El juego desde el nacimiento

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El primer juego de los seres humanos es el reconocimiento entre la madre y el hijo, constituido por el acto de amamantar; en el que se establece una sinfonía de miradas y de comunicación: la mano coqueta y juguetona del hijo que aprieta y suelta el seno, lo vuelve a coger, mira a su madre y sonríe…

Todos aquellos vínculos que aparecen dentro de la connotación de la relación afectiva madre-hijo, van mucho más allá de las inmensas bondades nutricionales de la leche materna, y tienen que ver con la lúdica desde etapas muy tempranas.  Es así como se forma la relación vincular que va a acompañar toda la vida a la madre  y a sus hijos, hasta el punto, en el caso de la madre, descrito por el sabio aforismo: “nadie hace por un sueldo lo que una madre hace gratis”.

 El descubrimiento de su propio cuerpo para el niño es un juego; primero lo hace con sus manos, empieza a jugar con ellas, es un descubrimiento inmenso para él saber que puede pasar las manos por sus ojos, que puede moverlas y que cuando está cansado se las chupa y descansa; esta connotación de estimulación autoinflingida es fundamental y se aprecia en niños de cuatro a cinco meses de edad que no solo succionan sus manos, sino el dedo gordo del pie y todo lo que esté a su alcance en el contexto de la fase oral del desarrollo, en la que la boca es un elemento determinante para el conocimiento del niño, pues mediante su utilización va a saber qué es frío, qué es caliente, qué es blando o qué es duro.

 A medida que los niños y niñas avanzan en edad hasta los dos años aparecen muchas cosas importantes relacionadas con el juego:

  • La risa con sentido social, que se presenta usualmente a partir del tercer mes y que aparece como una acción reverberante en lo afectivo, donde se inician una serie de comunicaciones y comuniones afectivas muy determinantes, que enriquecen inmensamente esta relación.
  • Uso del sonajero, que aparece como componente lúdico de utilización universal y que además es una tradición milenaria.
  • Tapar y destapar, que es una acción muy frecuente en un niño  de 12 o 14 meses; qué niño no ha desocupado la cartera de su mamá al año y medio de edad  dentro de esa obsesión por tapar y destapar
  • Arrastrar juguetes ya sean elaborados o simplemente una caja de cartón

Todo lo anterior debe convencernos cada vez más de que el juego es el motor del desarrollo infantil, así como la buena nutrición lo es para el crecimiento y que, definitivamente, para los niños “jugar es vivir y no jugar es morir”.

Juan Fernando Gómez Ramírez

Pediatra puericultor 

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