El juego es un derecho

El juego es un derecho
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Astrid Elena Galeano
Ludoeducadora
Yamilé Díaz de Correa
Enfermera

Muchas veces se ha escuchado que el juego es la actividad más importante en la niñez y que posibilita el sano desarrollo de todas las dimensiones del ser humano.

Sin embargo, y aunque son muchos los estudios que corroboran dicha afirmación, para algunos acompañantes de la crianza el juego es reconocido solo como entretenimiento y diversión.

En el libro Puericultura el Arte de la crianza se afirma que jugar es la actividad básica del niño, tan importante o más que lo que es el trabajo para el adulto […] Para el niño jugar es una actividad placentera, libre, espontánea, sin un fin determinado…] Pero ¿qué significa entonces para el adulto el juego de los niños y las niñas?

Al responder la pregunta ¿qué significa el juego para el adulto que acompaña a los niños, niñas y adolescentes en la crianza? es necesario mencionar que el significado está determinado por dos aspectos importantes: el primero se refiere a los conocimientos que sobre prácticas de crianza pueda tener el adulto acompañante y el segundo hace alusión al nivel de conciencia que posee dicho adulto y que le permite pasar del saber a la acción.

En otras palabras, tener conocimiento sobre la importancia del juego para la vida infantil no significa solo que se comparta tiempo de juego con los niños, ya que esto requiere, además de saberes, amor, interés y especialmente disposición de tiempo para compartir un rato de alegría con los más pequeños.

Jerome Bruner, psicólogo estadounidense, quien ha efectuado múltiples estudios sobre el juego en las universidades de Duke y de Harvard, resalta la utilización del juego en diferentes espacios de la vida social, en los que este facilita alta tolerancia al error y la creación de “escenarios” donde lo imposible se hace momentáneamente realizable.

En la posmodernidad, Francesco Tonucci, habida cuenta de que en la primera infancia ocurren los aspectos más decisivos del desarrollo humano sobre los que deberá construirse todo el conocimiento posterior, le atribuye todo el mérito de esta realidad al juego, mediante el cual niños y niñas afrontan por si solos la complejidad del mundo.

Este modo de ver las cosas ha llevado a este autor a la concepción de la niñez como protagonista de la real posibilidad de cambio social, lo cual es el verdadero enfoque del derecho a la participación consagrado en la Convención sobre los derechos del niño, concepción que constituye toda una revolución del proceso enseñanza-aprendizaje y que ha plasmado en sus libros La ciudad de los niños (1991) y Cuando los niños dicen ¡basta! (2005).

A qué juegan según la edad

La elección que se hace en la niñez de un juego (actividad) y un juguete (objeto) está determinada por el nivel de desarrollo y por el medio sociocultural en que se ha vivido; de ahí que las preferencias sean diferentes para cada niño o niña. El crecimiento y desarrollo durante el primer año de vida es muy acelerado, por lo tanto los juguetes u objetos que puedan ser útiles para el juego varían a medida que se avanza en el desarrollo.

