El juego en la crianza

Es muy diferente lo que significa el juego para el niño, y lo que significa dicha práctica para el adulto acompañante; mientras para el niño es lo máximo y no requiere de mayores explicaciones respecto al disfrute que siente cuando juega, para el adulto puede ser un medio para el aprendizaje o, por el contrario, la manera de imponer acciones adultocéntricas que podrían coartar al niño en su sano proceso de crecimiento y desarrollo.

El significado del juego infantil para los adultos acompañantes está determinado por los conocimientos sobre prácticas de crianza, y por el nivel de conciencia que posean estos adultos para establecer relaciones armónicas en el acompañante.  Es decir que para hacer un acompañamiento afectivo e inteligente no basta con comprender que el juego es fundamental para el niño, sino que se requieren actitudes que faciliten el disfrute de las prácticas de juego generadas entre niños y adultos.

Al respecto, se tipifican básicamente tres tipos de adultos: adultos con conocimiento y desinterés, adultos sin conocimientos e indiferentes y adultos con conocimiento e interés consciente.

El primer tipo de adulto se refiere a los acompañantes que, aunque saben que el juego es fundamental en el proceso de desarrollo del niño, tienen poco interés y poco tiempo para compartir o acompañar sus juegos infantiles. El segundo, hace alusión al adulto que desconoce los beneficios del juego para la niñez y limita su práctica espontánea con castigos, actividades domésticas o laborales. El tercer tipo, se refiere a los adultos que saben y son conscientes de que el juego posee un valor incalculable en el desarrollo infantil y además, comparten tiempo de juego tanto con los niños como con las niñas.

Compartir juegos con los niños durante su proceso de crianza es la oportunidad de fortalecer los vínculos, de acercarse desde las prácticas cotidianas de juego para que el adulto pueda asumir otros roles y así acompañar con amor.  Cada juego en familia es la posibilidad de abrazar a un niño desde el corazón y de generar felicidad para favorecer emociones positivas entre niños y adultos acompañantes.

Humberto Ramírez Gómez
Pediatra puericultor