidos, pujos, ronquidos y chillidos.

Con el llanto, el niño busca fundamentalmente contacto y arrullo. Contrariando conceptos ya obsoletos, hoy se considera que el cargar y arrullar al niño durante los dos primeros meses de vida por un período no menor de tres horas diarias reduce notablemente la duración del llanto, sin que por esta costumbre los niños se malcríen.

Entre seis y 12 meses

Durante el segundo semestre de vida extrauterina se desarrolla un proceso de adquisición gradual de autonomía por parte del niño, quien mediante el gateo se va haciendo capaz de alejarse de su madre para explorar todos los rincones de la casa. De igual forma, aumenta la capacidad interactiva con las demás personas y otras formas de comunicación sustituyen progresivamente el llanto, que era hasta entonces la forma predominante de comunicarse.

Actividad motriz

Durante el segundo semestre se presenta un aumento importante de la actividad motriz, estimulada por la adquisición de la capacidad de sentarse sin apoyo, quedándole al niño las manos libres para agarrar objetos y jugar.

Las aptitudes motrices adquiridas culminan con la capacidad de caminar, que en el 60% de los niños se adquiere hacia el año de edad, aunque también es usual que ocurra hacia los dieciséis o diecisiete meses, todo ello dentro del amplio rango de la normalidad.

Siempre y cuando no exista riesgo de accidentes, lo ideal es mantener el niño descalzo durante esta época, para facilitar el desarrollo normal de sus miembros inferiores.

Juego

Durante el segundo año de vida, el niño logra una gran cantidad de aprendizajes y dentro de este proceso el juego tiene gran importancia, pues propicia el desarrollo social y la creatividad. Al comienzo, el niño se limitará a jugar con su propio cuerpo o con sus juguetes junto a otros niños o a imitarlos -juego paralelo-, pero a medida que transcurren los meses va adquiriendo la capacidad de jugar con ellos.

Objetos transicionales

Desde algunos meses atrás, es común observar que el niño va estableciendo una relación especial con algunos objetos como cobijas, animales de peluche o bayetas. Por lo general, esta utilización de objetos que se han denominado transicionales, por ser objetos que facilitan la transición entre el afecto exclusivo a la madre y otros afectos, son más comunes ante cualquier situación ansiosa del niño como, por ejemplo, cuando es llevado a un ambiente que no le es familiar, o al momento de dormirse, o cuando está enfermo.

Todo lo anteriormente descrito es normal y suele persistir hasta el cuarto o quinto año de edad. En la mayoría de los casos desaparece en forma progresiva y espontánea en la medida en que el desarrollo psicológico del niño se lo permite. Es raro, pero posible, que la utilización del objeto persista hasta edades más avanzadas, lo que indicaría procesos de ansiedad y dependencia no resueltos en su momento.

Entre 12 y 24 meses

Este período se caracteriza por una consolidación progresiva de las aptitudes del niño, como el hecho de caminar solo, arrastrar juguetes y subir escaleras aun sin alternar los pies. Se inicia, además, el control de esfínteres.

Juego

La capacidad exploratoria del niño a esta edad es alta y puede ser estimulada mediante prácticas como el juego con bolsas o cajones que contengan objetos en su interior.

A esta edad son objetos adecuados para jugar: las muñecas que se puedan vestir, los carros, las pelotas, los objetos desarmables y las cajas, además del papel para rasgar.

Sueño

Hacia los dieciocho meses de edad, es usual que los niños abandonen las siestas matinales. Los requerimientos de sueño varían mucho de una persona a otra y la mejor prueba de que un niño duerme lo suficiente es que no se vea fatigado o cansado durante el día.

El sueño de los niños a esta edad es con frecuencia agitado sin que ello tenga connotación patológica. También es frecuente la ocurrencia ocasional de pesadillas y terrores nocurnos. La actitud de los padres ante esta situación debe ser la de brindar apoyo y protección mientras el episodio cede espontáneamente. Desde el punto de vista preventivo, es importante evitar que los niños vean espectáculos cargados de violencia en su entorno o en la televisión, que frecuentemente propician la aparición de estos trastornos del sueño.

Rabietas, pataletas o berrinches

Reciben estos nombres lo accesos de ira en los cuales el niño se arroja al suelo, patalea y grita, generalmente desencadenados por una contrariedad, como una orden materna que no es del agrado del niño o el no comprarle el juguete que desea en un supermercado, entre otras.

La edad habitual en que se presentan estos episodios es la comprendida entre los quince meses y los tres años. Coinciden desde el punto de vista del desarrollo psicológico con la época de iniciación de la independencia del niño respecto de sus padres, el desarrollo del yo y la fase de confrontación propia de esta edad. Se ha involucrado también en la génesis de estos episodios los métodos disciplinarios rígidos y a veces incoherentes por parte de los padres, acompañados casi siempre de ansiedad e inseguridad.

En el transcurso de la rabieta, la actitud de los padres debe denotar seguridad y compostura, no discutiendo con el niño ni tratando de forzarlo a que cese de comportarse así: las discusiones y castigos en este momento no servirán de nada. Una vez pasado el episodio, se puede dialogar con el niño de manera serena, pero firme, advirtiéndole que mediante esta forma de actuar no logrará lo que desea.

Entrenamiento esfinteriano

Existe un consenso general en el sentido de que la edad más aconsejable para iniciar en los niños el entrenamiento esfinteriano es hacia los dieciocho meses de edad. Dicho entrenamiento reviste una importancia fundamental en el desarrollo del niño. Para este logro, el niño debe tener la edad adecuada, acorde con el desarrollo del sistema nervioso, de los músculos y los órganos involucrados -la vejiga y el intestino- con sus correspondientes esfínteres.

Es fundamental que los padres tomen de la manera más natural posible la enseñanza de los hábitos higiénicos en el niño; con coherencia, pero sin excesiva insistencia, buscando que los mecanismos de imitación jueguen un papel importante en la adquisición de estas destrezas.

Todo lo aquí descrito confluye en la intención de que el niño pueda llegar a los dos años de edad convertido en una criatura fascinante, a quien debemos acompañar en el cometido de construir cada día las metas de su desarrollo.