  • Los recién nacidos disfrutan con la repetición de conductas reflejas ante estímulos sensitivos en busca de contacto personal, como la succión del seno materno, la prensión manual de objetos de textura agradable, el rostro de su madre, sonidos agradables, y las caricias que les brindan los demás.
  • Durante los primeros seis meses a niños y niñas les gusta jugar con sonajeros y hacer ruido con ellos. Su cuerpo ocupa mucha de su atención, por lo que juegan con sus manos y pies, que suelen llevarse a la boca. Emiten y repiten sonidos, y ríen a carcajadas ante estímulos agradables. La cercanía de papá, mamá y hermanos para estimular diferentes respuestas les facilitan el vínculo afectivo primario, base para la formación de su personalidad.
  • De siete a 12 meses manipulan varios objetos, especialmente pequeños, buscan objetos escondidos, los tiran y observan donde caen; si se les recogen los tiran nuevamente, imitan sonidos y gestos y se desplazan para seguir los juguetes en movimiento.
  • Durante el período de 13 a 24 meses las actividades que favorecen su motricidad gruesa y fina empiezan a ser muy atractivas: correr; abrir y cerrar puertas; esculcar cajones; trepar gateando por las escaleras; observar dibujos y pasar hojas de libros; señalar las partes de su cuerpo y los objetos conocidos. Con el juego, en esta etapa se favorece la construcción de la autoestima y la autonomía, así como adquirir mayor seguridad y desarrollar su creatividad.
  • De dos a tres años de edad hay notorios avances en la capacidad de movimiento, por lo que les encantan actividades como correr, saltar y usar aparatos que se muevan. Es época de gran manipulación de objetos como cajas, tarros, frascos, lápices, crayolas y libros, así como agua y arena.
  • De tres a cuatro años de edad se coordinan mejor los movimientos de las manos y se tiene un gran ejercicio de la memoria. Se acentúa la gran actividad motriz y se empieza a jugar con otros niños, con el comienzo del uso de reglas, por lo que se prefieren los juegos de roles, las rondas, las canciones, los coqueteos y se juega con los genitales propios. El juego en esta edad contribuye al desarrollo de la iniciativa y la creatividad.
  • De cuatro a cinco años se van perfeccionando los logros de edades anteriores; hace aparición el gusto por la música y suele haber gran disposición a disfrutar los colores y las formas. Es la época de preferencia por un amigo específico.
  • De cinco a seis años hay gran disfrute al compartir juegos con otros niños y se van incorporando normas de convivencia social. Hay gran encanto en armar y desarmar objetos y jugar con carros, pelotas lazos y aros. Dada la gran destreza motriz adquirida, es claro el interés por bailar y por jugar con obstáculos y por juegos que requieren esta destreza, como los videojuegos.
  • De seis a siete años se manejan objetos y aparatos con mayor pericia y se tiene mayor soltura para escribir y mayor independencia, por lo que hay mayor racionalidad en las preguntas y mayor ingeniosidad y creatividad en sus acciones.
    Hay gran afición a los trabajos manuales con uso de herramientas y videojuegos. Se prefieren los juegos colectivos pero al mismo tiempo hay interés por juegos individuales imaginativos y creativos, para ir delimitando lentamente lo tangible y lo posible, hasta llegar a la noción de finalidad.
  • De siete a ocho años se compite con los demás y hay gran uso de pantallas, como televisión y videojuegos. Los juegos les permiten a los escolares mayor introspección e integración con su familia y grupo de amigos al mismo tiempo que desarrollan su sentido ético.
  • De ocho a nueve años los niños y niñas se separan en sus juegos. Ambos sienten gran admiración por sus padres, pero las personas más significativas son sus compañeros.
    Los niños prefieren juegos con una gran actividad motriz como los deportes en grupo y las niñas prefieren los juegos en los que haya dramatizaciones y muñecas.
  • De nueve a 10 años se está en una edad intermedia, donde ya no es un niño ni un adolescente. Se adquiere mayor dominio de sí mismo, con la automotivación como la característica principal y se tiene gran iniciativa, teniendo usualmente un grupo de amigas o amigos del mismo género. En esta edad les gustan los deportes la televisión, los videojuegos, la lectura.
  • De 10 a 11 años el preadolescente quiere más a su barra de amigos que a su familia. Acepta y le interesan las ideas, la planificación, la justicia, y el bienestar social. Es realista y autocrítico, con gran lealtad al grupo. Sus favoritos son los deportes y las pantallas de todo tipo.

Función de los adultos acompañantes

Como se ha planteado, el juego es el motor del desarrollo de los niños, niñas y adolescentes, por lo que hay que reconocerlo no solo como una necesidad fundamental, sino como un derecho que se debe respetar, lo cual permitirá a los adultos acompañantes de la crianza considerar el juego como una actividad de gran importancia e indispensable para el sano desarrollo y no como pérdida de tiempo.

Además, en el juego el adulto acompañante tiene la oportunidad de relacionarse afectivamente con el niño y en esa medida favorecer el fortalecimiento de su vínculo afectivo y sus relaciones familiares.

Por lo expuesto, es necesario que la sociedad toda tome conciencia y adquiera el compromiso ético de hacer un acompañamiento en la crianza en el que se garantice el juego como derecho para que pueda tener su función fundamental y en el que se proscriban las prácticas que lo entorpezcan, malinterpreten o distorsionen, pues estas prácticas son maltratadoras, dado que obstaculizan el desarrollo.

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